Todos los capítulos de Alfa Rechazado: Luna, vuelve con mis cachorros : Capítulo 51 - Capítulo 60
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51. No había vuelta atrás
51Magnus Observé cómo Eve se alejaba sin mirar atrás.Una sonrisa satisfecha se formó en mis labios. No me había rechazado.Sí, se fue. Sí, seguramente estaba maldiciéndome ahora mismo, tratando de convencerse de que no sintió nada. Pero lo vi en sus ojos. La confusión. La lucha interna.Me recargué contra una de las columnas del gimnasio y exhalé con calma. No la presionaré… o tal vez sea mejor decir que lo intentaré.Antes, cuando la perdí, la quise de vuelta a la fuerza. Cometí errores, dejé que mi ira y mi desesperación hablaran por mí. Ahora sé que eso no funcionará. Si quiero que vuelva, debe ser ella quien dé el primer paso.La quiero con todo su fuego, con toda su fuerza. No la frágil mujer que alguna vez fue, sino la guerrera que se ha convertido. Y si para eso debo esperar, esperaré.Pero no sin hacerle ver que sigue siendo mía.—¿Está bien, alfa? —la pregunta me trae de nuevo al presente y me fijo en Orión.—Mi luna es difícil de reconquistar —dije con sinceridad
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52. Reloj corriendo
52EveDespués de pasar el día con Kasius y entrenar me bañé y me puse un vestido rojo y unas botas de caña alta, ahora que la noche estaba cayendo decidí buscar a Orión para que me lleve a la ciudad. Quería alejarme de la mirada penetrante de Magnus.Lo que no esperaba era encontrarme con Ethan Lupin. —Eve —dijo con una sonrisa al verme— que alegría verte de nuevo por aquí. Ethan, el Beta de una manada aliada.Fuerte, atractivo, confiable. Perfecto para mi plan de distracción. —Ethan —sonreí mientras me acercaba con naturalidad—. ¿Qué haces aquí? —Negocios —respondió encogiéndose de hombros—. ¿Y tú? —Disfrutando de mi libertad —dije con un tono juguetón, sintiendo el ardor de la mirada de Magnus a lo lejos. Ethan arqueó una ceja, curioso. —¿Libertad? —Sí, es agradable no estar atada a nadie. La mirada pesada de Magnus se acercó con calma, pero no interrumpió. No todavía.Ethan sonrió y extendió su brazo. —¿Te gustaría tomar algo conmigo, entonces?
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53. Eres buena estratega
53Sofía—Princesa —dijo una voz que goteaba desdén.—Lobo —respondí sin saber qué más decir.Una risa colectiva se esparció por el río Nythros, erizándome la piel con la vergüenza de haberme metido en esto sola. Frente a mí, un hombre con una presencia dominante me observaba con diversión.—Dime Alfa Malaki —corrigió con un tono cargado de orgullo.Era un poco mayor que mi hermano, pero en los hombres lobo eso no significaba nada. Podían vivir setecientos años sin que su edad se notara demasiado. Su piel curtida por el sol tenía cicatrices de batallas en los brazos, y una en particular atravesaba su ojo derecho desde la frente hasta la mejilla, dándole un aire aún más aterrador.¿Había cometido un error en venir aquí sola?Los guerreros que solían escoltarme habrían avisado a mi hermano, y él me habría encerrado sin pensarlo dos veces. No. Esto era lo correcto.Dejé que una nueva oleada de determinación se asentara en mi pecho.—Vine aquí para encomendarte un trabajo —dije
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54. Feromonas y drogas
54SerenaEstaba entrando a mi oficina esa tarde para buscar unos documentos cuando vi una figura alta e imponente esperándome. Tragué grueso.—Tío Nicolás… ¿qué haces aquí? —saludé, tratando de recomponerme.Él me dedicó una mirada fría y cortante.—¿Me puedes decir por qué, después de seis meses, aún no eres la Luna de esta manada? —me pregunta con irritación— ahora esa esclava rebelde regresó ¿Qué harás?Apreté la mandíbula.—Tío… Ahora Cerverus no me quiere ver, y Magnus se pone agresivo. Ha habido muchos en la manada que han terminado golpeados o, peor aún, en coma, solo porque Magnus los escucha hablar mal de esa maldita esclava —le di una excusa muy convincente.—Ese no es mi problema —espetó con dureza—. Si no te apuras, vamos a estar en problemas. La farmacéutica necesita una inyección de capital, así que drógalo, mátalo, amárralo… haz lo que te dé la gana, Serena, pero haz algo.Su amenaza me cayó como una losa, pero yo ya había intentado todo.—La droga no funciona si no pu
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55. Un duelo aburrido
55EvaAmbos hombres me veian atonitos, casi como si no creyeran que yo estaba alli tan furiosa que podria matar a alguien.—¿Serena? —preguntó Orión.Mis ojos se fijaron en él y dio un paso atrás.—Búscala o dime dónde encontrarla —dije de malos modos.—Ya no vive en la casa de la manada, está en su mansión… ¿Me vas a decir qué sucede? —cuestiona Magnus perdido. Le lancé la carpeta directo a la cara.Su enojo por mi acto se transformó en desconcierto, y luego en asombro cuando vio lo que contenía.Me di media vuelta y caminé directo a la mansión Riverwood.—Esto me lo vas a pagar, perra. —murmuré con paso decidido mientras escuchaba la explosión de palabras tras de mí.El temperamento de Magnus había estallado detràs de mì y, por primera vez, no estaba allí para calmarlo.Mi objetivo era otro.Menos de diez minutos de caminata no hicieron nada para calmar mi rabia. Si acaso, la avivaron.Este odio, que había hervido a fuego lento por más de una década, ahora era odio con sed de veng
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56. Las disculpas llegan tarde
56EvaLa miré con todo el odio que sentía en mi interior. Si bien no podía matarla sin un debido juicio, sí podía hacerla sufrir un poco.La incredulidad en el rostro de Serena era digna de ser inmortalizada. El entendimiento de que Magnus la había abandonado se instaló en su pecho como un puñal, y la misma certeza se reflejó en los ojos de todos los presentes.Mis guerreros me observaban con preocupación, pero la manada… La manada me miraba como si me notaran por primera vez, después de años y años de condena de su parte. Les devolví la mirada fría y hueca que ellos mismos ayudaron a moldear.—Lo… siento. No debí… —balbuceó Serena.—Las disculpas llegan tarde —la corté de inmediato—. Mis hijas están marcadas por ese incendio, y alguien debe pagar.—No hubo víctimas fatales —intervino Nicolás, el tío de Serena.Lentamente, giré la cabeza hacia él y le dediqué una mirada gélida.—Nadie pidió su opinión, señor Riverwood.—No puedes hacer esto —refutó Olga Riverwood.Mi ceja se alzó con
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57. Límite peligroso
57EvaNo le di una respuesta. Me zafé de su agarre y me fui de allí sin mirar atrás.Cuando llegué, Orión y Liam me esperaban en la entrada.—¿Qué harás con ella? —preguntó Orión con cautela.—Un juicio. Ya lo dije.—Sabes que es la heredera de la farmacéutica más grande del mundo —me recordó, y me detuve en seco.Giré levemente el rostro y levanté una ceja con una sonrisa que no tenía ni un ápice de calidez.—¿Entonces por eso debe salir de rositas mientras marca a mis hijas?—No es eso lo que quise decir…—Ve a descansar, Orión. Ya es tarde —le corté antes de que siguiera.Él asintió, entendiendo que estaba cruzando un límite peligroso. Mis hijos eran mi punto de inflexión.Cuando se marchó, Liam habló por primera vez.—No la vas a dejar así no más, ¿verdad? —dijo en voz baja—. Dañó a las princesas.Le sostuve la mirada con calma y luego sonreí de lado antes de darme la vuelta para caminar hacia las celdas. Liam me siguió como una sombra silenciosa.Los guardias nos dejaron pasar s
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58. Sucesos y búsqueda
58Magnus—Se desmayó, Alfa —dijo un guerrero con urgencia.Me acerqué de inmediato, observando el cuerpo tendido en el suelo. Algo no estaba bien.—Llévenlo al hospital —ordené con firmeza, pero no me aparté.—Magnus... no está sanando —la voz de Eve llegó hasta mí, tensa, preocupada.Fruncí el ceño y me incliné, inspeccionándolo de cerca. Era cierto. A pesar de su regeneración, la herida permanecía abierta, supurando un líquido oscuro. Y lo peor...El olor.Dulce, pero químico. Veneno.—¡Llévenlo de inmediato! —gruñí, perdiendo la paciencia.—Luna Eva, podemos ayudar —dijo un hombre a mi espalda.Me giré y encontré a uno de sus guerreros mirándome con seriedad.—Es cierto, son los mejores rastreadores —afirmó Eve.Si Eve lo decía, entonces era verdad.—Vamos —dije sin dudar.Un anciano se acercó y me entregó las riendas de un caballo. Los carros no podían atravesar esta parte del territorio, así que cabalgar era la única opción. Extendí la mano hacia Eve, esperando que la tomara.Du
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59. Alfa muerto
59EvaEl alfa de la manada Polvo de Luna estaba muerto. El consejo ya estaba en camino, y mientras esperábamos noticias del médico, un peso denso se instaló en mi pecho. No era nuestra jurisdicción, pero algo en mi interior me decía que esta muerte y la desaparición de Sofía estaban conectadas. —No me gusta esto —murmuré, frotando mis brazos, intentando disipar el frío que no venía solo del clima. Magnus, a mi lado, me observó en silencio por unos segundos antes de dar un paso más cerca. Su calor era una presencia innegable, una tentación que no debía permitirme sentir. —A mí tampoco —respondió en voz baja—. Pero lo resolveremos. No respondí. No quería admitir que estaba preocupada, no solo por la niña, sino por la sombra oscura que parecía envolverlo todo. —¿Por qué desapareció así? —pregunté en un susurro, casi para mí misma. —No lo sé —su voz era tensa, como si odiara no tener respuestas—, pero la encontraremos, Eva. No estaba segura de si hablaba de Sofía o de otra persona
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60. No era la forma
60CedricYa había prometido llevar a mis sobrinas con mi hermana. No podía fallarles ahora.—¿Cómo puedo echarme atrás después de prometerlo? —dije mientras guardaba lo último en mi bolso de viaje.Mi madre me observaba con los brazos cruzados, pero sus ojos reflejaban comprensión.—Te entiendo —dijo finalmente—. Ve, yo me encargo de tu padre.Asentí y continué empacando, pero antes de que pudiera cerrar la maleta, ella habló de nuevo, con un tono más suave, casi ensoñador.—Mis princesas nunca habían estado tanto tiempo lejos de Eva.Hice una pausa. Era cierto. Por mucho que mis sobrinas fueran niñas fuertes y vivaces, Eva siempre había sido su pilar.—Sí… y por lo que me dijo Liam, parece que ese Alfa dañó las camionetas. —Lo mencioné con aparente tranquilidad, pero observé de reojo la reacción de mi madre.Ella tensó los labios y sus ojos se oscurecieron.—¿Crees que quiera recuperar a tu hermana?La preocupación en su voz era palpable. Llevábamos poco tiempo compartien
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