Episodio 29: El Punto de No RetornoEl whisky en mis venas es un anestésico barato.No lo suficiente para borrar su rostro de mi cabeza.No lo suficiente para arrancarla de mi piel.Pero sí lo suficiente para hacerme olvidar, aunque sea por unos minutos, que Lena ya no está.La chica de labios rojos se ríe.Dice algo más, pero la música y el alcohol hacen que sus palabras lleguen distorsionadas.No importa.Nada importa.Dejo que sus dedos se deslicen por mi brazo, que su perfume barato se mezcle con mi desesperación, que su sonrisa trate de llenar el vacío que Lena dejó.Pero no lo hace.No puede.Aun así, la dejo acercarse.Aun así, dejo que me bese.Porque tal vez, si cierro los ojos lo suficiente, podré fingir que no estoy aquí.Que no estoy roto.Que no estoy solo.El beso es vacío.Labios contra labios.Fingiendo que hay algo cuando no lo hay.Cuando mis manos la tocan, todo dentro de mí grita que esto está mal.Que no es Lena.Que nunca lo será.Me aparto de golpe, con el coraz
El silencio entre nosotros es un campo minado. Cada respiración, cada pestañeo, cada maldito segundo que pasa sin que uno de los dos diga algo, es un paso en falso que puede hacerlo explotar todo. Lena me mira con los ojos enrojecidos. Yo apenas puedo sostenerle la mirada. Porque si lo hago, si miro demasiado profundo, voy a perder el poco control que me queda. Voy a suplicarle. Voy a rogarle. Voy a hacer cualquier cosa para que no se aleje. Pero ella ya tomó su decisión. Y yo… yo estoy parado al borde del abismo, esperando que me empuje. —Dime algo —susurro, con la voz destrozada. Lena respira hondo. Su pecho sube y baja con esfuerzo, como si cada inhalación le doliera. —No quiero hacerte daño, Elías. Una risa amarga me escapa de los labios. —Demasiado tarde. Lena aprieta los labios. Sus manos tiemblan. Me odia por decirlo en voz alta. Me odia porque es verdad. Pero entonces, en el reflejo de sus ojos, veo otra cosa. No solo dolor. Miedo. No me está dejando porque
El frío de la noche golpea mi rostro cuando salgo del edificio, pero apenas lo siento.Mi mente está en un solo lugar.Lena.Corro. No importa si tropiezo o si el alcohol aún entorpece mis sentidos. Solo sé que tengo que llegar.La voz en el teléfono no dio muchos detalles, solo una dirección y la promesa de que era urgente.Y eso es suficiente para que la desesperación me carcoma por dentro.Lena…¿Qué está pasando?¿Por qué esta persona tiene información sobre ella?Y, lo más importante…¿Por qué su voz me resultó tan familiar?El viaje en taxi es un infierno.Cada semáforo en rojo es una maldición.Cada segundo perdido me envenena el pecho.Cuando finalmente llego, salgo del auto sin esperar el cambio.El lugar es un viejo bar en un callejón estrecho, uno de esos donde la música suena más fuerte de lo que debería y las paredes apestan a tabaco y desesperanza.Mi corazón golpea contra mis costillas mientras busco con la mirada.Hasta que lo veo.El tipo está sentado en una de las me
BIENVENIDA A “ANTES QUE EL MUNDO NOS OLVIDE”Imagina que un día despiertas y el mundo ha borrado tu existencia. Que todos los que conocías, todos los que te amaban, ya no recuerdan tu nombre.Excepto una persona.Esta es la historia de Elías, el hombre que lo tenía todo… hasta que dejó de existir. Y de Lena, la única que puede recordarlo.Es una historia de amor, pero no cualquier historia de amor. Aquí, el tiempo es un enemigo, la memoria un castigo y cada día juntos es un desafío contra lo imposible.Este libro no es solo para quienes aman el romance. Es para quienes alguna vez han sentido miedo de ser olvidados. Para quienes creen que el amor puede desafiarlo todo, incluso la propia realidad.Y ahora tú formas parte de esta historia.¿Estás listo para sentir?Bienvenido a “Antes de que el mundo nos olvide”. Una historia que no podrás dejar de leer.Episodio 1: El día en que dejé de existirAyer, el mundo sabía mi nombre.Hoy, no soy nadie.Camino por la avenida como siempre lo he h
Ayer, el mundo sabía mi nombre. Hoy, solo Lena me recuerda. La ciudad sigue su curso, implacable, sin saber que algo imposible está ocurriendo. Los autos pasan, la gente ríe, las luces parpadean en lo alto de los edificios, pero yo me siento como un fantasma. Un extraño en mi propia vida. Pero Lena… ella está ahí. Sigo de pie junto a su mesa en la cafetería, observándola como si fuera mi última conexión con la realidad. Y tal vez lo sea. —¿Elías? —su voz suena incrédula, pero no porque haya olvidado quién soy, sino porque mi presencia aquí la desconcierta. Cuando dice mi nombre, algo dentro de mí se rompe. Alguien me recuerda. —Dime que esto es una broma —mi voz apenas es un susurro, pero no intento ocultar la desesperación—. Dime que tú también lo notaste. Lena deja la cuchara sobre el platillo y me observa con cautela. Sus ojos, tan familiares, tan reales, buscan respuestas en los míos. —No sé qué está pasando… —admite—. Pero esta mañana, cuando desperté, sentí que algo an
La madrugada es fría, pero no suelta su lluvia. El asfalto brilla bajo la luz tenue de los faroles, reflejando las iniciales que Lena y yo dejamos en la pared.E + L.Un recordatorio de que existo. De que, al menos por ahora, alguien en este mundo todavía sabe quién soy.Lena me observa en silencio, con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta. Hay algo en su mirada que no sé cómo descifrar. ¿Preocupación? ¿Temor? ¿O tal vez una certeza que no se atreve a decir en voz alta?No quiero preguntar. No quiero que su respuesta haga más real este infierno.—Nos quedaremos juntos esta noche —dice finalmente, y no es una pregunta, sino una decisión.Asiento.No puedo permitirme estar solo.No ahora.No cuando el miedo de que Lena despierte mañana y me mire como si fuera un extraño me está destrozando por dentro.Porque si eso sucede, habré desaparecido para siempre.Un lugar para existirLlegamos a su departamento en cuestión de minutos. Apenas cierra la puerta, Lena suelta un suspiro
La ciudad brilla con luces doradas y rojas, llenando las calles con un aire festivo. La nieve cae en copos suaves, cubriendo los techos y aceras, como si el mundo intentara disfrazar su crueldad con una falsa sensación de paz.Lena y yo caminamos sin rumbo. Nos alejamos del bullicio de los centros comerciales y de las familias que se reúnen en las ventanas iluminadas. No tenemos un destino, porque, en realidad, no tenemos a dónde ir.—¿Solías celebrar la Navidad con tu familia? —pregunta Lena, rompiendo el silencio.Me toma un segundo responder.—Sí… —Susurro, pero mi voz se apaga. Porque la verdad es que no sé si eso sigue siendo cierto.Hoy no intenté llamarlos. No envié mensajes. No quise enfrentarme a la posibilidad de que también ellos hayan olvidado mi existencia.Lena se da cuenta. Me toma la mano con suavidad y la aprieta, como si quisiera recordarme que sigo aquí. Que ella sigue aquí.Es lo único que me mantiene cuerdo. Un refugio en la tormentaLas hora
El amanecer llega con un frío que se filtra por las grietas de la cabaña, pero no me importa. No quiero moverme. No quiero romper la burbuja en la que Lena y yo nos encontramos. Ella sigue dormida a mi lado, su respiración tranquila, su rostro relajado. Su cabello se desparrama sobre mi brazo, y el calor de su cuerpo todavía se aferra al mío. Anoche la besé. Y ella me besó de vuelta. No fue solo un beso. Fue un juramento. Una promesa silenciosa de que, sin importar lo que pase, encontraremos la forma de recordarnos. Pero la realidad siempre regresa. Y cuando Lena se remueve en sueños, cuando su ceño se frunce por un instante antes de abrir los ojos… siento el miedo reptar dentro de mi pecho. —Buenos días —murmura, su voz ronca por el sueño. Trago saliva. —Buenos días. Lena parpadea un par de veces. Luego, me mira. Y entonces ocurre. Esa fracción de segundo. Ese instante diminuto pero demoledor en el que su mirada se llena de incertidumbre. Como si su mente es