C43- HAZLO POR MI.Dos días después, la tranquilidad en la mansión se rompió de golpe. La sala, que normalmente era un espacio cálido y acogedor, se había convertido en un campo de batalla. Luna estaba de pie frente a Cassio, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su mirada ardía de frustración, mientras que él, con las manos en los bolsillos y la mandíbula apretada, intentaba mantener la calma, aunque claramente estaba al borde de perderla.—¡Esto no tiene sentido, Cassio! —exclamó Luna, alzando un poco la voz—. No puedes pretender que me quede encerrada aquí como si fuera una prisionera. Esto es por Esteban, ¿verdad? —espetó Luna de repente, deteniéndose frente a él—. Sabía que esto tenía que ver con eso. Pensé que ya lo habías superado, Cassio.Él apretó los labios, visiblemente molesto, pero no respondió de inmediato. Luna aprovechó su silencio para continuar.—¡Porque si es por eso, te estás comportando como un niño! Ya te dije que no lo voy a volver a ver, ¿qué más quieres d
C44- DESOBEDIENCIA.El puño de Cassio se estrelló contra el rostro del hombre con una fuerza brutal. Él gimió de dolor, su cabeza cayendo hacia un lado mientras un hilo de sangre bajaba por la comisura de sus labios. Su rostro estaba hinchado, casi irreconocible, con un ojo cerrado por la inflamación y el otro apenas abierto.Cassio dio un paso atrás, respirando profundamente mientras se quitaba el puño, sacudiendo la mano como si intentara librarse de la rabia que aún lo consumía. Su mirada era fría, calculadora, pero había un fuego en sus ojos que dejaba claro que no había terminado. Avanzó de nuevo y le agarró la mandíbula con fuerza, obligándolo a levantar la cabeza.—¿Quién te contrató? —preguntó—. ¿Quién está detrás de esto?Él intentó hablar, pero solo logró emitir un gemido ahogado. Y Cassio apretó más fuerte, haciendo que el hombre soltara un grito ahogado. La desesperación en sus ojos era evidente; sabía que no tenía salida. Finalmente, con la respiración entrecortada y el r
C45- TRAMPA. Luna caminaba rápido, con el corazón latiéndole en las sienes. Había llegado al lugar de la cita. Sus botas crujieron sobre el sendero de grava mientras buscaba a Esteban con la mirada. Ahí estaba, a unos metros de distancia, pero no estaba solo. A su lado había un hombre alto, de traje oscuro, con una presencia que imponía. Su postura era firme, como si estuviera acostumbrado a controlar cada situación, y sus ojos, fríos y calculadores, parecían escanearlo todo. Tenía esa vibra que uno reconocía de inmediato: un agente, alguien que perseguía criminales. Luna frenó en seco, sintiendo un nudo en el estómago. Algo no estaba bien. Su respiración se volvió más rápida, y su corazón empezó a latir con fuerza, como si quisiera advertirle que corriera. —Esteban… —murmuró, dando un paso atrás, con los ojos llenos de incertidumbre. Esteban tragó saliva y avanzó hacia ella, levantando las manos como si quisiera calmarla. —Luna… no quería que esto pasara, pero no podía quedarme d
C46-NO VALES LA BALA.Cassio iba al volante, con una mano apretando el celular y la otra aferrada al volante. Había leído el mensaje de Luna al menos diez veces, pero algo no le cuadraba. Conocía a Luna, sabía cómo hablaba, cómo escribía, y esas palabras... no eran de ella. Había algo extraño, algo que no podía ignorar. —¿Qué demonios está pasando? —murmuró, mientras aceleraba.El café abandonado estaba cerca, pero la sensación de que algo iba mal no lo dejaba en paz. Su instinto le gritaba que no confiara, pero ¿y si realmente estaba en peligro? No podía arriesgarse a no ir.De repente, el teléfono vibró en su mano, sacándolo de sus pensamientos. Miró la pantalla y frunció el ceño. Era Enzo. ¿Por qué lo estaba llamando ahora? Dudó unos segundos, pero terminó contestando. —¿Enzo? —Presta atención —la voz de Enzo era tensa, directa—. Acabo de recibir información de la Agencia de Control de Actividades Ilícitas. Mi informante me avisó que un tal Agente Grey está en Palermo y específic
C47- CASTIGO.El auto se detuvo frente al muelle, donde los yates se balanceaban suavemente con el vaivén del agua. Cassio salió del vehículo sin decir una palabra, y Luna lo siguió, confundida pero sin atreverse a preguntar. Las cosas entre ellos estaban tensas, y ella sabía que cualquier palabra de más podría empeorar la situación.—Señor, ya está listo —informó un hombre, inclinándose ligeramente.Cassio pasó a su lado sin detenerse, y Luna lo siguió de cerca. Delante de ellos había un magnífico yate, imponente y lujoso, con luces que se reflejaban en el agua oscura.—¿Qué vamos a hacer aquí? —preguntó ella finalmente, sin poder ocultar el nerviosismo en su voz.Cassio se detuvo un segundo y la miró por encima del hombro.—¿Qué pasa? ¿Estás preocupada?—No, no es eso... pero... —titubeó, buscando las palabras adecuadas.—Después de lo que pasó, estar en tierra no es seguro —dijo Cassio, con un tono firme pero calmado—. No te preocupes, no voy a matarte y luego lanzarte al mar. Pero,
C48- ENTRE SUS BRAZOS.Al día siguiente, Cassio no podía con la preocupación. No fue hasta que llegó al hotel que se dio cuenta de lo fuerte que había sido la tormenta. Había sido un error dejar el yate, pero en ese momento no había forma de volver. Ahora, la culpa lo consumía.Sabía que se había pasado la noche anterior, y más aún porque Luna le tenía pánico a las tormentas. Su mente no dejaba de torturarlo con la peor posibilidad.«Con suerte no se lanzó al agua… No, no pudo ser tan loca. ¡Pero ¿si lo hizo y se ahogó tratando de llegar a la orilla?!»Cassio apretó los puños, maldiciéndose una y otra vez.―¡Idiota! ¿En qué estabas pensando? ¡Pobre Luna… debía estar aterrada!Pero al mismo tiempo trataba de calmarse. El yate era lo suficientemente grande como para resistir cualquier cosa. Ni un huracán podría volcarlo. Ella estaría bien… tenía que estar bien.Sin embargo, él tampoco había dormido. Entre la preocupación y la enorme erección que lo había torturado toda la noche, apenas
C49- ENTRE SUS BRAZOS (II)Un leve movimiento sacó a Cassio de su sueño. Parpadeó, desorientado, y sintió cómo ella se alejaba de su lado. Sin pensarlo, extendió el brazo y la alcanzó. —No te muevas —susurró, con la voz aún rasposa por el sueño. Luna se detuvo un segundo, pero luego respondió, fría, distante: —Tengo que ir al baño. Y antes de que Cassio pudiera decir algo más, ella se soltó de su agarre y se metió al baño. La puerta se cerró con un leve clic, dejándolo solo. El tiempo pasó más lento de lo que esperaba. Cassio miró el techo, luego el reloj, y finalmente no pudo más. Se levantó, preocupado, pero apenas había dado un paso hacia la puerta cuando esta se abrió de golpe. Luna estaba ahí, con el rostro limpio y fresco, las gotas de agua aún brillando en su piel. Se quedó de pie, mirándolo con los brazos cruzados. —¿Cuándo llegaste? —Al amanecer, cuando la tormenta amainó, mariposa... Yo... —No, Cassio —lo interrumpió ella, su voz quebrándose ligeramente—. No puedes l
C50- ENCUENTRO EN VENECIA.Luna se detuvo al borde del muelle, mirando la góndola que flotaba suavemente en las aguas oscuras y brillantes de Venecia. Las luces titilaban en la superficie, reflejando los pétalos de rosa que decoraban el borde de la embarcación. Cassio, siempre tan seguro de sí mismo, extendió una mano hacia ella.—Vamos, mariposa. No me digas que te da miedo un paseo en góndola —dijo con una sonrisa descarada, su tono estaba cargado de esa mezcla de burla y encanto que siempre lograba desarmarla.Habían llegado hace una noche y después de pasar todo el día en el hotel, Luna exigió salir. Le gustaba estar entre sus brazos, pero también quería pasar tiempo de calidad con el y por supuesto conocer.Ella tragó saliva, sintiendo cómo su corazón latía más rápido de lo que debería. Miró su mano, grande y firme, y finalmente la tomó. Su piel era cálida, y la forma en que sus dedos se entrelazaron con los de ella le hizo sentir una electricidad que le recorrió todo el cuerpo.