Sofía llegó al hotel con su hija para la fiesta del quinto cumpleaños de su hijo Daniel. La celebración ya había comenzado, y Miguel permanecía junto al Daniel, mientras la cálida luz de las velas iluminaba su rostro infantil.Con las manos juntas, Daniel pidió su deseo: —Quiero que tía Clara sea mi nueva mamá.Sofía se estremeció. Afuera llovía intensamente y, por proteger a su hija y el pastel, había terminado empapada. Su ropa, ahora helada, se le pegaba al cuerpo como una segunda piel.Clara Herrera soltó una sonora carcajada. —¡Qué ocurrente eres! Tu papá y yo somos como hermanos, ¿cómo podría ser tu mamá? —Su risa resonó por todo el salón privado, y aunque todos los presentes, amigos cercanos de Clara, rieron con ella, solo ella se atrevía a bromear así con Miguel frente a todos.Daniel, con sus ojos brillantes, le dedicó una sonrisa cautivadora a Clara, quien mientras le acariciaba la mejilla, le preguntó: —¿Por qué quieres una nueva mamá tan de repente?El pequeño miró fugazmen
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