Cap. 52. Un toque de posesión.
Sus manos subían por los muslos de Maite, quien se preguntaba si realmente iba a permitirse sentir, si realmente le iba a conceder su segunda vez a Aris. No sabía cómo, pero su cuerpo actuaba solo: enroscó sus piernas en la cintura de Aris y se permitió abrazarlo del cuello.Aris la bajó y, sin apartar los labios de su piel, le bajó lentamente el vestido, consciente de que alguien podría verlos si entraba en esa zona del jardín, pero ahí radicaba la emoción. Por fin la tenía, por fin podría hacer lo que se le antojara.Al recordar que estaría expuesta, Maite, se cubrió los pechos con los brazos.—No te cubras —murmuró él, bajándole los brazos, sin apartar sus ojos verdes de aquellos montículos redondos, firmes y de textura suave.—Es que...—Nadie tiene permitido venir aquí sin mi consentimiento —dijo, y aunque Maite no se convenció del todo, bajó los brazos.Aris alargó una mano, atrapó uno de sus senos y lo palpó antes de inclinarse y pasar la lengua por el pezón del otro, lamiénd
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