ANDY DAVIS—León tiene razón —contesté poniéndome de pie, apesadumbrada—. Nunca me han mentido, ni en sus travesuras más complejas. Saben que los accidentes pasan y que nunca me voy a enojar solo por eso. Estoy segura de que ellos no hicieron nada malo.Me acerqué a mis pequeños y los estreché con fuerza, besando sus cabezas, intentando reconfortarlos, aunque yo me sentía mal por mi teléfono.—No te preocupes, Andy. Te compraré uno nuevo y mejor. Ya era hora de cambiarlo, ¿no crees? —dijo Bastián aceptando dejar el tema atrás.—No quiero un teléfono nuevo. Este aún servía. Jamás había hecho algo así. —Lo miré con el ceño fruncido. Bastián sonrió con dulzura, acariciando un mechón de mi cabello.—No tienes que aferrarte al pasado —dijo
DAMIÁN ASHFORDDesperté con la cabeza dándome vueltas, la boca seca y un peso extraño en el cuerpo, como si hubiera estado sumergido en agua durante horas. Me incorporé con dificultad, llevándome una mano al rostro, tratando de disipar la niebla en mi mente. Parpadeé un par de veces hasta que mi visión se aclaró lo suficiente para notar que mi camisa y mi saco estaban tirados en el suelo y sentí un golpe de furia en el pecho. Por suerte mi pantalón seguía donde debía.Aparté la sábana con brusquedad y me puse de pie, casi tambaleándome. ¿Qué demonios había pasado? Lo último que recordaba era a Mindy mientras yo perdía el control de mi cuerpo. Revisé la habitación con la urgencia de un animal acorralado. Comencé a abrir cajones, a buscar entre la ropa esparcida, la habitación se estaba convirtiendo en un completo caos hasta que vi un bolso escondido detrás de la cómoda. Lo tomé sin d
DAMIÁN ASHFORDMis pasos me alejaron poco a poco del hospital, mi mente era un papel en blanco y no sabía hacia dónde me dirigía. Cuando me di cuenta la temperatura había descendido, el cielo estaba nublado y amenazaba con llover. Era como si mi estado de ánimo estuviera en sintonía con el clima. Al buscar un refugio me di cuenta del bar que tenía justo enfrente. Mi inconsciente sabía muy bien lo que necesitaba: alcohol. Me desplomé en el asiento frente a la barra con un suspiro pesado, ansiando sentir el ardor del licor bajar por mi garganta. No quería estar ahí, pero tampoco podía volver al hospital, no después de ver a Andy con Bastián, sonriendo como si todo estuviera bien, como si yo nunca hubiera existido en su vida. La imagen me golpeó con la fuerza de un tren.—¿Qué vas a tomar, guapo? —preguntó la cantinera, una joven sexy, pero intimidante. ¿En qué clase de agujero de mala muerte me había metido?—Sírveme lo más fuerte que tengas, y que no me deje ciego. —Dudaba de la cali
DAMIÁN ASHFORD —¿Crees que voy a confiar en un papel que de seguro pudiste alterar? Esto es falso… —susurré intentando convencerme a mí mismo.—Ya quisieras… —soltó con una sonrisa victoriosa y encendió un cigarrillo—. Tu padre no quiso suficiente a tu madre y, lamentablemente, mi madre no se quiso suficiente a sí misma. Creyó que lo único que necesitaba y merecía de él era su amor. ¡Qué absurdo! ¿No? —¡Mientes! Y ya me cansé de escucharte. —Me levanté de mi asiento abruptamente mientras golpeaba con furia la barra—. No vas a venir a ensuciar el nombre de mi padre solo para sacarme dinero. »Yo no mantengo parásitos. Mi padre había sido un hombre de valores, un padre cariñoso y un esposo fiel, aunque la actitud de mi madre se lo dejara difícil, jamás lo creí capaz de engañarla. —¿No recuerdas los últimos años de papá, donde pasaba 6 meses de «viaje de negocios»? —Pese a mi actitud explosiva y violenta, ella se mantenía controlada, apática a mi comportamiento, como si simplemente h
DAMIÁN ASHFORDUna y otra vez llamé al teléfono de Andy, le mandé mensajes pidiéndole que nos reuniéramos para hablar, pero todo parecía inútil, ella simplemente se rehusaba a contestarme de cualquier manera. Aún me sentía intrigado por ese par de mensajes eliminados, pero no había manera de que Mindy pudiera darme explicaciones, y al estar embarazada, no podía ser tan brusco con ella como deseaba, por mucho que la odiara, mi hijo crecía en su vientre y no podía provocar que lo perdiera.—Damián… ¿por qué parece que aún no estás listo? —preguntó mi madre viendo el caos dentro de mi habitación al entrar—. Tenemos que regresar a casa, el vuelo está programado para dentro de una hora y ya deberíamos de
ANDY DAVISMe quedé estática viéndolo irse, sin explicaciones ni intenciones de justificarse. Parecía que solo había venido a golpear a Bastián. De pronto sentí un par de manos cálidas sobre mis hombros, era Bastián que parecía sentir lástima por mí. Me dirigió al interior del departamento y me sentó sobre el cómodo sofá.—¿Por qué saliste así? —preguntó viendo mi sábana y resoplé mientras mi párpado inferior temblaba—. La gente va a pensar que nos interrumpieron teniendo intimidad.De inmediato me avergoncé y desvié la mirada.—Con que ambos sepamos que no pasa nada entre nosotros, su
ANDY DAVISAntes de que pudiera preguntar más, el bullicio a nuestro alrededor cesó y se convirtió en un murmullo expectante. Vi rostros de colegas, jueces, abogados, personas que admiraban a Bastián, y que esperaban ansiosos mi reacción. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo era posible que todos estuvieran reunidos en ese momento de manera tan coordinada? Me ericé como lo haría un gato acorralado, pero me obligué a comportarme relajada, sin embargo, mi sonrisa nerviosa no ayudaba.—La primera vez que te pedí matrimonio, no tenía nada digno para ofrecerte. —¡Ay no! No me gustaba la frase con la que había empezado Bastián. Abrí la boca, pero se me retorció el estómago de manera dolorosa cuando se hincó frente a mí y sac&oacut
DAMIÁN ASHFORDVolver a Estados Unidos se sentía como una derrota. No importaba cuánto intentara convencerme de que lo hacía por el bien de la empresa, de que era lo correcto, de que seguir adelante era la única opción lógica. El asiento de primera clase en mi avión privado me parecía incómodo después de haber compartido el mismo espacio con Andy y no tenerla ahora, y la presencia de Mindy y mi madre a unos asientos de distancia me revolvía el estómago.Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el respaldo, fingiendo dormir, pero escuché claramente la conversación entre ellas.—Ahora regresaremos como una verdadera familia… —dijo mi madre en un susurro—. Las cosas serán como tienen que ser