En Milán, en la casa de Massimo Coppola había fiesta. Los Coppola se reunían por un motivo especial, recibían a Michael, después de 5 años solo, regresaba con ellos. Michael fingía no haberse dado cuenta como las empleadas domésticas de la casa corrían como gallinas sin cabeza cuando él llegó, gritando en italiano que no estaban listos aún. Así que cuando entró a la casa y Rebeka gritó sorpresa y la pequeña Daphne sopló un silbato, fingió sorprenderse. Alessandro se acercó y le dio un abrazo, con una sonora palmada en la espalda. —Hermano, te ves igual que antes, creo que más musculoso aun. Michael sonrió de lado, era cierto que había recuperado la masa muscular perdida, quizás estaba más grande, pero él jamás estaría igual que antes. —No tenía mucho que hacer, tanto tiempo sin estar en línea, sin hacer nada manual, solo podía hacer pesas. Michael por cinco años viajó por el mundo, buscando un remedio para recuperar la vista por completo. No se conformó con
Michael entró al estudio de Halcón, ya pasaba la medianoche y las mujeres se habían retirado con sus hijos, Alessandro se había retirado a su apartamento de la ciudad, aunque entre Michael y él no hubo enfrentamiento, Alessandro prefirió darle espacio. Michael le dio un abrazo a Diego, el que no le dio frente al resto, y es porque no quería soltarse a llorar. Ahora lo hacía. Diego lo sostuvo en silencio, aunque fuera más bajo que él. Michael se sintió de nuevo el niño adolorido que después de recibir una paliza Diego salvó, en aquel entonces él era un niño y Diego un adolescente. —Ya estás en casa hermano —dijo Diego con seguridad. Michael sonrió, solo Diego que también creció como huérfano podría entender el significado de esas palabras, ser aceptado como un Coppola era algo invaluable para él. —Ahora hasta llevamos el mismo apellido. —Siempre fuimos hermanos —respondió Diego con naturalidad. Cuando se conocieron Diego vivía en un gimnasio de artes marciales
Poco más de un mes pasó y Victoria se mantenía enfocada en la ubicación de las 50 mujeres en Italia, ya habían llegado y concentrada en ellas pasaba el día. Stefan continuaba de mal humor y no le daba explicaciones. Victoria trató varias veces de que compartiera con ella sus preocupaciones, pero él se iba sobre ella y le hacía el amor como si necesitara el sexo para drenar mucha furia. Ella lo había permitido, pero estaba preocupada por él. Esta tarde de domingo Victoria decidió quedarse en casa para pasarlo con Stefan y Giancarlo. Ya que pronto se irían a Alemania y Giancarlo estaba furioso por tener que alejarse. Victoria quería limar asperezas entre padre e hijo. Victoria programó la pantalla y encargó palomitas y refrescos. — ¡Los estoy esperando! —Gritó Victoria. Las noticias locales se proyectaron en la pantalla y Victoria se quedó mirando cómo la prensa relataba un evento social. Era un matrimonio de un empresario italiano, chef de los hoteles Larsson q
Victoria logró escapar de sus propios hombres, con los años se había hecho ágil y escurridiza si lo deseaba, de igual manera sus hombres no sospechaban que ella escaparía. Le dejó una nota a Adelina, ella no huía para no regresar, solo lo haría con Stefan. Se dirigió al galpón donde Slashdot hace negocios y no se equivocó, allí estaba el auto de Stefan y sus hombres, al verla levantaron las armas ella los hizo echar atrás. — ¿Sirena? —Preguntó el hombre en la puerta. —Todo está bien, Franco me espera. Victoria entró y vio a un hombre frente a Slashdot, era joven, rubio y con espaldas anchas, este volteó a verla y sus ojos se quedaron mirándola con admiración. —Esta debe ser la Sirena. —Me conoce, pero yo a ti no —contestó Victoria con acento italiano. — ¿Qué demonios haces aquí Sirena? —Preguntó Stefan con voz letal. Victoria se impresionó, Stefan jamás trataba a la Sirena de manera brusca, por lo contrario, la admiraba y daba el puesto de reina. Victoria
Stefan no estaba de acuerdo en que Victoria se quedara en Italia, pero ella usó todas las artimañas posibles para quedarse. Su principal excusa: Giancarlo estaba bien con Adelina protegido. Aunque los padres de Victoria anhelaban verla y ella también quería verlos, Victoria siempre prefería evitar el juicio de su madre, no quería que la viera llegar sin su esposo y comenzara su eterna critica. Si Victoria llegara a Alemania sola con Giancarlo, su madre le daría una larga lista de razones por las cuales no se deben criar niños ajenos. Por otra parte, las mujeres eran demasiadas y Stefan tenía mucho trabajo para encargarse de las 50 chicas. Así que a regañadientes, Stefan le permitió quedarse, pero hasta hoy. Victoria se había podido salir con la suya algunos días, se preparaba para irse hasta Milán donde la esperaban Adelina con Giancarlo para irse a Alemania. Victoria estaba arreglando sus maletas, pensando en cómo haría para librarse esta vez de tener que irse sin
Una cosa es que tu umbral de dolor fuera alto, otra que no dolieran las balas, aun con chaleco antibalas, el golpe era igual de doloroso. Michael se había lanzado por una inclinación en el terreno que lo había salvado, pero al caer se había hecho varias heridas con la vegetación que lo había cortado en varias partes. Diego lo había encontrado, varios de sus hombres no tuvieron suerte y habían muerto. Diego estaba furioso, preocupado y fuera de sí, lo llevaron a la casa Coppola. Massimo esperaba en casa más calmado. —Mickey, ¿estás bien? —Preguntó al verlo llegar. —Estoy bien viejo, solo que la montaña me ralló como si fuera queso. —Le dieron un balazo con arma larga, el chaleco recibió el impacto, pero puede tener daño interno —refutó Diego. —Ya el doctor viene en camino —contestó Massimo Coppola. —Necesito buscar a Joe —dijo Diego refiriéndose a su amigo chef, el malnacido Wilmer Padilla está suelto y quiere su cabeza. —Yo voy —contestó Alessandro—. Esta
«Aire, no puedo respirar» Ese fue el primer pensamiento de Victoria al ser del todo consciente de lo que le pasaba. Estaba atrapada en un auto, en el fondo del mar. Victoria abrió la puerta empujando con todas sus fuerzas para salir de la trampa de metal y nadó hacia arriba en busca de la superficie por el anhelado oxígeno. Exhala una bocanada de aire en sus pulmones y no entiende cómo llegó allí. Apenas puede recordar que antes de salir a la pasarela un hombre la tomó por la espalda. “Hola Victoria, nos vamos de fiesta, perra” —Me secuestró ese desgraciado loco —expresó entre toses. El mar estaba frío y su garganta se quemaba de tanto toser por el efecto de la sal.Entonces siente que alguien la hala con apremio. —Vámonos muñeca, nada por tu vida. Victoria nadó detrás del hombre que la dirigía hacia la orilla. Era de noche y la civilización estaba muy lejos. Estaban en una ensenada, sobre ellos a varios metros estaba la carretera y se escuchaban ve
—Te lo suplico ayúdame a salir de aquí —rogó Victoria muerta de miedo, su visión es muy borrosa y todo le da vueltas, poco a poco va cayendo en cuenta que muy pronto será más difícil. Una vez más le tocará luchar contra la abstinencia. El hombre se echó atrás y Victoria casi se cae. —Luciano te inyectó una buena dosis, aun teniendo ojos oscuros puedo ver como tus pupilas están muy dilatadas. —Yo estaba sobria, no es justo… —Sí, sí… Pobrecita… Quizás por eso no moriste; estás acostumbrada a meter grandes cantidades de porquería a tu cuerpo. —Pero yo me quiero recuperar —rezongó Victoria. —Ya cállate… El hombre la tomó de la mano y la haló fuera de su escondite, Victoria se cayó en la entrada de la cueva. —Espera, déjame quitarme esta sandalia —pidió Victoria tratando de mantenerse estable sin mucho éxito. El hombre se arrodilló y tomó su pantorrilla, ella se sostuvo se sus hombros. Cuando Victoria sintió la boca de él rozando el dorso de su rodilla l