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El reloj no había marcado las 3 de la mañana cuando Isabela se tuvo que levantar e ir corriendo hacia el baño. Su estómago se revolvía de forma dolorosa y apenas llegó al inodoro antes de devolver todo lo que había en su estómago. Su mundo comenzó a revolverse con cada arcada y contracción de su abdomen. Dios, era realmente doloroso.

En medio de todo aquello escuchó como la puerta del cuarto de Allen se abría y ella empujo con su pie la puerta del pequeño baño para cerrarla. No quería que la viera en esas condiciones. Solo lo preocuparía más.

No faltó muchos segundos antes de que Allen estuviera tocando con voz angustiada del otro lado.

-Bela ábreme, Bela, Bela-

Pero ella no lo hizo. Apenas levantó la cabeza para decir con una voz quebrada.

-Vuelve a dormir, esto pasará pronto. Ya sabíamos que pas

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