AntonellaHa transcurrido tres semanas desde el incidente en Hawái. Ese mismo día que llegó Damián allá, me trajo de vuelta a casa. Por primera vez no opuse resistencia. Quería salir de ese lugar y estar en casa. Mis padres aún no saben lo que pasó, y mis hermanos menos. Si se llagasen a enterar, lo culparán a él.Daniela volvió a su hogar y la madre de Damián llegó ayer de sorpresa.Ahora me encuentro en mi cama acostada. Damián está frente a mí, completamente desnudo. Mis ojos no pierden detalles de ese escultural cuerpo. Me deleito con la vista que me ofrece. Admiro sus cuadros bien marcados, sus pectorales firmes y su… su gran cosa bien armada, apuntando en mi dirección. Las mejillas me arden de vergüenza y mis ojos se mantienen bien abiertos. Aunque me da un poco de pena, no puedo evitar morder mi labio tras sentir el deseo que crece dentro de mí por él. Damián sonríe con picardía y sube sobre mí. Acaricio su pecho con delicadeza y absoluta admiración. Recorro todo su abdomen si
Damián Ambos estamos en la dichosa reunión, esperando por la persona con quien vamos a negociar. Al parecer, ellos están interesados en que sea socio de la empresa. Cualquiera desearía tenerme como socio de algún negocio. Digamos que mi popularidad y mi manera tan excelente de trabajar hacen que cualquiera me quiera tener como aliado que como enemigo.—Están tardando demasiado —me quejo.—Ya cálmate, han pasado dos minutos. —Trino entorna la mirada.—Exactamente, dos minutos que para mí son eternos. Sabes que no me gusta la impuntualidad. Solo yo lo puedo hacer, pero otro no.Abre la boca y la vuelve a cerrar de inmediato.—Qué descaro el de la gente. —Se quita de mi lado para ir a pedir un trago.—¿Me estás esquivando?Asiente.—Sí, me das vergüenza. Por todo peleas. Pareces un viejo amargado. —Me hace entrega de mi trago.—No te quito la cabeza porque eres mi amigo, por desgracia, pero lo eres. —Bebo.—Ten paciencia. Envejecerás rápido. Ya tienes incluso hasta canas de tanta amarg
AntonellaEs domingo y aún estamos aquí en Nueva York. Damián permanece dormido. Sé que no se despertará aún, así que iré a trotar mientras él descansa un poco más. Cambio mi vestimenta por ropa adecuada, coloco los audífonos en mis oídos y saco efectivo de su cartera para comprar agua.Estoy dando vuelta en un parque. Cuando ya me siento muy cansada, me detengo, me doblo un poco y toco mi pecho. Mi corazón está acelerado y mi garganta, seca. Observo un restaurante y camino hasta allá para comprarme mi agua, pero me detienen del brazo, haciéndome sobresaltar.—¡Por dios, Nicolás! —Mi corazón se ha vuelto a acelerar.—Qué alegría encontrarte aquí, mi hermosa Antonella. —Me contempla con ternura.—Qué sorpresa —es lo único que digo. No quiero que Damián se aparezca y me encuentre con él aquí.—¿Estás sola? —No deja de mirarme.—Vine con Damián, Nico.Él entristece su mirada.—Ya. —Se aleja un poco y mira a todos lados—. ¿Lo quieres?Su pregunta me desconcierta.—¿Qué? —No sé qué contest
AntonellaYa es lunes y me encuentro en la universidad copiando unos deberes que nos dejó la profesora antes de irse. Tuvimos que regresar rápido, ya que a Damián lo solicitaban por aquí. Siempre vive en su trabajo. Odio cuando me dice que tiene una reunión o un almuerzo. Esperaba salir a disfrutar al menos un rato con él y estar a su lado. Desde hace días no dejo de pensar en lo diferente que me siento ahora que me he dado una oportunidad con el señor idiota. Mis sentimientos por ese hombre han cambiado y ya no tengo ese odio de hace tiempo. ¿Será que es posible que terminemos enamorados?—¿Te encuentras bien? —pregunta mi amiga Amelia.—Nada. ¿Dónde está Dalia? —Sigo con mi deber.—Ya viene, está en el baño. Algo le cayó mal. —Se deja caer en la silla que está a mi lado—. ¿Cómo te fue en Nueva York?Suspiro.—Bien, aunque ayer pasó algo extraño.—Me estremezco cuando recuerdo mi encuentro con Nicolás—. Vi a Nicolás allá. Hablaba de un modo diferente. Dijo que iba a quitar a Damián de
DamiánHaberle dicho eso creo que fue un error. No quiero que se vaya. No puedo dejarla ir cuando me costó mucho tenerla conmigo.«¡Carajo, carajo!».Nunca había experimentado este miedo de perder a alguien, excepto a mi madre y mi hermana, hasta ahora que mis manos tiemblan por la simple idea de que ella se aleje de mí en realidad.Si ella se va, mi mundo se viene abajo.«¡Ay, no! ¿Qué carajos estoy diciendo? ¿Desde cuándo me he vuelto tan débil y tan sentimental? En serio comienzo a preocuparme por mí. Bajemos la guardia, Damián. Respira hondo, pausado y sin miedo a nada. Si ella se va, es su asunto, será quien se lo pierda. Sino es así, excelente, continuamos y ya».No debe por qué afectarme tanto que una mujer se largue de mi vida. A fin de cuentas, hasta sería lo mejor, ¿o no?Dejo de mirar el rostro de Antonella, que aún continúa impactada por mi decisión, aunque me encuentro en las mismas circunstancias que ella.—¿De verdad me estás proponiendo eso?Respiro profundo y asiento.
DamiánSalgo de la empresa y les hago señas a Marcos y a Julián de que nos vamos. Ellos llaman a Xandro, Luis y Cesar, indicándoles que es hora de movernos. La seguridad para mí es importante cuando ya en cinco oportunidades he sufrido atentados de secuestro.—Llévame a la dirección que te pedí esta mañana que investigaras.Marcos asiente y salimos rumbo a la casa de Nicolás.Cuando llegamos, me anuncio en el portón. Aquel se abre y nos deja entrar en la amplia mansión de sus padres. Una vez que se estacionan, bajo del auto y miro en la puerta, al idiota aquel con esa sonrisa de burla que pronto borraré.—Voy a acabar con tu vida—susurro.—¡¿Qué haces aquí?!Muy valiente el hombrecito para gritarme. No sabe lo que ha hecho.Le doy un puño en su rostro, y él cae al suelo. Me agacho y lo sujeto de la camisa para alzarlo un poco y vuelvo a golpear su rostro una y otra vez, hasta que Xandro y los demás intervienen, incluyendo los que cuidan de la mansión.—¡No te quiero cerca de mi mujer!
DamiánVuelvo a tomar sus labios. Meto mi lengua en su boca, con calma la saboreo y juego con la ella. El ritmo que ambas llevan es de una danza suave. Quiero complacerla en todo lo que pida. Jamás he sido suave a la hora de estar con una mujer, pero por Antonella soy capaz de todo. Por ella aprendo a hacer el amor, aunque para mí, sexo y hacer el amor es lo mismo.Salgo del baño con ella en brazos y aún pegado a sus labios.Tengo tanto miedo a lastimarla, a ser una bestia de la cual ella luego termine temiendo.Mi ropa está empapada de agua. La dejo en la cama y así mismo como estoy subo a ella. No quiero desprenderme de su cuerpo. Es tan cálido, suave, delicado, pequeño y frágil que me envicia.—Damián —se separa un poco de mis labios, pero yo no quiero—, espera.Me detengo y la observo.«Nena, no me digas que no, por favor».—¿Serás delicado?¡¿Cuántas veces debo decirle que sí?!Sus nervios harán que mis pelotas entren en un colapso y estallen.—Sí, no voy a lastimarte.Ella suelt
Antonella—An…—Dijiste que te cuidarías. ¡Oh, por Dios, me va a dar algo!Me va a dar un ataque al corazón. Sabía que no debía confiar en él, ahora mira lo que ha pasado.Salgo corriendo para el baño porque obvio debo asearme muy bien.—Lo siento, princesa. —Entra Damián conmigo en la ducha—. Ahora mismo mandaré a comprar las pastillas de emergencia por si acaso, aunque no creo que quedes embarazada, ya que no estás ovulando. —Posa un cálido beso en mis labios.—Lo sé, pero igual las tomaré. No quiero bebés, Damián —Lo señalo.—¿Por qué no? ¿Te imaginas un pequeño Lancaster aquí en casa?¿Desde cuándo le interesa un pequeño Lancaster en la casa? ¡Nunca le han gustado los niños!—No, no me imagino, así que borra esa idea de tu cerebro. —Entrecierro sus ojos.Ni piense él que voy a tener bebés. Aunque debe ser hermoso y algo divertido, verlo convertido en padre.«¿Qué te pasa, Antonella? Ya cállate».—Como tú digas. Mañana iremos al médico a ponerte en control. —Me toma de la cintura p