Capítulo 5
Héctor dejó escapar un suspiro, mientras un destello de preocupación brilló en sus ojos furiosos.

—Sal y espérame afuera —le dijo a Valeria— Solo un momento. Luego te llevo a casa.

Valeria no quería, pero finalmente se dio la vuelta con un movimiento exagerado y salió de la habitación.

—Firma los papeles —le dije en un tono firme.

Héctor, en lugar de contestar, se sentó junto a mi cama y puso mi mano entre las suyas.

—Amor, por favor, perdóname. Haz como si nada de esto hubiera pasado. Tenemos un bebé, ¿no es así? Criémoslo juntos, como una familia.

Con cautela, miré la puerta, donde Valeria espiaba con descaro. Apreté los labios con fuerza antes de responder:

—¿Y ella? ¿Qué piensas hacer con ella? ¿No le vas a volver a hablar?

Héctor dudó, era evidente en su mirada. Finalmente, respondió con una mezcla de pesar y resignación:

—Lo he estado pensando mucho. Tú podrías quedarte en el sur, y yo la enviaré al norte. Así, cada una estaría en su lugar, nunca tendrán que encontrarse. ¿Qué te
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