DAMIÁN ASHFORDPor fin me habían dado de alta y la necesidad de hablar con Andy antes de dejar el hospital me carcomía el alma. Con cada segundo que pasaba, la ansiedad aumentaba. Quería llevarme a los niños y a ella de regreso a casa, a Estados Unidos, donde realmente pertenecíamos, pero aquí tenían su vida, sería una conversación difícil. ¿Podría ser yo quien se quedara? ¿Podrá iniciar de cero con ella aquí, en Francia? Sin embargo, cuando llegué a la habitación de León, ella no estaba allí. En su lugar, encontré a Victoria y a León, quienes me recibieron con una energía extraña, demasiado contenidos, demasiado callados para ser ellos.—¿Dónde está su mamá? —pregunté fijándome en sus miradas esquivas. Victoria entrelazó sus deditos sobre su regazo, pensativa, viéndome con recelo. Era como si todas esas barreras que me había abocado a derribar en esas últimas semanas volvieran a estar de pie. —Está resolviendo el papeleo de León —respondió con un hilo de voz y agachó la mirada. —Ah
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