218: Arañas venenosas
La noche era fría y silenciosa en el corazón del bosque. Solo los crujidos de las ramas y el leve susurro del viento acompañaban a Alice y Daniel mientras se adentraban en el lugar, alejándose de los ecos de la explosión que resonaban en la distancia. Alice caminaba con pasos torpes y rápidos, sus ojos reflejaban puro pánico. De repente, se detuvo, dio un giro brusco y agarró a Daniel por el brazo.

—¡No puedo más! —Gritó Alice, con su voz quebrada por el miedo. —¡Esto es culpa mía! De no haber sugerido que le tendiéramos esa trampa a Martínez no nos habrían secuestrado.

Daniel tomó un profundo respiro, tratando de mantener la calma. Su formación como policía le dictaba cómo actuar en momentos como este, pero lidiar con el terror de Alice, mezclado con su propia preocupación, no era tarea fácil.

—Alice, escúchame. —Dijo con tono firme, pero no amenazante. —Necesito que te concentres ahora. No estás sola. Te prometí que te protegería, ¿verdad? Lo haré. Pero primero necesitamos mantenerno
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