Después del juicio y la ejecución de Raphael, el ambiente en el castillo seguía siendo tenso. Aunque el traidor había sido derrotado, Lucien sabía que las heridas que había dejado en el clan tardarían en sanar. Sin embargo, la amenaza externa no era lo único que pesaba sobre sus hombros. La luna llena, teñida de rojo por una extraña alineación astral, iluminaba el cielo nocturno como un presagio oscuro.Lucien caminaba por los vastos corredores de la mansión, sus pensamientos enredados entre el futuro del clan y su creciente relación con Clara. Cada paso resonaba con un eco frío que reflejaba la soledad que siempre lo había acompañado como líder. Ahora, con Clara a su lado, sentía algo nuevo, una vulnerabilidad que nunca había experimentado.Al llegar al gran salón, la encontró esperando junto al ventanal, su figura iluminada por el brillo rojizo de la luna. Clara había demostrado ser más fuerte de lo que él había imaginado, enfrentando la oscuridad de su mundo con una valentía que no
La calma después de la tormenta parecía solo un espejismo. Aunque Lucien y Clara habían encontrado un momento de paz en su conexión, la tensión en el clan continuaba creciendo. El aire estaba cargado de una energía densa, casi palpable, como si la misma mansión se preparara para algo inminente.En los días siguientes a su apasionada noche juntos, Lucien comenzó a notar pequeños cambios. Los miembros del clan evitaban cruzar miradas con él durante las reuniones. Los guardias estaban inquietos, hablando en susurros cuando pensaban que él no los escuchaba. Incluso entre los vampiros más antiguos, había una frialdad que no había sentido en siglos. Las sombras del pasado parecían volver a cernirse sobre él.Lucien sabía que Elise estaba detrás de esto. La conocía lo suficiente como para entender que no atacaría de frente, sino que buscaría debilitarlo desde dentro. Su astucia era legendaria, y ahora parecía estar usando cada recurso a su disposición para desestabilizarlo.Clara, por otro l
Lucien miró profundamente a Clara, sus ojos reflejando una mezcla de determinación y dolor. Sabía que cada momento que ella pasaba a su lado la ponía en mayor peligro, pero también sabía que no había vuelta atrás. Él ya no podía imaginar su existencia sin ella.—No voy a permitir que nadie te toque —dijo Lucien en un tono que contenía tanto una promesa como una advertencia. Su mano envolvió la de Clara con una suavidad que desmentía su inmenso poder—. Ni ahora, ni nunca.Clara asintió, sintiendo la gravedad de sus palabras, pero también notando el peso de una decisión más profunda que él aún no había revelado. El vínculo entre ellos era innegable, pero en el fondo, ella también comprendía que el precio por estar con él no sería pequeño. Había entrado en su mundo de oscuridad y poder, y ya no había escapatoria.—Lucien... —Clara comenzó a hablar, pero las palabras se ahogaron en su garganta. ¿Qué podría decir? ¿Pedirle que la apartara para salvarla, cuando su corazón clamaba por él?Lu
Lucien permanecía en la penumbra de la habitación de Clara, con su mirada fija en el suelo. Las palabras que había querido decirle, aquellas que podrían liberarla o atarla para siempre, parecían atascadas en su mente. No podía concebir la idea de alejarla, pero sabía que mantenerla a su lado era condenarla a vivir entre las sombras.Clara lo observaba, inquieta. Sabía que él estaba luchando con algo muy dentro de sí, y esa distancia emocional la hacía sentir vulnerable. Había una conexión inquebrantable entre ellos, pero también una barrera que Lucien se resistía a derribar.—Lucien, dime qué te atormenta —susurró Clara, levantándose lentamente de la cama para acercarse a él. Sus dedos tocaron su rostro con suavidad, obligándolo a mirarla—. No tienes que enfrentarlo solo.Los ojos de Lucien finalmente se encontraron con los de Clara, y en ese momento ella vio toda la carga de siglos de inmortalidad, el peso de la responsabilidad de un clan y la amenaza constante que los acechaba.—Tú.
Lucien avanzó con una furia contenida, sus ojos negros como el abismo, mientras mantenía a Clara detrás de él. El silencio de la mansión, roto solo por las palabras venenosas de Elise, hacía que la tensión en el aire fuera sofocante. Clara, incapaz de entender del todo lo que estaba ocurriendo, sintió cómo su corazón latía con fuerza en su pecho. La amenaza que Elise representaba ahora era tangible, una sombra peligrosa que los acechaba.—Te lo advierto una vez más, Elise —gruñó Lucien, su voz baja y mortal—. No te interpongas entre nosotros. Clara no tiene nada que ver con tu ambición o tus juegos de poder.Elise inclinó la cabeza ligeramente, sus labios curvándose en una sonrisa que destilaba malicia. El resplandor del amanecer que se filtraba por las ventanas proyectaba sombras sobre su rostro, acentuando su apariencia predatoria.—Oh, Lucien... —murmuró ella, dando un paso hacia adelante, sus ojos brillando de astucia—. Te equivocas. Clara lo es todo. Es la clave de todo lo que es
El amanecer teñía el cielo de un suave tono anaranjado, pero en el interior de la mansión, las sombras permanecían impenetrables. El eco del enfrentamiento resonaba por los pasillos vacíos, mezclándose con el silencio inquietante. Elise no había terminado su batalla. Estaba más determinada que nunca a tomar lo que, en su mente, le pertenecía: el control del clan y la destrucción de Clara.Clara, aún bajo el choque de lo que acababa de presenciar, se aferró a la mano de Lucien, sintiendo cómo su cuerpo temblaba, pero también una fuerza arrolladora en su presencia. Lucien la envolvió en sus brazos, prometiéndole con cada fibra de su ser que la mantendría a salvo. Pero ambos sabían que lo que enfrentaban iba más allá de sus deseos. Elise era un enemigo formidable y, con la traición de Aldric aún fresca, las probabilidades estaban en su contra.—No puedes escapar para siempre —la voz de Elise resonó a lo lejos, como un trueno que se avecina. Su tono goteaba veneno, segura de su victoria.
El amanecer apenas despuntaba, pero la mansión de Lucien estaba sumida en un silencio cargado de desesperación. Clara, con las manos temblorosas, no se apartaba del cuerpo inmóvil de Lucien. Sus dedos trazaban el contorno de su rostro con una mezcla de angustia y esperanza. Sabía que la naturaleza inmortal de Lucien le daba ventaja sobre la muerte, pero el veneno que corría por sus venas era diferente. Él, un vampiro poderoso, yacía débil, sin apenas respirar. Cada segundo que pasaba, Clara sentía que lo perdía un poco más.Su mente era un torbellino de pensamientos, pero lo único que la mantenía firme era su determinación. No podía dejar que Lucien se desvaneciera. No después de todo lo que habían pasado juntos, y de todo lo que habían sentido el uno por el otro.Con un esfuerzo sobrehumano, Clara se puso de pie. Sus piernas flaquearon, pero logró mantenerse en pie. Debía encontrar ayuda, aunque no sabía exactamente dónde o a quién acudir. Los aliados de Lucien eran escasos, y los qu
El corazón de Lucien resonó débilmente al principio, como si estuviera despertando de un largo sueño. Clara sintió la vibración bajo su palma y, por un momento, se quedó inmóvil, temerosa de que fuera solo una ilusión. Sin embargo, el latido continuó, ganando fuerza con cada segundo. Clara respiró profundamente, aliviada y llena de una extraña mezcla de emociones que la abrumaban.Lucien, el imponente líder del clan, estaba volviendo a la vida gracias a ella. La conexión que habían creado era profunda, mucho más de lo que había imaginado. Se sentía enredada en su esencia, como si cada fibra de su ser estuviera ahora ligada a él. Era un vínculo que la fortalecía, pero también la hacía vulnerable. Cualquier cosa que le sucediera a Lucien ahora repercutiría directamente en ella.Victor, observando desde la distancia, se acercó lentamente. Su rostro, siempre sereno, mostraba una leve sonrisa de satisfacción. El ritual había funcionado.—Lo has hecho, Clara —dijo con un tono suave—. Lucien