Después de una ducha refrescante, las estilistas comienzan su trabajo. Cuando me miro en el espejo, apenas me reconozco. Me veo… hermosa. No de una forma exagerada, sino con una elegancia sutil que nunca había imaginado en mí.El maquillaje es suave, con tonos marrones que realzan mis ojos y un delineado preciso que los hace más expresivos. Mis labios, pintados en un marrón rojizo, lucen seductores y sofisticados. Mi cabello cae en ondas suaves, recogido de un lado con un pasador blanco, dándole un aire de refinamiento sin esfuerzo.Después de probar varias opciones, las estilistas eligen un vestido blanco, largo hasta el suelo. La falda es ligera, con una abertura en la pierna izquierda que deja entrever los tacones dorados que llevo puestos. El corpiño, con tirantes delgados y un escote en forma de corazón, está decorado con hilos dorados que crean patrones intrincados, como si el oro mismo hubiera sido tejido en la tela.No puedo evitar admirar la transformación. Hay una belleza en
No sé cuánto tiempo hemos estado bailando, pero la música ha cambiado al menos dos veces y mis pies empiezan a doler. Sería vergonzoso admitirlo, pero es la verdad: me perdí en la calidez de sus brazos, en la intensidad de su mirada, y el tiempo dejó de existir por un rato. Cuando finalmente nos separamos y volvemos a la mesa, descubro que los invitados inoportunos ya se han marchado. Respiro aliviada. Me libré —por ahora— de las preguntas incómodas, aunque sé que no podré esquivarlas para siempre. Tarde o temprano, alguien más volverá a hacerlas, así que será mejor que Damon y yo nos pongamos de acuerdo en una historia coherente para evitar errores. —¿Quieres algo de beber? —pregunta Damon, notando mi expresión agotada. —Sí, por favor. Algo frío y con poco alcohol —respondo. Asiente y se aleja, perdiéndose entre la multitud. Mientras espero, observo a las parejas que siguen bailando con elegancia y sin prisas. Parecen ajenos al mundo real, como si aquí no existieran preocupacion
Ray es otro. No sé cómo explicarlo, pero hay algo en su mirada que me eriza la piel. Su rostro está marcado por heridas recientes, algunas apenas cicatrizando, otras aún moradas. Pero lo que más me inquieta no son los golpes, sino el fuego dorado en sus ojos, un odio puro, afilado, que nunca antes había visto en él.—Hola, Anel —su voz es un gruñido tenso, y cuando se gira para mirarme de frente, siento un escalofrío recorrer mi espalda.—Ray... ¿qué haces aquí? —pregunto con cautela, sin moverme.—He venido por ti —dice, con una sonrisa torcida—. ¿O qué más crees que haría alguien como yo en un sitio como este?Su tono es venenoso, cada palabra rezuma algo oscuro. Sé que debería volver a la fiesta, que no debería estar aquí, pero aún así, me quedo.—¿Qué quieres de mí? —inquiro con dureza—. Espero que, al menos, hayas venido a disculparte.Ray suelta una carcajada áspera, sin rastro de diversión.—¿Disculparme? ¿Por qué tendría que hacerlo?—Porque robaste, Ray. Y nos pusiste a todos
Estoy a nada de ser empujada dentro de la camioneta negra. Lucho con todas mis fuerzas, pero el frío metal de un arma presionada contra mi nuca me obliga a detenerme. Mi corazón late con fuerza, desesperado.Busco a Ray con la mirada, aferrándome a la absurda esperanza de que esto sea un malentendido, de que aún quede algo de humanidad en él. Pero no. Está demasiado ocupado revisando el dinero sucio que acaba de recibir por venderme. Ni siquiera me mira.El aire se me escapa en un suspiro derrotado, como si en él se fuera mi último aliento de vida. Estoy a punto de rendirme cuando el sonido de pasos firmes y coordinados resuena en el callejón. Mis captores también lo notan y se tensan.Levanto la vista, mi respiración entrecortada. Ambos extremos del callejón están bloqueados por hombres vestidos de negro. No necesito más para saber quiénes son. Mis sospechas se confirman cuando Damon Knight aparece por la puerta por la que llegamos.Él avanza con su característico aire de arrogancia,
Ray se ha ido. Solo queda el hombre pelirrojo, el que acompañaba al que ahora yace muerto en un charco de su propia sangre. La escena es sofocante. No sé cómo sentirme rodeada de tantas armas. Me incomodan, pero al mismo tiempo me hacen sentir protegida. Es una sensación extraña, contradictoria.Mis manos se aferran con fuerza a la camisa de Damon. Él me observa un instante con algo parecido a la compasión, pero su expresión se endurece enseguida.—Ya estás a salvo, no tengas miedo —dice.Niego con la cabeza.—No es miedo. Solo... no me gusta esto. —Mi voz es apenas un susurro—. La sangre, la violencia, las armas… me resulta insoportable.—Nadie nace preparado para esto. Pero algunos aprenden a vivir con ello… porque no les queda de otra.Su respuesta me golpea como un puño en el estómago. No me reconforta, al contrario, solo hace que la opresión en mi pecho se haga más pesada.Damon aparta la mirada de mí y se dirige al hombre pelirrojo.—¿Para quién trabajas?El hombre sonríe con ar
Cuando el auto se detiene, no me apresuro a bajar. Estoy tan perdida en mis pensamientos que ni siquiera noto que hemos llegado hasta que Damon rodea el vehículo y abre la puerta para mí.Me ofrece su mano, esperando que la tome. Mi mirada va de su palma extendida a su rostro, y por un instante dudo. Pero al final, niego con la cabeza y salgo por mi cuenta, apartándolo suavemente antes de entrar en la mansión.Apenas cruzo la puerta, una de las sirvientas se acerca con una expresión atenta.—¿Desea algo para tomar?Aprovecho la oportunidad.—Un analgésico, por favor.Mi cabeza late con un dolor insoportable. Ella asiente y desaparece por el pasillo mientras yo subo a mi habitación.Me siento frente al tocador, con la intención de quitarme el maquillaje y soltarme el cabello, pero mis manos no se mueven. Solo me quedo ahí, mirando mi reflejo en el espejo.¿Qué es lo que me tiene así? ¿Todo lo que viví esta noche… o la culpa que debería sentir?Damon mató a un hombre. No fue la primera
El primer sorbo de té baja por mi garganta con una calidez reconfortante, el sabor es suave, familiar. Bebo en silencio, disfrutando el momento, pero Killiam sigue aquí, sentado a mi lado. No parece tener prisa por irse, y aunque no lo diga en voz alta, sé que se queda por cortesía, quizás por asegurarse de que estoy bien.—Killiam —llamo su atención y él alza la mirada—. ¿Seguirás siendo mi guardaespaldas?—Sí —asiente con firmeza—. Hasta ahora, no he recibido ninguna orden para dejar de serlo.—Pero después de lo que pasó esta noche… —suspiro, sintiendo de nuevo la tensión en mis hombros—. Es peligroso para ti. Podrían intentarlo de nuevo.—Para eso estoy yo, para evitarlo —dice con seguridad, como si no fuera gran cosa. Quiero confiar en que será suficiente, pero… ¿bastará un solo hombre para protegerme?—¿No tienes miedo de morir si algo sale mal? —pregunto, queriendo escuchar su sinceridad. No quiero que nadie arriesgue su vida por mí.—Si tuviera miedo de morir, no habría elegid
Después de un rato más en la cocina, tratando de recuperar la compostura, regreso a mi habitación. A pesar de todo, el sueño no tarda en atraparme. Tal vez sea el efecto del té, o quizás simplemente mi cuerpo ya no aguanta más el cansancio. Pero lo que parecía ser una noche tranquila se convierte en otra cosa cuando mi subconsciente decide jugarme una mala pasada.Sueño con él.No cualquier sueño, no. Uno demasiado vívido, demasiado real, demasiado… intenso. Me despierto de golpe, con la piel ardiendo y la respiración entrecortada.No puede ser. Ahora ni siquiera en mis sueños tengo paz. Como si ya no fuera suficiente lidiar con Damon en la vida real, ahora también invade mi mente mientras duermo. Esto es demasiado.Me giro en la cama y miro el reloj. Pasan de las nueve de la mañana. Para estas horas, Damon ya debe estar en la empresa, lo que significa que tengo el día entero para mí. Tal vez un poco de soledad me ayude a aclarar mi cabeza.Me levanto y voy directo a la ducha. El agua