El aire estaba cargado de una tensión palpable mientras Samer caminaba de un lado al otro del salón. Las luces tenues de la habitación proyectaban sombras inquietantes en las paredes, reflejando la agitación interna que él trataba de ocultar. Agatha, sentada en el borde del sofá, lo observaba en silencio, con los brazos cruzados y la mirada fija en sus movimientos.Cada paso que él daba parecía resonar como un eco en el vacío emocional que se había instalado entre ellos. La distancia no era física; era la acumulación de secretos y verdades a medias que ambos habían cargado durante demasiado tiempo.—¿Cuánto tiempo más piensas callar? —preguntó finalmente Agatha, rompiendo el incómodo silencio que parecía asfixiarlos.Samer se detuvo en seco, girándose hacia ella con una expresión mezcla de incredulidad y frustración.—¿Callar? —repitió, su voz cargada de amargura—. Todo lo que he hecho es hablar, advertir, proteger. Pero parece que nada es suficiente para ti, Agatha.Ella alzó una cej
El ambiente en el salón estaba cargado de tensión, aunque el murmullo de las conversaciones trataba de disfrazarlo. Agatha permanecía sentada en un rincón estratégico, observando cada movimiento y cada gesto. El despliegue de poder y apariencias no podía ser más evidente. Todos querían demostrar algo, y ella sabía que, en ese juego, los más silenciosos eran los más peligrosos.Samer se encontraba en el centro de la sala, conversando con un hombre de mediana edad que, a juzgar por su porte y sus palabras, era un pez gordo. La mirada de Samer permanecía serena, aunque ella sabía que, por dentro, cada palabra y gesto estaban fríamente calculados.Agatha apretó la copa en su mano, con los ojos fijos en una figura que acababa de entrar. Era una mujer alta, de cabello oscuro y ondulado, vestida con un conjunto rojo que llamaba la atención por su elegancia y confianza. A primera vista, no parecía particularmente peligrosa, pero había algo en su mirada que hizo que Agatha se tensara.Cuando l
El aire estaba tenso, como si la misma atmósfera estuviera consciente de lo que se avecinaba. Agatha caminaba por el pasillo oscuro, sus pasos resonando en las paredes de piedra, mientras Samer la seguía a poca distancia. Sabía que el momento había llegado; las piezas del rompecabezas se estaban encajando una a una, y pronto descubrirían la verdad detrás de todo lo que habían vivido.—Estamos cerca —dijo Samer, su voz grave resonando a través del silencio. No era necesario que dijera más; ambos sabían que todo había llegado a este punto.Agatha asintió sin mirarlo, su mente analizando las posibles rutas que tomarían una vez que llegaran al final. Habían pasado por tantas pruebas, traiciones y amenazas, pero algo dentro de ella le decía que el verdadero reto apenas comenzaba.—No lo puedo creer… —murmuró Agatha, aunque ella misma no sabía si se lo decía a él o a sí misma.La puerta al final del pasillo se abrió lentamente, revelando una habitación pequeña y desordenada. En el centro, u
La madrugada estaba envuelta en un silencio ominoso, como si el mundo estuviera conteniendo el aliento. Samer observaba la calle desierta desde la ventana del pequeño apartamento que había utilizado como refugio. Las luces titilaban en la distancia, proyectando sombras largas que se movían al ritmo del viento. Agatha estaba recostada sobre el sofá, su rostro marcado por el cansancio, pero también por una inquietud que se había apoderado de ella desde el último encuentro con su antiguo aliado.—No sé si puedo confiar en nadie más, Samer —dijo Agatha, rompiendo el silencio con su voz rasposa, como si su garganta estuviera luchando contra el peso de sus pensamientos—. Todo esto… no tiene sentido. ¿Qué pasa si el infiltrado es más cercano a nosotros de lo que pensamos?Samer giró hacia ella, sus ojos fijos en la figura que se recortaba en la oscuridad. Su mente estaba centrada en una única cosa: encontrar al traidor. Sin embargo, sabía que cada paso que daban los ponía en mayor riesgo. La
El aire estaba pesado, cargado de una tensión que ni siquiera el constante flujo de pensamientos podía disipar. Agatha caminaba de un lado a otro dentro de la habitación, el sonido de sus pasos retumbando en las paredes vacías. Samer, sentado frente a la mesa, no dejaba de mirarla, su rostro impasible como siempre, pero sus ojos reflejaban una inquietud que no podía ocultar.—Necesito saber que tomaremos la decisión correcta —dijo Agatha finalmente, deteniéndose frente a él. Su voz era baja, pero firme, como si tratara de convencer a su propio corazón.Samer levantó la vista, sus ojos fijos en ella. Sabía que estaba hablando en serio. Cada decisión que tomaran a partir de ahora sería crucial. Pero la incertidumbre seguía nublando su juicio, como una sombra que se alargaba sobre ellos.—Lo sé —respondió él, su tono grave. —Pero lo que está en juego ahora es más grande que nosotros. No podemos seguir dudando. Si vamos a hacerlo, debe ser con todo lo que tenemos.Agatha asintió lentament
La tensión en la sala era palpable. Después de los recientes acontecimientos, cada paso se sentía como caminar sobre una cuerda floja. Samer y Agatha estaban sentados frente a la gran mesa del despacho improvisado, revisando los informes y cruzando datos en busca de alguna pista que pudiera confirmar sus sospechas.—Si esta información es correcta, tenemos un problema más grande del que imaginábamos —comentó Samer, sin apartar la vista de las hojas frente a él.Agatha, sentada a su lado, asintió. Su mente estaba en constante movimiento, repasando cada detalle de las últimas semanas. Las piezas empezaban a encajar, pero la imagen que formaban era mucho más oscura de lo que había anticipado.—Todo apunta a que alguien dentro de nuestro equipo está filtrando información —dijo Agatha, su tono lleno de determinación—. Pero lo que no entiendo es cómo lograron burlar nuestros sistemas de seguridad.Samer se recostó en su silla, frotándose el puente de la nariz. Sabía que Agatha tenía razón,
El eco de los pasos resonaba en los pasillos del refugio. Samer se mantenía firme, con el rostro endurecido mientras analizaba cada palabra de lo que Agatha acababa de confesarle. La idea de que alguien tan cercano pudiera estar involucrado en la red de traiciones lo llenaba de rabia contenida.—¿Estás absolutamente segura? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio, mientras se giraba hacia ella.Agatha lo miró, sintiendo la gravedad de sus palabras. Cada decisión que tomaran de ahora en adelante dependería de cuán sólida fuera su intuición.—No tengo pruebas concluyentes, pero las coincidencias son demasiadas. Hemos sido acorralados en el momento exacto en que íbamos a descubrir algo importante. Y esa información no salió de ningún lado, Samer. Salió de aquí.Samer asintió lentamente, sus pensamientos corriendo como un río desbordado. Sabía que no podían darse el lujo de cometer errores, pero tampoco podían quedarse paralizados por la incertidumbre.—Está bien —dijo con voz firme—.
El aire en el escondite era espeso, cargado de tensión e incertidumbre. Agatha caminaba de un lado a otro, con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo, mientras Samer revisaba los planos que habían encontrado en la mansión de Massimo. Los papeles contenían detalles que, aunque fragmentados, empezaban a formar una imagen más clara de lo que enfrentaban.—Samer, esto no tiene sentido —dijo Agatha, rompiendo el silencio. Su voz reflejaba una mezcla de frustración y cansancio—. ¿Por qué Massimo haría todo esto? ¿Cuál es su objetivo final?Samer dejó los papeles sobre la mesa y se frotó el puente de la nariz. Sabía que Agatha tenía razón en cuestionarse todo, pero las respuestas no eran tan simples.—Poder, control... No sé, Agatha. Pero lo que está claro es que no va a detenerse hasta conseguir lo que quiere. Y nosotros estamos en medio de su camino.Agatha se detuvo frente a él, sus ojos buscando alguna señal de certeza en los de Samer. Pero lo único que encontró fue la misma in