–Bueno, es hora del show –dice Úrsula con una sonrisa fría y venenosa curvando sus labios. –Te llamaré cuando estemos listos –añade, como si todo estuviera bajo su control y antes de que Kate pueda responder, se acerca y le da un beso en la mejilla. Un gesto que parece casi cariñoso, pero que no engaña a nadie, es solo una mascarada, un toque superficial. Úrsula gira sobre sus talones y comienza a caminar hacia la oficina de Carlos, demostrando su figura esbelta y segura en cada paso. Pero antes de que entre, se detiene y con una rapidez casi imperceptible, las lágrimas comienzan a deslizarse por sus mejillas, no con naturalidad, sino con la precisión de una actriz que conoce su papel al dedillo. La expresión en su rostro cambia de inmediato, como si un torrente de tristeza la hubiera invadido, pero todo es un juego, una actuación diseñada para manipular. Se toma un momento, logrando que su respiración se vuelve más profunda, como si la emoción de su personaje estuviera por apodera
Narra Amara Antes de ir a la empresa, dejamos a Lucero con su madre. Según Liam, eso ayudará a calmar los problemas en casa y luego, nos dirigimos a nuestros destinos. Al llegar al estacionamiento, Liam apaga el motor y corre a abrir mi puerta. Intento salir, pero mis piernas se niegan a obedecerme. La falta de control me sumerge en una angustia sofocante, las lágrimas amenazan con escapar, pero las contengo con esfuerzo. Mis dedos se aferran al borde del asiento, buscando un ancla en medio del caos. Liam espera en silencio mientras intento reunir fuerzas para dar un paso, pero algo me retiene. Mi respiración se acelera; el corazón golpea con fuerza desmedida, es como luchar contra una corriente invisible. Intento moverme, pero algo me ancla al asiento. Cierro los ojos, buscando recuperar el control, pero la sensación persiste. Una barrera invisible me detiene en seco. –¿Amara, estás bien? – La voz de Liam suena cercana, pero lejana al mismo tiempo, como si me hablara desde o
NARRADOR OMNISCIENTE Amara aprieta los nudillos de su mano derecha con fuerza, haciendo que cada articulación quede blanca por la presión, mientras sus dedos tiemblan levemente. El sonido sordo del golpe sobre la madera parece resonar en su pecho, como si el eco de ese simple acto marcara el inicio de algo irreversible. Sus ojos, llenos de incertidumbre, se fijan en la puerta, esperando que al otro lado su padre se levante de su sillón de cuero. El crujido de la puerta al abrirse la hace saltar, pero la figura que aparece ante ella no es la de su padre, sino la de Úrsula, algo que realmente le genera una fuerte incomodidad. Al instante, una sonrisa fingida asoma en los labios de la mujer, una mueca tan bien practicada que casi duele ver su falsedad. Amara se queda allí, inmóvil, observando cómo la mujer se inclina hacia ella, ofreciendo el beso de cortesía que bien sabe que no significa nada. Entonces Instintivamente, con un gesto es sutil, casi imperceptible, la rechaza. Amara,
–No, Amara. Esto es cierto – Úrsula deja escapar una sonrisa que no es de júbilo, sino de una victoria fría, calculada. Es la sonrisa de quien sabe que ya ha ganado, que su plan ha dado frutos, y que todo el esfuerzo de Amara ha sido, al final, inútil. Se la observa con desdén, casi con ternura, como si fuera una niña que acaba de perder un juego que nunca fue justo para ella. Amara se queda paralizada. –Basta. Esto no tiene gracia. – Las palabras de Amara salen entrecortadas, y su voz, aunque firme en el tono, está al borde de romperse. Los ojos brillan por las lágrimas que amenaza con dejar escapar, pero se esfuerza por contenerlas. No puede dejar que Úrsula vea su debilidad, pero lo que está sucediendo ante ella es tan inimaginable, tan destructivo, que le cuesta respirar. Carlos, sin embargo, no se mueve ni un centímetro. Su rostro es una máscara de frialdad. –¿Acaso ves que me estoy riendo? – Carlos responde con la dureza que siempre lo ha caracterizado. –Como dije, Úrsula me
Carlos, imperturbable, mantiene su compostura frente a la mirada desafiante de su hija. –Tu marido seguirá trabajando para la empresa de seguridad privada con la señorita aquí presente. Estarán mano a mano, codo a codo, no se separarán ni por un instante. Ellos serán tus ojos, te protegerán y no permitirán que nada te pase– informó con una frialdad que contrastaba con la magnitud de sus palabras. –Esto quiere decir que tendrán que convivir todo el tiempo. Así que, como no queremos informaciones falsas en las revistas de chimentos, él tendrá que vivir en la casa de huéspedes, junto a ella y esa pequeña– concluyó su padre con firmeza, dejando en claro que no hay lugar para negociaciones.En su intento de procesar el giro drástico que su existencia está experimentando, sus ojos, cargados de incredulidad, buscan a Liam, cuya sorpresa refleja una similitud con la suya. –¿Qué pretendes conseguir con todo esto, padre?– inquiere con una mezcla de molestia y desesperación, luchando por mante
Narrador OmniscienteAmara camina de un lado a otro en su oficina, sintiendo que la ansiedad la devora desde dentro. Sus tacones resuenan contra el suelo con un ritmo frenético, marcando el compás de su tormenta interna. –¡Estoy harta! –suelta de repente y se pasa las manos por el cabello, despeinándolo con frustración. –Cada día es una maldita montaña rusa, y ya no puedo más.Liam, apoyado contra la pared, la observa con calma aparente, aunque su mandíbula se tensa. –Amara, tranquilízate –dice en tono bajo, casi como si intentara domesticar una fiera herida. – Todo esto pasará cuando nos casemos.Ella suelta una risa amarga y desvía la mirada. Porque no puede decirle, no puede confesarle que el verdadero motivo de su insomnio no es la empresa, ni la boda, ni siquiera la presión de su padre. No. Lo que la mantiene despierta, con el estómago revuelto y la piel en llamas, es la certeza de que Él y Kate siguen bajo el mismo techo.Teme que, en la soledad de la noche, en la cercanía c
–Úrsula, retírate –ordena con una serenidad que es casi aterradora, forjada en los fuegos de anteriores conflictos. Sus ojos, fijos en los de Úrsula, son fríos y tajantes. La autoridad en su voz es indiscutible, –Amara, no quiero ser desubicada, pero soy la representante de tu padre, y como tal, tengo que estar al tanto de lo que ocurre en la empresa –susurra Úrsula con voz suave, pero cargada de una astucia disfrazada de preocupación. Cada palabra parece elegida a conciencia, una jugada calculada para poner a Amara en una posición incómoda.Amara, sin embargo, no es alguien fácil de manipular. La furia comienza a subir por sus venas, pero la controla. A pesar de la rabia que hierve en su interior, mantiene una calma fría, casi glacial. Su mirada se fija en Úrsula con una intensidad que podría cortar el aire.–Úrsula, estos son asuntos que no te incumben –responde autoritaria, a pesar de la rabia que hierve en su interior, mantiene una calma fría, casi glacial. –Retírate de mi oficin
–¿Qué tiene él que no tenga yo? – Cristóbal finalmente rompe el mutismo con un susurro cargado de desesperación. Su voz no es solo un reclamo, es una súplica disfrazada de reproche, un grito ahogado que busca respuestas que quizás no está listo para escuchar. Su mirada brilla con una mezcla de furia y herida, como si la traición lo estuviera devorando desde adentro. Amara parpadea, confundida por el ataque repentino. –¿De qué hablas? – su voz es apenas un hilo de desconcierto. No está segura de si quiere entender lo que él insinúa o si prefiere seguir ignorándolo. Cristóbal da un paso adelante, su respiración se acelera, y sus puños se tensan a los costados. La contención que había intentado mantener se desmorona en cuestión de segundos. –¡Deja de dar vueltas! ¡Sabes bien de qué hablo! –explota. No le importa si alguien más escucha, no le importa nada en ese momento más que arrancarle la verdad a Amara, aunque duela. Amara da un paso atrás, sus dedos hormiguean con la necesida