El día había comenzado tranquilo, pero ahora Agatha sentía cómo el aire en el edificio de Samer se volvía más denso a medida que avanzaba por los pasillos. Cada paso que daba la acercaba más a su nueva realidad, una en la que sus sentimientos y su vida personal se entrelazaban con el entorno profesional de él, un lugar que hasta ese momento solo había conocido de oídas.Samer la guiaba con calma por el lugar, mostrándole su oficina y las áreas comunes. A pesar de la imponente arquitectura y el bullicio propio de un ambiente corporativo, Agatha no pudo evitar notar los pequeños gestos de él, como si estuviera asegurándose de que se sintiera cómoda.Mientras Samer hablaba con algunos de sus colegas, Agatha observaba en silencio. No era ajena al mundo de los negocios, pero lo que veía aquí, en este entorno donde Samer era un líder, era algo completamente diferente. El respeto que los empleados le mostraban era palpable, y la autoridad que él irradiaba se sentía en cada rincón.Sin embarg
El día siguiente llegó con un aire fresco, diferente al de los días previos. Agatha se despertó temprano, con el corazón algo agitado, pero sin la misma incertidumbre de antes. Había algo nuevo en su vida, algo que había comenzado a tomar forma y que ya no podía ignorar: su relación con Samer, que parecía florecer en un espacio tan delicado como desafiante.Mientras se preparaba para salir, pensaba en todo lo que había aprendido desde que llegó a su vida. La empresa, el poder, la influencia de Samer... Eran cosas a las que tendría que acostumbrarse, pero al mismo tiempo, sentía que su conexión iba más allá de esas barreras. No importaba cuántas capas de complejidad se le añadieran a su entorno; su relación seguía siendo tan pura como el primer día.El teléfono de Agatha vibró en su bolso, interrumpiendo sus pensamientos. Miró la pantalla y vio el nombre de Samer. Un suspiro involuntario escapó de sus labios. Había algo en recibir mensajes de él que siempre la hacía sentir especial, co
La semana había pasado volando para Agatha. Entre las reuniones en la empresa y sus nuevos proyectos, apenas tuvo tiempo para reflexionar sobre lo que realmente estaba sucediendo a su alrededor. Su relación con Samer había avanzado sin que ella pudiera detenerla, y aunque disfrutaba de cada momento, no podía evitar sentir que algo se estaba gestando en su interior.Había algo que la inquietaba profundamente, algo que se había vuelto más evidente después de esa última reunión en la que se sintió tan integrada. Era un sentimiento ambiguo, un deseo de avanzar pero al mismo tiempo una resistencia interna que no lograba identificar con claridad. Por un lado, Samer la hacía sentir especial y valorada, pero por otro, existía un miedo que surgía de la nada, un miedo a perder el control.Ese miedo no tenía mucho sentido, ¿verdad? Samer nunca había intentado forzarla a nada, ni en lo profesional ni en lo personal. De hecho, su forma de apoyarla y de hacerla sentirse incluida en cada parte de su
La noche había caído en la ciudad, y la luz suave del escritorio iluminaba el rostro de Agatha mientras revisaba los informes que había dejado pendientes. Su mente seguía ocupada, pero esta vez no solo con los números y las tareas laborales. El diálogo con Samer en la tarde había dejado una huella profunda en ella. Sentía que algo dentro de ella había cambiado, pero aún no estaba segura de qué exactamente.Al principio, había tenido dudas. No estaba segura de si podía realmente avanzar en su relación con él sin sentirse abrumada por el peso de la diferencia entre ambos. Sin embargo, las palabras de Samer habían calado hondo en su corazón. La forma en que la había escuchado, su disposición a comprender sus miedos sin presionarla, le había dado la paz que necesitaba. Aunque aún no todo estaba claro, sentía que, por primera vez, podía respirar.El sonido de su teléfono interrumpió sus pensamientos. Miró la pantalla y vio que era un mensaje de Samer. Su corazón dio un pequeño salto en su
La mañana siguiente llegó con una ligera brisa que se colaba por las ventanas de la oficina de Agatha. El sol brillaba tímidamente, y ella se encontraba en su escritorio, repasando las tareas pendientes de la semana. A pesar de la calma exterior, su mente seguía ocupada con la conversación de la noche anterior. Algo había cambiado en ella, algo que no podía ignorar.Mientras organizaba algunos documentos, su teléfono vibró en el escritorio, interrumpiendo sus pensamientos. Miró la pantalla y vio el nombre de Samer. Su corazón dio un pequeño salto, pero esta vez no fue por nerviosismo, sino por curiosidad."¿Tienes un momento para hablar más tarde? Quiero seguir lo que hablamos anoche", decía el mensaje.Agatha suspiró, sintiendo una mezcla de emoción y ansiedad. La conversación había sido sincera, pero también sabia que aún quedaban muchas preguntas sin respuesta. Samer no le había presionado, lo que había hecho que se sintiera más tranquila, pero aún así, sabía que dar el siguiente p
La mañana se había desvanecido en la penumbra de la tarde cuando Agatha se encontró frente a frente con Samer en el café de siempre. Aunque el lugar estaba casi vacío, un extraño aire de tensión lo llenaba todo. Agatha trató de evitar su mirada, pero él, con su usual intensidad, no dejó de observarla mientras se acercaba.Samer estaba diferente, con una energía que no podía describir. Algo en su postura, en la forma en que sus ojos se fijaban en ella, le hacía sentir como si todo a su alrededor se estuviera desmoronando, aunque, al mismo tiempo, quería que todo se resolviera de una vez por todas. La atracción que sentía por él estaba cada vez más presente, pero también lo estaba el miedo a lo que eso significaba.“¿Cómo estás, Agatha?”, preguntó él, su voz grave y profunda llenando el espacio entre ellos.Ella asintió, pero no pudo evitar notar que su respiración se volvía más irregular al escucharlo. “Estoy bien. ¿Y tú?”Samer dejó caer su chaqueta sobre la silla y se sentó frente a
La siguiente semana transcurrió con una mezcla de emociones para Agatha. El acuerdo tácito que había hecho con Samer seguía presente en su mente, pero a medida que pasaban los días, la duda volvía a asomarse, como una sombra persistente. Aunque las palabras que Samer había dicho la habían dejado con una sensación de esperanza, las inseguridades seguían nublando su juicio. ¿Cómo podía estar tan segura de que esto no sería otro juego del destino, algo efímero que se desvanecería con el tiempo?En la oficina, las cosas también se habían vuelto más complicadas. Aunque ella y Samer habían decidido no hablar del asunto fuera de su conversación en el café, su cercanía era más evidente que nunca. Los demás empleados empezaban a notar pequeños gestos, miradas furtivas que solo ellos compartían, y Agatha no podía evitar sentir una mezcla de incomodidad y emoción al mismo tiempo.El viernes, cuando Agatha terminó su jornada laboral, recibió un mensaje de Samer. “Nos vemos más tarde, ¿te parece?
La semana después de su conversación con Samer se sintió extraña para Agatha. Las horas de trabajo pasaban rápido, pero cada momento fuera de la oficina parecía arrastrarla en un torbellino de emociones. A veces, se encontraba pensando en la conversación que había tenido con él, cuestionando lo que realmente sentía y lo que quería hacer a continuación. Había un espacio en su corazón que sentía vacío, una duda persistente que no lograba disipar.El lunes por la tarde, mientras Agatha revisaba unos correos electrónicos en su escritorio, se dio cuenta de que Samer la había estado observando más de lo habitual. No era la primera vez, pero hoy parecía distinto. Él no era del tipo de persona que mostrara sus emociones a simple vista, pero había algo en su mirada que la hizo sentirse vulnerable. Agatha decidió, sin embargo, no hacer un drama de ello. No quería abordar el tema inmediatamente. Sentía que aún necesitaba procesar todo lo que había sucedido.Ese día, cuando la jornada laboral lle