Se prendió esto!!
Las últimas palabras de Raymond Ward, siguen repitiéndose en mi cabeza sin parar. Hasta ahora no había querido presionar a Rachel para que me contara lo que pasó la noche en la que su casa se incendió, pero ya no pienso seguir esperando. Necesito saberlo para poder protegerla.―¿Estás lista para hablar?Asiente en respuesta.―Sí. Lamento haber tardado tanto tiempo para contártelo.Inhalo profundo. Inclino mi cara y la beso en la cima de la cabeza. No ha dejado de llorar desde que abandonamos el hospital. No me gusta verla en este estado. Sobre todo, ahora que está más sensible que nunca a causa del embarazo. Hubiera dado todo cuanto tengo para evitarle más sufrimientos.―Soy todo oídos, cariño.Me preparo para escuchar uno de los episodios más terribles de su vida.―Aquella noche desperté ahogada por el humo ―cierro los ojos, necesito tomarme esto con calma―. Fue cuando descubrí que la casa se estaba quemando. Todo pasó muy rápido. No pude hacer nada para salvar a mi madre ―suelta un s
Estaciono el auto a un par de cuadras de la casa. Hay demasiada seguridad como para arriesgarme a que me vean. No me queda más opción que dejar esto en manos de esta estúpida.―No lo olvides, Dee-Dee, si dices algo o haces cualquier movimiento para alertar al equipo de seguridad que vigila la casa, te juro que acabaré con la vida de tu hija. No me pongas a prueba. Tú, mejor que nadie, sabe que no tengo mucha.Sonrío con satisfacción. Esta chica fue uno de los mejores revolcones de mi vida.―Por favor, no le haga daño a mi hija ―me fastidian los dramas―. Puede hacer conmigo lo que quiera, pero deje a mi nena tranquila ―se limpia los mocos con el dorso de su mano―. Haré lo que usted me pida.Ruedo los ojos.―¡Deja la puta lloradera, o se darán cuenta de lo que está pasando, maldita estúpida! ―estoy a punto de creer que esta fue una muy mala idea―. No salgas de allí sin mi mujer, o te prometo que no volverás a verla. Asiente en acuerdo. Se limpia las lágrimas, se coloca los anteojos y se
El dolor que siento en todo el cuerpo es insoportable, pero los calmantes han logrado minimizarlos. Aún no puedo moverme con facilidad, o en otras circunstancias ya me habría largado de este lugar. Tengo miedo de que me encuentren y me vuelvan a encerrar en ese maldito sótano. Muchas de las chicas que salieron de allí jamás regresaron. Incluso, ella, Mirabella…―Massimo, es como un ángel de la guarda ―sonríe orgullosa cuando lo dice―. Siempre está cerca, cuidándome ―niega con la cabeza―. Nunca se detiene ―inhala una bocanada profunda de aire―. A veces puedes sentirte abrumada por su sobreprotección, por sus maneras. Al principio no lo entendía ―pronuncia arrepentida―, atravesaba por una de las etapas más difíciles de mi vida ―sus ojos se humedecen―. Mi padre y mi madre habían muerto recientemente en un accidente. Fue un golpe terrible para nosotros ―sus palabras suenan temblorosas―, sobre todo para mí. Extiendo mi brazo y tomo su mano.―Lo siento.Ella baja su mirada y, observa con as
Entro a la residencia De Luca como alma que lleva el diablo. Atravieso la sala y subo las escaleras de dos en dos. Mi corazón está latiendo a mil kilómetros por hora. No sé qué demonios sucedió, pero al escuchar el nombre de mi mujer me volví loco. Al llegar a nuestra habitación, abro la puerta y me encuentro con una escena dantesca que me deja sin aire en los pulmones. Alfred gira su cara hacia mí en cuanto me siente llegar. Eleva su mano para indicarme que me detenga, que la situación ya es bastante dedicada como para que intervenga. ¿Qué sucede? Pregunto, con un movimiento de mis labios, sin mencionar una sola palabra. Él me responde de la misma manera con un no sé. Vuelve a poner su atención en la chica para intentar persuadirla.―Tranquilícese, señorita. Por favor, no cometa una locura.Le indica a la chica que rescatamos de la mansión del senador, quien en este preciso instante lo apunta con una maldita pistola. ¿De dónde carajos la sacó? Pero lo que realmente deja mi sangre hela
Retrocedo un par de pasos y observo alrededor como buscando ayuda en medio de este valle de angustias que acaba de cogerme por el cuello y me deja sin respiración. Tiemblo de pies a cabeza, pero casi en el acto, la angustia y la preocupación se ven reemplazados por una poderosa fuerza de ira y enojo con la intensidad destructiva de una bomba atómica. Ese maldito quiere a mi mujer. Ella siempre fue su objetivo. Todo se trata de una venganza contra nosotros o solo quiere quitarnos de su camino para quedarse con ella. Quizás ambas. Me doy la vuelta en el preciso instante en que Massimo abandona la habitación con la chica entre sus brazos.―¡Alfred! ―llamo su atención con un grito furioso―. Lleva a Dee-Dee a la oficina de Massimo y espérame allí con ella. Y no la pierdas de vista. Rachel se levanta de la cama y se acerca a mí.―Quiero ir contigo, Lud. No me dejes fuera de esto.Inhalo profundo. Mientras más esfuerzo hago para alejarnos de los problemas, estos parecen venir a nosotros.―N
El día del rescateInhalo profundo. Desde que esta chica apareció en mi vida, mi mundo ha dado un vuelvo completo. No sé qué demonios me está pasando, pero siento una necesidad imperante de protegerla, de no apartarme ni un solo segundo de su lado. ¿Qué me está pasando?―No, no me toquenSusurra en medio de su inconsciencia.―Esta chica necesita atención psicológica, Massimo, ha sufrido lo indecible durante todo el tiempo que pasó en cautiverio ―me indica, Gabriel, al terminar la evaluación―. Si la trasladamos a mi clínica, podría mantenerla vigilada y solicitar la asistencia de diversos especialistas para que hagan un estudio más profundo y completo. La hospitalizaremos durante el tiempo que sea necesario.Antes de que pueda pensar de forma racional mi respuesta, las palabras se escapan de mi boca como si fuera una respuesta natural.―No, se quedará aquí en casa.Al darme cuenta de lo que he dicho, me quedo paralizado.―¿Comprendes que lo que acabo de sugerirte no se ha tratado de un
Ese mismo día, en la madrugadaDespués de la media noche, Ludwig, Robert, Jacob, Antonio y yo, nos dirigimos al escondite en donde tenemos oculto a ese puto senador. Después de dos horas de torturas dolorosas, a las que ningún ser humano podría resistirse, no logramos sacarle ninguna información importante a ese maldito hijo de puta.―¿A quién se la vendiste?Abre el único ojo que, hasta ahora, le sirve.―No… No lo sé ―gime adolorido―. El comprador fue anónimo. Nunca nos interesamos en su identidad.Le doy un puñetazo en el costado que le hace crujir los huesos.―¿Vas a dejarme alguna parte que sirva? ―comenta Robert, en tono irónico―. ¿Piensas quitarme la diversión?Inhalo profundo y me separo de ese miserable.―Ya no me sirve de nada ―expreso afligido―. Es todo tuyo.Hay un dolor insoportable presionando dentro de mi pecho. He perdido las esperanzas de encontrar a mi hermana. Es como buscar una puta aguja en un pajar. Ninguno de los libros que ese miserable escondía en los archivos
―Lo siento ―indica, Massimo, antes de levantar a la chica como un saco de papas y arrojarla sobre su hombro―. La fiebre la está haciendo desvariar.Todos miramos, desconcertados, la escena.―¿Qué estás haciendo, bruto? No estoy desvariando ―se queja la chica al volar por los aires―. Nunca he hablado más serio en toda mi vida.Massimo ignora sus reclamos, mientras abandonan la habitación.―Te prometo que te amarraré a la cama si no dejas de decir tonterías.La escena me parece surreal. ¿Qué acaba de pasar entre esos dos? Vuelvo a poner mi atención en mi mujer.―Señores, ¿pueden, por favor, dejarme a solas con mi mujer?Robert se acerca a Dee-Dee y se hace cargo de ella.―Ven conmigo, Anika. Te prometo que, esta misma noche, vamos a resolver lo de tu pequeña.Rachel y yo mantenemos nuestras miradas fusionadas, mientras el resto de las personas se encarga de sus asuntos. Después de que todos salen, me acerco a mi mujer.―¿Qué idea tan absurda se le ha ocurrido a esa cabecita?Baja la mir