Capítulo 8.5: Salvajes.

Mientras que las cosas en el corazón de Altalune comenzaban a tranquilizarse, no muy lejos de ellos, el grupo de Dante esperaba expectantes el paso de los salvajes, pues debido a que Anna aún no despertaba y a que Arioch y Gael se habían negado a moverla debido al veneno de la plata, el grupo seguía plantado en el mismo lugar.

― ¿Quieres dejar de pasearte así? ―le gruñó Gael a Armin, quien iba de un lado a otro con la mirada clavada en la única calle que corría por el lugar

―Perdona que mi ansiedad de estar esperando a una mayúscula cantidad de salvajes te incomode ―

Ante sus palabras, Gael soltó un bufido antes de rodar los ojos.

―Miedoso ―

―Cállate ―gruñó Armin, quien apartó la mirada sólo para observar a Arioch, quien continuaba aferrado a las manos de Anna con Dante a su lado

―Disculpe… Uhmm ¿Excelencia? ―lo llamó Gael

― ¿Sí? ―preguntó el hombre con suavidad, sin molestarse en apartar la mirada del apacible rostro de Anna

― ¿Qué pasará con los salvajes? ―preguntó Gael en voz queda
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