Carlos, imperturbable, mantiene su compostura frente a la mirada desafiante de su hija. –Tu marido seguirá trabajando para la empresa de seguridad privada con la señorita aquí presente. Estarán mano a mano, codo a codo, no se separarán ni por un instante. Ellos serán tus ojos, te protegerán y no permitirán que nada te pase– informó con una frialdad que contrastaba con la magnitud de sus palabras. –Esto quiere decir que tendrán que convivir todo el tiempo. Así que, como no queremos informaciones falsas en las revistas de chimentos, él tendrá que vivir en la casa de huéspedes, junto a ella y esa pequeña– concluyó su padre con firmeza, dejando en claro que no hay lugar para negociaciones.En su intento de procesar el giro drástico que su existencia está experimentando, sus ojos, cargados de incredulidad, buscan a Liam, cuya sorpresa refleja una similitud con la suya. –¿Qué pretendes conseguir con todo esto, padre?– inquiere con una mezcla de molestia y desesperación, luchando por mante
Narrador OmniscienteAmara camina de un lado a otro en su oficina, sintiendo que la ansiedad la devora desde dentro. Sus tacones resuenan contra el suelo con un ritmo frenético, marcando el compás de su tormenta interna. –¡Estoy harta! –suelta de repente y se pasa las manos por el cabello, despeinándolo con frustración. –Cada día es una maldita montaña rusa, y ya no puedo más.Liam, apoyado contra la pared, la observa con calma aparente, aunque su mandíbula se tensa. –Amara, tranquilízate –dice en tono bajo, casi como si intentara domesticar una fiera herida. – Todo esto pasará cuando nos casemos.Ella suelta una risa amarga y desvía la mirada. Porque no puede decirle, no puede confesarle que el verdadero motivo de su insomnio no es la empresa, ni la boda, ni siquiera la presión de su padre. No. Lo que la mantiene despierta, con el estómago revuelto y la piel en llamas, es la certeza de que Él y Kate siguen bajo el mismo techo.Teme que, en la soledad de la noche, en la cercanía c
–Úrsula, retírate –ordena con una serenidad que es casi aterradora, forjada en los fuegos de anteriores conflictos. Sus ojos, fijos en los de Úrsula, son fríos y tajantes. La autoridad en su voz es indiscutible, –Amara, no quiero ser desubicada, pero soy la representante de tu padre, y como tal, tengo que estar al tanto de lo que ocurre en la empresa –susurra Úrsula con voz suave, pero cargada de una astucia disfrazada de preocupación. Cada palabra parece elegida a conciencia, una jugada calculada para poner a Amara en una posición incómoda.Amara, sin embargo, no es alguien fácil de manipular. La furia comienza a subir por sus venas, pero la controla. A pesar de la rabia que hierve en su interior, mantiene una calma fría, casi glacial. Su mirada se fija en Úrsula con una intensidad que podría cortar el aire.–Úrsula, estos son asuntos que no te incumben –responde autoritaria, a pesar de la rabia que hierve en su interior, mantiene una calma fría, casi glacial. –Retírate de mi oficin
–¿Qué tiene él que no tenga yo? – Cristóbal finalmente rompe el mutismo con un susurro cargado de desesperación. Su voz no es solo un reclamo, es una súplica disfrazada de reproche, un grito ahogado que busca respuestas que quizás no está listo para escuchar. Su mirada brilla con una mezcla de furia y herida, como si la traición lo estuviera devorando desde adentro. Amara parpadea, confundida por el ataque repentino. –¿De qué hablas? – su voz es apenas un hilo de desconcierto. No está segura de si quiere entender lo que él insinúa o si prefiere seguir ignorándolo. Cristóbal da un paso adelante, su respiración se acelera, y sus puños se tensan a los costados. La contención que había intentado mantener se desmorona en cuestión de segundos. –¡Deja de dar vueltas! ¡Sabes bien de qué hablo! –explota. No le importa si alguien más escucha, no le importa nada en ese momento más que arrancarle la verdad a Amara, aunque duela. Amara da un paso atrás, sus dedos hormiguean con la necesida
Narra LiamMis emociones se convierten en una mezcla ardiente de frustración y agotamiento, una tormenta que parece no tener fin. No puedo evitar sentir una intensa molestia, una incomodidad que se arraiga profundamente en mí. Estoy más que cansado, estoy exhausto de la situación. No comprendo por qué Amara ha optado por quedarse con ese infeliz, ese tipo con el que sé muy bien que ha compartido algo más que una simple relación profesional. Lo peor es cómo ha logrado pintarme como el culpable, insinuando que le soy infiel al vivir con Kate.Pero la realidad es distinta, mi estadía con ella es meramente culpa suya y de su padre, pero no entiende que yo solo voy a esa casa para descansar, para hundirme en el cansancio y encontrar un refugio en el sueño. Incluso cuando llego, apenas si tengo la oportunidad de descansar en el suelo, temiendo ceder a los impulsos que sé que estarán presentes si comparto la cama con Kate . Soy un hombre, tengo necesidades físicas, pero todo esto se conviert
Narra Amara El zumbido persistente de mi celular atraviesa el silencio de la habitación, rompiendo la calma incómoda que había comenzado a envolverme. Me apresuro a mirar la pantalla, y una sonrisa involuntaria se dibuja en mi rostro al reconocer el nombre que aparece. Es Jazmín, la amiga que no sabía cuánto extrañaba hasta que el sonido de su llamada me sacudió de la somnolencia en la que me había estado hundiendo. Un respiro de aire fresco en un día que parecía interminable.–Hola, querida, ¡volví! –dice Jazmín desde el otro lado de la línea, su voz llena de esa energía vibrante que la caracteriza. La carcajada que lanza es como una explosión de alegría que me invade, aliviando de alguna manera el peso que llevo encima.–Hola, Jazzi –respondo, sintiendo una punzada de calidez al escuchar su voz. –¿Volverás hoy a la empresa? –pregunto porque la verdad es que la he extrañado. –Mañana, querida –responde, pero luego, una pausa, una de esas que me hace saber que algo está por llegar. –
Dos horas después El sonido de la pluma rozando el papel es lo único que se escucha en la sala. Es un sonido frío, afilado, como una cuchilla deslizándose sobre mi piel. Mi padre firma con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder, pero yo sé que no es así. Sé que lo está perdiendo todo. El abogado, impasible, acomoda los papeles y carraspea antes de hablar. –Esto sella finalmente el acuerdo de cesión del control de la empresa –anuncia con su tono monótono, como si no estuviera dictando una sentencia. –La señorita Úrsula, aquí presente, futura esposa del señor Carlos, tendrá a su cargo el 40% de la empresa –prosigue –Mientras que la señorita Laveau, una vez que cumpla con la cláusula que todos los aquí presentes ya conocen, asumirá el 60%. Miro a la mujer que, en cuestión de meses, ha logrado lo que nadie en años: ponerme contra la pared, arrebatarme lo que es mío. Está sentada con la espalda recta y una leve sonrisa en los labios, como si estuviera disfrutando cada seg
A la hora de salida del trabajo, salgo del edificio sintiendo que la sangre me hierve en las venas. Cada paso que doy es una lucha por contener la furia que amenaza con desbordarse. Respiro hondo, intentando calmarme, pero es inútil y lo peor es que apenas veo el auto estacionado en la entrada con lo dos dentro, esperándome, la ira vuelve con mas fuerza. Sin esperar que el maldigo de Liam baje a querer abrir la puerta, la abro de golpe y me deslizo al asiento trasero sin disimular mi malhumor. –¿Por qué están los dos? –espetó, con una sonrisa amarga. –¿Qué pasa? ¿El amor es tan grande que ya no pueden separarse ni un segundo?– Digo con sarcasmo, como un dardo envenenado dirigido a ella. Kate sonríe. No es una sonrisa cualquiera. Es la sonrisa de alguien que sabe que ha ganado, que disfruta ver cómo el dolor se me dibuja en el rostro aunque yo intente disimularlo. Liam, en cambio, no dice nada. Prefiere el silencio, como siempre. –No, señorita –responde Kate con una dulzura