¿Cuáles serán las nuevas condiciones de Connor? Sus comentarios son de mucha ayuda para mí. Gracias por seguir la historia. Pueden encontrarme en las redes como Flor M. Urdaneta Te recomiendo lee Una noche con el millonario, El hijo que espera es mío, a solas contigo, el peligro de amarte...
Apenas Kate se da cuenta de que la llamada ha terminado, me interroga sobre la conversación que tuve con Connor y se sorprende mucho cuando le cuento que me mudaré con él esta misma noche. Y esto es solo el comienzo, le dije que aceptaría todo y no sé qué planes tiene él para mí. Puede pedirme lo que quiera y a todo debo decirle sí, así no me guste. Pero no me importa si tengo que convertirme en la esclava de Connor si ese dinero le salva la vida a mi padre. Le envío un mensaje a mi madre pidiéndole su número de cuenta bancaria y el monto de la operación y se lo reenvío a Connor en cuanto me responde. Diez minutos después, Connor me avisa que ya lo ha transferido y enseguida le informo a mamá. Un par de horas más tarde, mamá me dice que la cirugía fue programada para primera hora de la mañana, que papá se encuentra estable, aunque está muy nervioso porque nunca lo han operado. Le pido que me mantenga al pendiente de todo y me despido de ella cuando siento que no puedo aguantar más la
Capítulo 10Nerviosa, entro a la habitación donde me espera Connor con expresión seria. ¿Por qué está tan de malas? No me atrevo a preguntarle porque no quiero que se enoje más. Ojalá se le pase pronto el malhumor porque está insoportable.—Encontrarás todo lo que necesites en el vestidor, cámbiate por algo más… adecuado —dice mirándome de arriba abajo con desaprobación—. Es la puerta de la izquierda, tienes diez minutos.—Sí, señor —pronuncio con ironía, Connor Brooks saca lo peor de mí.—Lo dejaré pasar esta vez porque aún no conoces mis reglas, pero no toleraré ese tipo de comportamiento —advierte autoritario, haciéndome enfurecer.¿Qué hará si no cumplo sus reglas? ¿me castigará?¡Lo odio, lo odio, lo odio! Sin decir nada, entro al vestidor y cierro la puerta con seguro para cambiarme por algo que complazca al señor arrogante. No sé que carajos le pasa, actúa como un hombre completamente distinto, uno que cada vez aborrezco más.Comienzo a revisar el closet y veo prendas nuevas q
Fue muy difícil quedarme dormida junto a Connor sabiendo que estaba casi desnudo y siendo muy consciente de lo atractivo que es. Entiéndanme, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve con un hombre y él tiene la sorprendente habilidad de alterarme las hormonas con la misma facilidad que consigue enojarme. Apenas abro los ojos, noto que él no está en la cama. Me rendí tanto que no me di cuenta en qué momento se levantó. El reloj sobre la mesita de noche marca las nueve de la mañana. ¡Es tardísimo! Él dijo que saldríamos temprano, a menos que haya cancelado el viaje. Me levanto de la cama y corro al baño urgida por hacer pis, no me paré en toda la noche y estoy que estallo. —Lo siento, lo siento —grito cubriéndome los ojos cuando veo a Connor saliendo de la ducha desnudo en toda su gloria. ¡Y vaya tamaño! Esa será una imagen que no olvidaré.Abandono el baño, muerta de la vergüenza y Connor sale un minuto después con una toalla colgando en sus caderas y el cuerpo rociado
¡Ah! Tengo tantas ganas de gritar que apenas me puedo contener. Connor Brooks es el hombre más exasperante que he conocido. Tal vez por eso tuvo que pagar para que me casara con él, porque ninguna mujer lo soporta. Alcanzo unas tostadas, huevo y dos trozos de beicon y comienzo a comer para complacer al señor actitud. Él suspira hondo y se sirve jugo en un el vaso. Me ofrece un poco y asiento sin mirarlo, sigo disgustada con él, no merece ni que le hable. Sin decir nada, llena el vaso y se sirve el desayuno. No le presto atención a lo que elige porque me importa muy poco si come o no. Cuando terminamos el desayuno, se pone en pie y anuncia que es hora de irnos. Y como he decidido aplicarle la ley del hielo, me levanto de la silla y lo sigo hacia el exterior de la casa, donde nos espera un auto negro que es conducido por el mismo chofer que nos trajo ayer. Connor me abre la puerta, me deslizo en el asiento hasta quedar en la otra puerta. Connor se sube después manteniéndose en el otro
—Tranquila, todo estará bien —susurra Connor acariciándome el cabello con suavidad, demostrando que no es el hombre de hierro que ha estado aparentando todos estos días. —No entiendo por qué no me responde, estoy muy preocupada —pronuncio entre lágrimas. —Haré unas llamadas para intentar obtener información —promete separándose de mí. Y en el momento que se aleja, me doy cuenta de lo mucho que me gustaba que me tuviera cerca. —Gracias, Connor. Él asiente dos veces y sale de la habitación enseguida. Espero que pueda hacer algo, estoy muy angustiada. Mientras espero que vuelva, no dejo de pensar en ese abrazo y en lo que sentí estando junto a él, en el olor de su perfume, en la candidez de su cuerpo, en sus manos sobre mí… Cada vez que tenemos algún tipo de acercamiento, olvido el trato y todas sus reglas y solo pienso en besarlo. Pensé que la parte más difícil de cumplir el trato sería fingir que lo amo, pero creo que lo difícil será evitar enamorarme de él. Pasa casi una hora
Connor ha evitado mirarme desde que subimos al auto, parece tenso, o tal vez siga enojado conmigo por el comentario que hice antes. Pero no pienso disculparme por eso, es más, estoy considerando exigirle un mejor trato. Si él tiene sus reglas, yo debería tener las mías también. —Todas las miradas estarán sobre ti esta noche, solo sígueme la corriente y todo saldrá bien —enuncia Connor rompiendo el silencio cuando el auto se detiene en el sótano del edificio. —Vale —pronuncio consiguiendo que no me falle la voz a pesar de los nervios. ¡Ha llegado la hora de actuar como la prometida enamorada de Connor Brooks! Diosito, ayúdame a no meter la pata. Como siempre, Connor se baja antes y me espera delante de la puerta. Y apenas estoy afuera, entrelaza nuestros dedos y me lleva de su mano hacia el ascensor, que nos espera con las puertas abiertas. Entramos y él presiona el botón de la azotea, son veinte pisos desde aquí. Su suave y cálida mano sigue sujetando la mía durante el ascenso
Un instante después, Connor se detiene como si hubiera recordado que no estamos solos, que hay personas mirándonos. Lo escucho mascullar una frase que no alcanzo a entender al mismo tiempo que entrelaza nuestros dedos y me lleva de la mano hacia el pasillo que conduce a las habitaciones. Abre la segunda puerta a la derecha y, luego de hacernos entrar, cierra con seguro para después empujarme contra la pared y besarme con pasión, introduciendo su lengua en mi boca con avidez y desenfreno. Y yo le correspondo sin reservas, dejándome llevar por el deseo que me recorre como fuego. Me estoy haciendo adicta a su boca y a sus besos, cada segundo, quiero más y más. Soy como un barco a la deriva, él es el viento que me lleva a donde se le antoja. Mi corazón se paraliza en el momento que me levanta la falda con la mano derecha y me acaricia por encima de la ropa interior con su dedo pulgar, justo donde soy más sensible. —Pídeme que me detenga si es lo que quieres, Olivia. Dime que pare y será
Capítulo 16Un par de minutos después, un médico entra a la habitación presentándose como David Stuart, me examina mientras me hace una serie de preguntas relacionadas a mi salud. Al terminar, me da algunas recomendaciones y me dice que estoy de alta, que una enfermera vendrá pronto para retirarme la vía. Pronuncio una palabra de agradecimiento y veo a Connor en el pasillo cuando el médico abre la puerta. ¿No piensa entrar? No pasa mucho antes de que una enfermera venga y me retire la vía. Me indica dónde está mi ropa y paso al baño a cambiarme. Cuando salgo, a Connor de pie junto a la puerta, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y la vista al suelo. Con el sonido de mis tacones, Connor alza sus ojos hacia mí y su mirada me recorre con lentitud hasta encontrar mis ojos. Mi corazón enloquece dentro de mi pecho y el deseo de besarlo se convierte en necesidad. —¿Estás lista? —me pregunta con el ceño fruncido. —Sí, aunque no sé dónde está mi cartera. —En el auto. Vamos. —