Al día siguiente.Roma se despertó con un nudo en el estómago. Su mente, abrumada, giraba en torno a su padre.Aunque los años de distanciamiento la habían alejado de él, la idea de que sufriera, especialmente por culpa de alguien como Alonzo, la devastaba.Recordaba claramente el día en que su madre murió.Tenía apenas dieciocho años, una joven aún, pero con un vacío tan grande que nada podía llenar. Y entonces, tres meses después de su partida, su padre se casó con la mejor amiga de su madre, una traición que Roma no pudo perdonar jamás.En ese momento, lo había dejado ir. No lo buscó, ni siquiera por Benjamín, y se cerró por completo a él.Pero la vida siempre juega con el destino.Un año antes de la muerte de Benjamín, su padre apareció nuevamente. Roma, aunque reacia, se permitió ceder, pero él ya estaba irreconocible, el Alzheimer lo había consumido.No podía dejarlo solo, y usando todos sus ahorros, lo metió en un asilo de ancianos, un lugar donde ya no la reconocía. A pesar de
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