NARRADORALa inspiración fue generalizada en el salón, pero también los rostros de burla, menospreciando al joven Connor.No solo con bravuconería se llegaba al escaño que todos codiciaban, ni siquiera era un Anciano. ¿Cómo se atrevía a reclamar el derecho a sucesión?—Querido cachorro, creo que hablo por todos cuando te digo que aún eres muy joven para aspirar a tanto...—¡No soy ningún cachorro! ¡Mida sus palabras, Anciano en funciones! —Henry desplegó su aura de Alfa poderoso; sin embargo, era obvio que, al chocar contra la de Oliver, sintió el peso del poder.Apretó los dientes y cerró los puños; no demostraría debilidad bajo ningún concepto.Además, aún contaba con su haz bajo la manga, solo que no imaginó que sería la misma, de la que se apoderó Oliver.De hecho, esperaba enfrentarse más bien a su secretario, pero no estaba por ningún lado.—¡Tengo un aporte que puede cambiar las cosas para nuestra raza, hacernos más fuertes, sanar nuestros problemas! —se giró para hablar con el
NARRADORA1 HORA ANTES DEL ENFRENTAMIENTO EN EL CONCILIO.Nathan miraba por los binoculares náuticos hacia la enorme barrera que cercaba el embarcadero del Concilio.Sus manos apretadas con fuerza sobre el plástico.—¡Maldición! —masculló enojado.Se debatía entre llamar a Henry o esperar, pero ya la luz del día lo delataba por completo.Vio incluso a lo lejos unas lanchas de patrullas del Concilio haciendo sus rondas.Cuando ya se disponía a realizar una locura, vio la señal en lo alto de una torre de vigilancia.El corazón de Nathan latió apresurado contra su pecho.Se cercioró de que las luces parpadearan según el código que se inventaron él y Henry.—Dos… una… tres y… ¡una! ¡Eso es! —palmeó con fuerza el timón. ¡El hombre de Henry lo había logrado!—Chicos, bájense en el bote, iré solo —les dijo a los guerreros de su tía y, a pesar de sus protestas, Nathan los despidió.Fuera lo que fuera, no metería a estos hombres inocentes dentro de esa fortaleza.Siempre existía la posibilidad
NARRADORADean se giró con los ojos muy abiertos, las manos le temblaban a pesar de quererse contener.—Se… Señoría, ¿usted? —¡Era Loran en persona, joder!, ¡¡¡Era el Anciano Mayor!!!¡¿QUÉ HACÍA VIVO?!—¿Qué? ¿Sorprendido? —Loran se acercó paso a paso.Todo este tiempo de cuidados y reposo lo habían llevado a filtrar el veneno en su sangre y recuperar su poder.Le debía más de lo que podía pagar a esas dos maravillosas pelirrojas.—Yo, yo no, Señoría, no tuve nada que ver con… —Dean dio un paso hacia atrás, casi al borde del muelle.En su nerviosismo se dio cuenta de que estaba admitiendo que sabía lo que le hicieron a Loran.—Claro que no tuviste que ver, tu cerebro de chorlito no te da para tanto, pero disfrutaste también de mi caída, ¿verdad? —Loran se acercaba más y más, su aura se iba haciendo pesada, asfixiante.Un manto dorado cubría su cuerpo, su lobo estaba por salir, sus caninos alargándose, la ira recorriendo sus poros.—¡NO! ¡Usted sabe que aunque quiera no puedo luchar c
NARRADORA“Loran, no sé qué te dijeron, qué puedes estar pensando, pero yo he hecho todo para buscarte, hermano, ¡me estás malinterpretando!”Oliver bajaba la escalera, ansioso, hablando en la mente del Anciano Mayor.El sudor frío le bajaba por la espalda, empapando su ropa.Esa mirada en los ojos de Loran… la había conocido desde que eran niños.Lo sabía muy bien, estaba acabado.“Ahorra fuerzas y saliva, Oliver, las vas a necesitar.”Loran le respondió observando a todas las personas que bajaban a tropel por los escalones.Sus rostros eran unos poemas.Sabía que más de la mitad de ellos lo odiaban por mantener el poder tantos años e incluso se alegraban de su caída.Ya ajustaría cuentas con cada uno de ellos poco a poco.Esta experiencia le abrió los ojos a muchas serpientes ocultas a su lado.Una lástima que el mayor traidor no haya llegado vivo a sus manos.—¡Anciano Mayor, qué bueno que está bien!—¡Anciano, le recé tanto a la Diosa porque pudiera regresar a casa!—¡Gracias, mis
NARRADORA—Nathan, ¿por qué tienes que ir tú? Tengo miedo —Trinity se aferraba a su camisa.Le habían dado privacidad en una de las salas del Concilio. Scarlett estaba pegada al “abuelito” como un chicle.—Nena, yo mejor que nadie conozco el Alondra, tengo que ir, es también por Scarlett —le dijo abrazándola fuerte contra su pecho.Diosa, se encontraron apenas hace unos momentos y ya se tenían que separar, pero esta travesía significaba mucho para ellos.Nathan tampoco quería dejarla, joder, algo inquietaba demasiado a su lobo. Pensó que quizás era el temor de fallar en esta aventura.—Todos hablan de la cura, la cura… ¿qué es exactamente la cura? —Trinity preguntó susurrando contra su cuello, dándole suaves besos, aspirando su aroma.No quería que Nathan se arriesgara así, se resistía con todo su ser.—Es una planta mágica, como un alga luminosa, eso es lo que está en los registros —le respondió.La verdad, ni siquiera lo tenía muy claro.Solo un hombre lobo logró regresar de la zona
NARRADORALa pelirroja apretó los dientes mientras las oleadas de dolor la hacían ver borroso.¿Qué rayos le había hecho esa mujer?—Cálmate, tranquila, tranquila, ya va a pasar.—¡No! No me toques… — dio un paso atrás, asustada.—Esta vez no va a doler, lo prometo, Trinity, solo te voy a aliviar —Lucía, más que nunca, hubiese querido levantarse de la prisión de su silla.Su magia la estaba consumiendo, tan debilitada, que ya ni podía caminar, aunque los demás pensaban que fue por un accidente grave.Su padre ocultaba a capa y espada su condición de Lupina; sin embargo, la había dejado exponerse frente a esta humana.Así de importante era en la mente del Anciano Mayor.—Eso es, respira profundo, ven, siéntate a mi lado, en el espacio de lectura de la ventana.Esta vez, las sensaciones que le transmitió la mano de la lupina eran diferentes, como un bálsamo sanador.Sin embargo, Lucía la soltó por su cuenta esta vez, tosiendo con fuerza y tapándose la boca con la mano para no despertar
NARRADORALoran comenzó a cerrar la puerta, viendo por última vez la escena tan deplorable.No importaban los pecados de esta mujer, la tortura a la que fue sometida desde que la trajeron al castillo, había sido cruel e implacable.Solo por ser delatada como una Lupina, la abominación de la raza, el “desperfecto”.Él mismo, en el acto, ajustició a los dos soldados que cumplieron las órdenes, llenos de saña y sin nada de misericordia.Sin embargo, sabía muy bien que los verdaderos culpables aún estaban con vida.Loran apretó los puños, lleno de determinación, su mente maquinando todo tipo de actos maquiavélicos que le helarían la sangre a cualquiera.Confiaba en la palabra de este Alfa, pero aun si regresaba, como si no, esta vez no jugaría limpio. Dean y Oliver lo pagarían bien caro.Bajó la cabeza suspirando, escuchando los murmullos de llanto en el interior.Tanto odio por lo que era diferente.Esa mujer podía haber sido tan poderosa; logró lo que pocos Lupinos no pudieron, equilibr
NARRADORAScarlett soñaba con peces y el arrullo del agua. ¿Dónde estaba?No lo sabía, pero su cabello rojo se movía como algas danzantes y sus pequeñas manos y pies ondeaban con suaves movimientos, sus ojos verdes mirando el azul sin límites.De repente, el fondo marino tranquilo se tornó turbulento, las corrientes oceánicas comenzaron a arrastrarla, sus pulmones dolían, el oxígeno escapaba en forma de burbujas que bullían hacia la superficie.“¡Mamá, mamá!” —gritaba asustada. Se hundía hasta el fondo, ya no podía respirar."¡Debo despertar, debo despertar!"Supo que era un sueño, como otras veces le había sucedido, pero nada le funcionaba y sus lágrimas saladas se fundían con las oscuras profundidades.Entonces, cuando estaba perdida, una manita atrapó la suya.En medio de su agonía entreabrió los ojos, destellos azules y coloridos brillaban en sus irises.Se movían frente a ella, abanicaban las aguas y la llevaban a la superficie.Una fría mano siempre agarrando la suya.Scarlett s