se asesino va a caer!!
Retrocedo un par de pasos y observo alrededor como buscando ayuda en medio de este valle de angustias que acaba de cogerme por el cuello y me deja sin respiración. Tiemblo de pies a cabeza, pero casi en el acto, la angustia y la preocupación se ven reemplazados por una poderosa fuerza de ira y enojo con la intensidad destructiva de una bomba atómica. Ese maldito quiere a mi mujer. Ella siempre fue su objetivo. Todo se trata de una venganza contra nosotros o solo quiere quitarnos de su camino para quedarse con ella. Quizás ambas. Me doy la vuelta en el preciso instante en que Massimo abandona la habitación con la chica entre sus brazos.―¡Alfred! ―llamo su atención con un grito furioso―. Lleva a Dee-Dee a la oficina de Massimo y espérame allí con ella. Y no la pierdas de vista. Rachel se levanta de la cama y se acerca a mí.―Quiero ir contigo, Lud. No me dejes fuera de esto.Inhalo profundo. Mientras más esfuerzo hago para alejarnos de los problemas, estos parecen venir a nosotros.―N
El día del rescateInhalo profundo. Desde que esta chica apareció en mi vida, mi mundo ha dado un vuelvo completo. No sé qué demonios me está pasando, pero siento una necesidad imperante de protegerla, de no apartarme ni un solo segundo de su lado. ¿Qué me está pasando?―No, no me toquenSusurra en medio de su inconsciencia.―Esta chica necesita atención psicológica, Massimo, ha sufrido lo indecible durante todo el tiempo que pasó en cautiverio ―me indica, Gabriel, al terminar la evaluación―. Si la trasladamos a mi clínica, podría mantenerla vigilada y solicitar la asistencia de diversos especialistas para que hagan un estudio más profundo y completo. La hospitalizaremos durante el tiempo que sea necesario.Antes de que pueda pensar de forma racional mi respuesta, las palabras se escapan de mi boca como si fuera una respuesta natural.―No, se quedará aquí en casa.Al darme cuenta de lo que he dicho, me quedo paralizado.―¿Comprendes que lo que acabo de sugerirte no se ha tratado de un
Ese mismo día, en la madrugadaDespués de la media noche, Ludwig, Robert, Jacob, Antonio y yo, nos dirigimos al escondite en donde tenemos oculto a ese puto senador. Después de dos horas de torturas dolorosas, a las que ningún ser humano podría resistirse, no logramos sacarle ninguna información importante a ese maldito hijo de puta.―¿A quién se la vendiste?Abre el único ojo que, hasta ahora, le sirve.―No… No lo sé ―gime adolorido―. El comprador fue anónimo. Nunca nos interesamos en su identidad.Le doy un puñetazo en el costado que le hace crujir los huesos.―¿Vas a dejarme alguna parte que sirva? ―comenta Robert, en tono irónico―. ¿Piensas quitarme la diversión?Inhalo profundo y me separo de ese miserable.―Ya no me sirve de nada ―expreso afligido―. Es todo tuyo.Hay un dolor insoportable presionando dentro de mi pecho. He perdido las esperanzas de encontrar a mi hermana. Es como buscar una puta aguja en un pajar. Ninguno de los libros que ese miserable escondía en los archivos
―Lo siento ―indica, Massimo, antes de levantar a la chica como un saco de papas y arrojarla sobre su hombro―. La fiebre la está haciendo desvariar.Todos miramos, desconcertados, la escena.―¿Qué estás haciendo, bruto? No estoy desvariando ―se queja la chica al volar por los aires―. Nunca he hablado más serio en toda mi vida.Massimo ignora sus reclamos, mientras abandonan la habitación.―Te prometo que te amarraré a la cama si no dejas de decir tonterías.La escena me parece surreal. ¿Qué acaba de pasar entre esos dos? Vuelvo a poner mi atención en mi mujer.―Señores, ¿pueden, por favor, dejarme a solas con mi mujer?Robert se acerca a Dee-Dee y se hace cargo de ella.―Ven conmigo, Anika. Te prometo que, esta misma noche, vamos a resolver lo de tu pequeña.Rachel y yo mantenemos nuestras miradas fusionadas, mientras el resto de las personas se encarga de sus asuntos. Después de que todos salen, me acerco a mi mujer.―¿Qué idea tan absurda se le ha ocurrido a esa cabecita?Baja la mir
Estoy nerviosa. No sé si pueda quedarme tranquila sabiendo que todas las personas que me importan corren peligro.―Prométeme que volverás. Se inclina y me besa en los labios al cubrirme con la sábana.―Nada ni nadie me va a impedir volver a ti, cariño ―me vuelve a besar y se pone de pie―. Descansa, por favor, ha sido demasiado estrés para ti durante las últimas veinticuatro horas. Piensa en nuestro hijo. Él te necesita más que nunca.Asiento en respuesta, pero, por más que me lo pida, no voy a poder quedarme tranquila hasta que regrese a mí. Después de esperar a que se cambie de ropa y salga de la habitación, me pongo de pie. Me acerco a la ventana y los observo, mientras se preparan para salir a cazar a ese asesino. No sé por qué siento una extraña sensación de angustia. Media hora después, veo salir a Lud, junto a Robert y Jacob, sus inseparables compañeros de aventura. Al menos eso me deja un poco tranquila, porque sé que ellos no permitirán que nada le pase al padre de mi hijo. A
La señal recibida desde el rastreador de la pequeña, nos lleva a un barrio de los suburbios situado muy cerca de la zona en la que está ubicada la residencia De Luca.―Muy apropiado para ese maldito hijo de puta.Espeto, plagado de ira.―Todo fue planeado meticulosamente ―comenta Massimo en el mismo tono―. Es así como supo cada uno de nuestros movimientos y el momento preciso para actuar.Estoy deseoso por poner mis manos sobre él y acabar con su miserable vida.―Estamos llegando.Anuncia Jacob al estacionarse a un lado del paraje abandonado.―¿Qué lugar es este?Pregunta, Robert, sorprendido por el estado de abandono en el que se encuentra el lugar. Esta vez es Antonio el que responde.―La guarida perfecta para alguien que no quiere ser encontrado.Eso es justamente lo que pensé. Massimo les da las instrucciones a sus hombres para que rodeen la casa y estén atentos a cualquier movimiento. Los cinco nos preparamos para asaltar la cabaña, con la esperanza de salvar la vida de la pequeñ
Tiemblo de pies a cabeza cuando escucho que el teléfono repica. Inhalo profundo, antes de responder.―Dígame, reverendo.Respondo segura.―Qué bueno es oírte de nuevo, preciosura ―siento repulsión tan solo al escuchar su voz―. Me gusta que seas una chica obediente, Rachel.Cierro los ojos y los aprieto con fuerza. Sé que pronto terminaré con esto, solo debo soportarlo hasta que llegue el momento oportuno. Convencerlo de que me tiene bajo su control.―Escucho sus instrucciones, padre Graham.Hasta ahora le he hecho pensar que soy la misma chica tonta e ingenua que conoció en otrora. Que puede manipularme a su antojo.―Por fin ha llegado el día de estar juntos, cariño ―expresa con orgullo―. De ser felices para siempre.Tiemblo de pies a cabeza. Lo único en lo que pienso es en el momento en que hunda mi daga en el fondo de su estómago. Vengar la muerte de mi madre y matarlo antes de que le haga daño al hombre que amo.―Muero por reunirme con usted, reverendo. Lo he esperado durante todo
Nunca antes sentí tanto miedo como ahora. La vida de mi mujer y la de mi hijo, penden de un hilo.―¿Qué mierda, Ludwig? ―pregunta, Massimo, con el mismo tono de desesperación que usé con Victoria, segundos atrás―. ¿Qué es lo que está pasando con Rachel?Sin necesidad de que se lo diga, Robert comprende la situación.―Iré a llevar a mi esposa, a su habitación. Voy a pedir que preparen un té para ella, está muy alterada. Me reuniré con ustedes en unos minutos.Ambos asentimos en respuesta. Espero a que ellos se alejen para tenderle la nota a Massimo.―Léelo por ti mismo ―le digo con un tono de voz sombrío que augura el infierno que está por venir. Voy a mover cielo y tierra hasta encontrarla―. Pero hazlo rápido, Massimo, porque iré ahora mismo a buscar a mi mujer y nada ni nadie podrá detenerme.Desdobla la hoja y lee su contenido. Apenas termina de leerla, eleva su cara y me mira a los ojos con determinación.―Prepararé al equipo e iremos por ella ―me dice determinado―. Pero antes nece