El sonido del teclado resonaba en la silenciosa biblioteca, interrumpido solo por el suave crujido del papel cuando Alexander pasaba de página en sus notas. Luciana estaba sentada al otro lado de la mesa, escribiendo con intensidad, tratando de ignorar la presencia de Alexander a su lado.Desde aquella noche, habían decidido actuar como si nada hubiera pasado.Como si el beso no hubiera cambiado nada.Pero lo había hecho.Y ahora, cada conversación, cada mirada, cada roce accidental, estaba cargado de electricidad contenida.—Estás apretando demasiado la pluma —comentó Alexander sin mirarla.Luciana parpadeó y miró su mano. Tenía la pluma firmemente sujeta, casi al borde de romperla.—Estoy concentrada —respondió, tratando de sonar indiferente.Alexander soltó una leve risa y volvió a sus papeles.—No te preocupes. No me afecta que estés nerviosa a mi lado.Luciana levantó la vista bruscamente.—¿Disculpa?Alexander finalmente la miró, con esa sonrisa arrogante que la hacía querer lan
Luciana estaba sentada frente a su laptop en la biblioteca de Alexander, tecleando con furia. Cada palabra, cada frase que plasmaba, llevaba consigo toda la frustración que había acumulado los últimos días. No era solo la tensión que flotaba entre ella y Alexander tras el beso. Era la maldita negación mutua que ambos habían decidido abrazar como un escudo.Habían pasado dos semanas desde aquel momento de vulnerabilidad. Dos semanas en las que ninguno de los dos lo mencionó. Dos semanas en las que ambos fingieron que nada había cambiado.Pero todo había cambiado.Y ahora estaban atrapados en una rutina insoportable donde cada conversación se reducía a trabajo y profesionalismo.—Esa escena que escribiste es un desastre —dijo Alexander, apoyado contra la estantería con los brazos cruzados.Luciana levantó la vista, lanzándole una mirada de advertencia.—Es un borrador, Varnell. No esperaba que fuera perfecto.Alexander arqueó una ceja y se acercó a su escritorio. Le quitó la laptop con
Luciana se despertó antes de que el sol asomara por el horizonte. El peso de la noche anterior aún flotaba en su pecho. Algo dentro de ella había cambiado. Ya no era solo la asistente de Alexander, la aprendiz en su mundo de tinta y letras. Ahora, estaba construyendo su propio camino, aunque eso significara alejarse de él.Mientras el café burbujeaba en la cafetera, su teléfono vibró sobre la mesa.—Richard: “Hoy te quiero en mi oficina a las 10. Espero que hayas leído el libro.”Luciana sonrió para sí misma. Sí, lo había leído. Y ahora tenía muchas preguntas.⸻El Choque Entre Dos MundosA las 10 en punto, Luciana llegó a la pequeña editorial de Richard. Era un lugar modesto, con estanterías repletas de manuscritos olvidados y el aroma de café impregnando el aire.Richard estaba en su escritorio, hojeando un viejo manuscrito. Alzó la vista cuando ella entró.—Llegas puntual. Me gusta.Luciana se cruzó de brazos.—Tampoco quería darle la satisfacción de llamarme impuntual.Richard rió
El aire dentro de la mansión de Alexander estaba cargado de algo denso e inexplorado. Luciana podía sentirlo en cada paso que daba, en cada mirada que él le lanzaba, en cada palabra que no decían.Habían llegado a un punto en el que negar lo que sentían no era suficiente.Y sin embargo, ambos seguían fingiendo que podían seguir como si nada hubiera cambiado.Luciana no sabía cuánto más podría soportarlo.Las Consecuencias del MiedoEsa noche, después de una sesión de trabajo tensa y llena de silencios incómodos, Luciana decidió que necesitaba escapar por un rato.Richard la había invitado a una reunión con algunos escritores y editores independientes. Un lugar donde podría respirar, donde podría hablar de literatura sin sentir que caminaba sobre fuego cada vez que Alexander estaba cerca.Cuando bajó las escaleras, con su chaqueta en la mano, lo encontró en la sala de estar.—¿Vas a algún lado? —preguntó Alexander sin levantar la vista del libro que tenía en las manos.Luciana se detuv
La mañana transcurría con una calma engañosa en la mansión de Alexander. Luciana intentaba concentrarse en escribir, pero la presencia de Alexander al otro lado de la habitación hacía que su mente estuviera en cualquier lugar menos en la página frente an ella.La noche anterior había cambiado algo entre ellos.Él había admitido que la necesitaba.Y ahora, cada mirada que se cruzaban estaba cargada de una tensión diferente.Sin embargo, en lugar de enfrentar esa conversación pendiente, ambos habían decidido sumergirse en el trabajo.Pero esa paz no duraría mucho.Un golpe en la puerta los interrumpió.—¿Esperas a alguien? —preguntó Luciana, levantando la vista de la pantalla.Alexander frunció el ceño y se levantó.—No.Abrió la puerta y, para sorpresa de ambos, Javier Rosales estaba allí.Luciana sintió cómo su estómago se contraía. Hacía meses que no lo veía en persona.—¿Javier? —preguntó, sorprendida.Javier sonrió con su encanto habitual.—¿No puedo visitar a una vieja amiga?Alex
El silencio que quedó en la biblioteca después de la discusión con Javier y Alexander era insoportable. Luciana se sentía atrapada entre el hombre que estaba empezando a amar y el que, de alguna manera, todavía la conocía demasiado bien. Su mente estaba enredada, su corazón acelerado. Todo lo que creía estable ahora tambaleaba. Necesitaba aire. Salió de la biblioteca y caminó por el pasillo sin rumbo, pero con cada paso los recuerdos comenzaron a arremolinarse en su cabeza. Y entonces, sin previo aviso, el pasado la golpeó. Un flashback. ⸻ El Manuscrito Perdido La primera vez que leyó el manuscrito de Alexander… Era una noche lluviosa. Había encontrado aquel cuaderno de cuero gastado en la mesa de su escritorio. No llevaba título. Solo páginas llenas de tinta y emociones que parecían demasiado reales. Luciana lo había abierto con curiosidad, sin imaginar que dentro de esas páginas encontraría una historia que le resultaría demasiado familiar. Y entonces lo vio.
El viento era helado cuando Luciana salió de la mansión de Alexander. Cada paso que daba la alejaba de él, pero no de la verdad que acababa de descubrir.Alexander había estado escribiéndola desde el principio.Antes de que fueran algo. Antes de que se besaran. Antes de que ella siquiera entendiera lo que sentía.Y ahora, con esa revelación aún latiendo en su pecho, no sabía si debía sentirse halagada o traicionada.Sus manos temblaban mientras sacaba su teléfono y marcaba el único número que podía llamar en ese momento.—¿Luciana? —la voz de Javier sonó sorprendida al otro lado de la línea.Luciana cerró los ojos. Necesitaba escuchar algo diferente.—¿Podemos vernos?Un silencio. Javier lo entendió de inmediato.—Dime dónde.⸻Los Celos Que No Se DicenJavier y Luciana se encontraron en un café lejos del centro, un lugar discreto donde nadie los reconocería. Él la observó con cautela mientras ella removía su café sin probarlo.—No me mires así —murmuró Luciana sin levantar la vista.
Luciana sentía el viento frío golpear su rostro mientras caminaba por la acera, alejándose del café donde su mundo acababa de colapsar.Las palabras de Alexander aún latían en su cabeza.—Te amo, Luciana. No porque seas mi historia, sino porque sin ti, no sé cómo seguir escribiendo la mía.Pero también estaban las de Javier.—Mereces algo más que un hombre que no puede decidir si te ama o solo te escribe.Dos verdades. Dos caminos.Y ella estaba en medio, sin saber cuál elegir.⸻Alexander en el LímiteAlexander no se movió de donde estaba, observando cómo Luciana desaparecía en la distancia. Había dejado salir las palabras que llevaba meses reprimiendo, pero no sabía si era demasiado tarde.—¿Vas a dejarla ir? —preguntó Javier con sorna, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.Alexander giró la cabeza lentamente.—No es asunto tuyo.Javier rió suavemente.—Oh, pero lo es. Porque si no la detienes, lo haré yo.Alexander sintió su sangre hervir. Javier nunca había sido su a