✧✧✧ Más tarde esa noche. ✧✧✧ Franklin se encontraba en su habitación, la luz suave de la lámpara iluminaba su rostro mientras se abotonaba la camisa de manga larga blanca. Cada botón que cerraba parecía ser un intento de recuperar el control sobre algo que se le escapaba. Sentado en el borde de la cama, respirando profundamente, intentando calmar los nervios que lo invadían. —Jack, ven aquí —dijo, con un tono que no admitía discusión. Jack, su asistente, se acercó inmediatamente. —Toma unas tijeras del cajón y corta el maldito vendaje de mi pierna. Ese hombre rubio de aspecto serio, siempre dispuesto a seguir las órdenes del CEO, a veces dudaba de la dirección que tomaban las decisiones de su jefe. —No debería quitarse el vendaje aún, señor Robinson —dijo Jack con preocupación—. Solo han pasado tres días desde la operación. Los médicos dijeron que es mejor esperar hasta el quinto día. Franklin lo miró con una mezcla de frustración y determinación. —Hazlo, Jack. No voy
Sus ojos azules exploraban la habitación matrimonial. Esa noche parecía tranquila, pero un torbellino de emociones llenaba su corazón. Emily se levantó de la cama. No podía hacer como si nada estuviera pasando. Lo intentó. Intentó relajarse, tomó un baño de agua tibia, se puso su pijama y se acostó a dormir... Pero la cama se sentía más amplia y fría que nunca. Era su mente, lo sabía. "El amor es un sentimiento hermoso... cuando se es correspondido..." Pensó Emily mientras se dirigía al guardarropa. Tomó algo rápidamente: un vestido elegante y recatado. Se puso sus zapatos de tacón bajo, tomó su bolso y se dirigió a la planta baja. Al bajar las escaleras, vio al mayordomo caminando por el pasillo. —¡Patrick! —lo llamó. —Señora Robinson. ¿No se siente bien? —Yo... Saldré. El mayordomo se quedó pensativo. —Señora, tiene prohibido salir de la mansión sin el permiso del señor Robinson. —Iré donde mi madre. Ella me acaba de llamar, está muy grave. Haz que alguien
Sus ojos azul claro brillaban con nerviosismo mientras observaban el elegante salón, donde la luz tenue de los candelabros realzaba la belleza de la decoración que ella misma había creado con tanto esmero. Emily había decidido viajar a Miami, a la casa de verano de su esposo, con la intención de sorprenderlo con una noticia que la llenaba de ilusión. Con manos temblorosas, colocó las rosas en el jarrón del centro de la mesa, retrocediendo unos pasos para admirar su obra. El delicioso aroma de la cena que había preparado se filtraba desde la cocina, pero antes de dirigirse a traer los platillos, un sonido inesperado la hizo detenerse en seco. La puerta principal sonó al abrirse. "¡Es él! ¿Tan pronto ha regresado de su reunión...?" Pensó ella, con su corazón latiendo desenfrenadamente. Con la cajita rectangular bellamente decorada en la mano, Emily apagó las luces y se ocultó, deseando captar su sorpresa. Pof~ Un estruendo resonó en el aire, como si algo pesado hub
—Tú nunca me has amado. Firma los malditos documentos —le dijo él, su gélida mirada como dagas afiladas, atravesando su alma. En ese momento, Abril se acercó hacia ellos, con una sonrisa sarcástica. —¡Házlo, perra! ¡Que sea rápido! —le exigió Abril Sinclar, prima paterna de Emily—. ¡Acabas de agredirme con un jarrón! ¿Quieres que mi padre lo sepa? Recuerda que el tío Alphonse está hasta el cuello de deudas por el hotel, y si no fuera por los préstamos de mi familia, la tuya estaría viviendo en la calle. Rápidamente, entre ira, decepción y dolor… Emily firmó, sin siquiera leer los documentos, sintiendo que su vida se desmoronaba en un instante. ………. ✧✧✧ 15 días más tarde. ✧✧✧ El camión de la mudanza se detuvo, y los hombres comenzaron a descargar las pertenencias de Emily, quien había sido echada de la mansión del CEO Gerald Phillips. Apenas ella ingresó, su madre, doña Ava Sinclair, la estaba esperando junto al abogado de la familia, con una expresión de desesp
—Lo sé. Tal acto me daría una mala reputación, es por eso que les permitiré vivir en la mansión, pero absolutamente todos los gastos correrán a cuenta de ustedes. Si la mansión se deteriora, por no pagar las cuentas. Las echaré —advirtió don Erik Sinclair, fríamente. —¡No te preocupes!, Emily y yo nos ocuparemos de todo. Gracias por tu generosidad, cuñado —se vio obligada a sonreír cabizbaja, doña Ava. …………. Mientras eso sucedía. En el estacionamiento de la mansión de los Sinclair. —¿Era necesario que viniera, señor Robinson?, su agenda es muy ocupada —le preguntó el asistente, Jack Smith, a su jefe, mientras abría la puerta del lujoso automóvil oscuro para que ese CEO, baje. La alta figura imponente de ese hombre de cabellera negra rizada se mostró, sus afilados ojos grises destilaban una frialdad que parecían un reflejo de la misma tarde nublada. Su ancha espalda, aún con el elegante traje oscuro y la gabardina, mostraban un esmerado cuidado físico. Jack de inmedi
Las palabras de su madre fueron como un golpe traicionero a esa joven de 22 años. Se había casado con el poderoso CEO Gerald Phillips, atada a un matrimonio desde los 19, y durante el último año y medio había luchado por concebir. Siempre lo mismo de parte de los médicos: "sigue este tratamiento" o "cambiaremos a este otro tratamiento". Le había costado más de un año de sufrimiento quedarse embarazada y aunque solo tenía un mes y medio… ¡Anhelaba ser madre con toda su alma! —¿Cómo puedes decirme eso, madre? —susurró Emily, dejando escapar su voz quebradiza. Luego, el coraje brotó como un volcán en erupción— ¡YO QUERÍA SER MAMÁ! ¡ABRIL ME EMPUJÓ! ¡Ella me odia! ¡No exagero! ¡No es mentira! ¡No le voy a agradecer nada! —Ahora estás nuevamente soltera y sin hijos. Podremos buscarte un candidato a marido. Eres joven, podrás embarazarte de nuevo —respondió doña Ava con frialdad—. Ya no importa quién tuvo la culpa. Gracias a tu tío y su familia, no vamos a vivir en la calle por
✧✧✧ Más tarde, esa noche. ✧✧✧ Emily Sinclair bajó del elegante automóvil negro de su tío, mientras el chófer abría la puerta. El aire fresco de la noche acarició su piel, y el mayordomo, de porte impecable, la condujo hacia la sala de espera. A su alrededor, el mármol brillaba bajo la luz tenue, las paredes luciendo hermosas obras de arte, que la dejaron boquiabierta, ante tales exquisitos trabajos. De inmediato, Emily notó al mayordomo hablando en voz baja con un hombre rubio que, al percatarse de su presencia, se retiró rápidamente. —Por favor, espere un momento —le dijo el mayordomo con un tono cortés pero firme. Emily sintió un escalofrío recorrerla. Algo en el ambiente de esa mansión desconocida, no le gustaba. …..… Mientras tanto, el hombre rubio, tocó la puerta de un salón-bar, en la segunda planta. Una gruesa voz masculina y fría resonó desde dentro, permitiéndole ingresar. Clac~ Al abrir la puerta, ese hombre rubio se encontró con un espectáculo in
Emily, nerviosa y consciente de las miradas de los demás, se acercó al sofá donde él estaba sentado. Quería rechazarlo de inmediato e irse a su hogar, pero la educación y la curiosidad la mantenían en movimiento. Justo cuando se acercaba, uno de los amigos de Franklin, un tipo castaño y arrogante, se interpuso en su camino. Con una sonrisa lasciva, acarició su cabello y, acercándose a su rostro, inhaló la fragancia de su perfume. —Eres una bellísima pelirroja~ —murmuró, su aliento cálido oliendo fuertemente a alcohol. Justo antes de que pudiera continuar, Franklin se levantó, apartando la mano de su amistad, con un manotazo que resonó en la sala. PLAF~ —No la toques —advirtió fríamente ese CEO, con su mirada gris, fulminante—. Ella ahora me pertenece —añadió. El aire se volvió electrizante. Franklin tiró de la muñeca de ella, haciendo que el cuerpo de Emily quedará a nada de distancia del de él. —Ah~ —soltó un gritito ella, ante la sorpresa. —Eres la perfecta