Adam y Glenda disfrutaron juntos de la comida, casi a las once Adam recibió una llamada. Era Martha confirmando que ya había abordado.—Perfecto, te recogerán en el aeropuerto y te traerán aquí al rancho —dijo Adam, sin dar más detalles. Su esposa estaba seria, quería saber con quién hablaba él, pero optó por esperar antes de preguntar.Sin embargo, Adam no dijo nada al respecto, tampoco hablo de su conversación con Adri. En su lugar se acostó junto a ella en la gran cama del dormitorio principal, la abrazó besó su mejilla, le preguntó:—¿Te sientes mejor, amor? ¿Se te quitó la falta de aire?—Sí, estoy mejor, aunque caminar me hace sofocarme como si corriera —respondió ella, acomodando su cuerpo al de su esposo, y besando su cuello.—Amor, es importante que hagas reposo, al menos hasta que te vea el médico. Y también es crucial que te quedes quieta, porque yo no soy de piedra, por favor... —dijo Adam con voz baja, llena de deseo, mientras acariciaba la cintura de su esposa, pegándola,
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