33. El precio de la magia
33Eva—Querida, cámbiate los zapatillas a algo más cómodo, Escarlata vive en lo alto de la montaña —me señaló detrás de ella.—Oh, está bien —respondí, dándome media vuelta para salir corriendo.Cuando estuve lista de nuevo, bajé rápidamente y nos pusimos en marcha, no antes de dejar a las niñas con Annie e Isolde.—Mamá, ¿podemos ir contigo? —preguntó una de ellas con ojitos brillantes, aferrándose a mi falda.—Sí, queremos ir a la montaña también —insistió la otra, saltando en su lugar.—No, mis amores, es un camino largo y difícil. Quédense con Annie e Isolde, ¿sí? Mamá vendrá pronto —les di un beso en la frente.—Pero nos portaremos bien —suplicó la más pequeña, aferrándose más fuerte a mi vestido.—Por favor, mamá, nunca nos llevas contigo a ningún lado —dijo la otra con un puchero, mirándome con sus enormes ojos suplicantes.Suspiré, intentando mantenerme firme.—No es seguro para ustedes —insistí.—Podemos caminar despacio —dijo una, mientras la otra asentía con energía.—Y si
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