Todos los capítulos de LOS GEMELOS DEL MAFIOSO: UNA TRAMPA PERFECTA: Capítulo 51 - Capítulo 60
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Cap. 51. Cuando el deseo toma el mando.
Narrador omnisciente.El sonido metálico de la puerta resonó en la sala de visitas mientras Maite avanzaba con pasos temblorosos. Cuando sus ojos se posaron en su padre, sintió un nudo en la garganta.Estaba bien afeitado, con el cabello ordenado y una camisa limpia que, aunque sencilla, lo hacía ver más digno.No se veía derrotado ni consumido por el encierro, como lo pensaba ella, sino sereno, distinto al hombre deshecho que alguna vez había visto en las fotografías que Vittorio solía usar para lastimarla.—Papá… —susurró con un hilo de voz antes de precipitarse hacia él.Su padre abrió los brazos y la recibió, rodeándola con la calidez que tanto había extrañado. Maite cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas resbalaban por sus mejillas, empapando la tela de su camisa.—Shh… mi niña —murmuró él, acariciándole la espalda—. Todo está bien.Maite sollozó contra su pecho, aferrándose a él como si temiera que desapareciera si lo soltaba.—Mírate —dijo él con voz cargada de
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Cap. 52. Un toque de posesión.
Sus manos subían por los muslos de Maite, quien se preguntaba si realmente iba a permitirse sentir, si realmente le iba a conceder su segunda vez a Aris. No sabía cómo, pero su cuerpo actuaba solo: enroscó sus piernas en la cintura de Aris y se permitió abrazarlo del cuello.Aris la bajó y, sin apartar los labios de su piel, le bajó lentamente el vestido, consciente de que alguien podría verlos si entraba en esa zona del jardín, pero ahí radicaba la emoción. Por fin la tenía, por fin podría hacer lo que se le antojara.Al recordar que estaría expuesta, Maite, se cubrió los pechos con los brazos.—No te cubras —murmuró él, bajándole los brazos, sin apartar sus ojos verdes de aquellos montículos redondos, firmes y de textura suave.—Es que...—Nadie tiene permitido venir aquí sin mi consentimiento —dijo, y aunque Maite no se convenció del todo, bajó los brazos.Aris alargó una mano, atrapó uno de sus senos y lo palpó antes de inclinarse y pasar la lengua por el pezón del otro, lamiénd
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Cap. 53. Sin rodeos.
POV Aris.Maite… Maite… ¿a qué demonios está jugando conmigo? Me calentó para luego dejarme así, con esta frustración hirviendo en mi sangre. No solo me dolían el hombro y el abdomen, ahora también me duelen los malditos genitales.Me reí entre dientes mientras caminaba hacia mi habitación, todavía con el eco de su voz en mi cabeza.—Mi aliada —repetí con burla, abriendo la puerta.—Comparte el chiste, así me río contigo —la voz grave de Nikos me hizo detenerme en seco.Mi mano se tensó en el pomo. No lo había visto. No lo había sentido. Pero ahí estaba él, sentado en la penumbra como un maldito fantasma.—Joder, ¿qué rayos haces en mi habitación? —gruñí, encendiendo la luz.—Como prácticamente me dejaste con la palabra en la boca, decidí venir a aclarar mis dudas. Y créeme, no son pocas.Nikos se puso de pie antes de que la bombilla iluminara el cuarto. Su mirada se deslizó de inmediato hacia mi camisa, manchada de sangre seca.—¿Con qué demonios te lastimaste ahora? —soltó con fast
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Cap. 54. ¿Quedarse o huir?
—¡Piu… piu!Las risas, tanto infantiles como varoniles, resonaban en la habitación. Maite, profundamente dormida, frunció el ceño al escuchar aquellos sonidos. Parpadeó repetidas veces hasta que sus ojos se acostumbraron a la luz y lo primero que vio fue a Aris jugando con los niños.Gael sostenía una pistola de juguete con ambas manos. En su cabeza llevaba un casco y sobre su camiseta un chaleco de soldado que le quedaba grande. Saltaba de un lado a otro con la expresión de un pequeño guerrero, mientras Gianna reía a carcajadas desde el sofá, agitando las manos con emoción.—¿Cuánto he dormido? —murmuró Maite, aún desorientada.Aris levantó la mirada al oír su voz. Con una sonrisa, dejó a Gianna en el sofá y caminó hasta la cama.—Buenos días, bella durmiente. Es casi mediodía.El corazón de Maite se aceleró y se incorporó de golpe.—¡Dios, ¿cómo pude dormir tanto?! Nunca me había pasado esto —exclamó, agitada, mientras se apresuraba a ponerse un albornoz sobre su camisón—. Debo pr
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Cap. 55. La trampa está lista.
POV Aris.—¡Son unos inútiles! —rugí, mientras mis agentes de seguridad bajaban la cabeza como si fueran niños reprendidos.—Señor, esa mujer se tornó violenta y, como no podíamos responder del mismo modo, le permitimos entrar —explicó uno de ellos, refiriéndose a la insoportable Marina, que irrumpió en mi segunda casa creando un alboroto. Pues tengo dos casas en este país y Marina solo conoce la ubicación de una.—¡Debieron inmovilizarla! —escupí con desprecio, aunque en el fondo sabía que yo mismo les había ordenado evitar conflictos. Pero que Marina siempre se saliera con la suya, me encendía la sangre.Sin perder más tiempo con esos incompetentes, avancé hacia el salón. Impaciente. Marina deambulaba de un lado a otro, y las grandes ojeras que tenía le daban un aspecto de lunática.Solo verla me irritaba. Apreté los puños, deseando gritarle por haberme tomado por estúpido. No solo jugó conmigo como si fuera su títere, sino que me utilizó para complicarle la vida a Maite. Esta
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Cap. 56. Recoger los frutos.
POV Maite.Había pasado horas con los nervios a flor de piel. Cada diez o quince minutos, le preguntaba al desagradable de Nikos por Aris, pero su respuesta era siempre la misma: —No ha llegado—respondía cortante y no sé qué demonios le he hecho yo a este hombre para que me trate con tanta hostilidad. La ansiedad me devoraba. No sabía qué me intrigaba más, si la llamada que recibió antes de marcharse sin dar explicaciones, o la maldita indirecta que dejó flotando.«¿Sabe sobre los niños?» La pregunta me carcomía, golpeando una y otra vez mi mente como un tambor de guerra.Para distraerme, pasé la tarde en el jardín con los niños. —Mamá vamos hacia allá— insistió mi pequeña Gianna señalando con su dedito hacia al invernadero. Cuando llegamos, mis ojos se fijaron en la tumbona de mimbre sintético, en la que, hace apenas unas horas, casi me entregué a Aris sin reservas.Un escalofrío me recorrió la espalda al recordar la manera en la que Aris me sujetó, en la intensidad con la que
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Cap. 57. Marina y su desesperación.
Narrador omnisciente.Marina estaba encantada. Su sonrisa brillaba más que las ostentosas arañas de cristal que colgaban del techo del salón de lujo que había alquilado con la excusa de su gran anuncio. Los invitados llegaban sin cesar, todos eran figuras influyentes, personalidades de la alta sociedad que no habían recibido una invitación formal, pero que no podían resistirse a la curiosidad de un evento tan repentino. Marina los recibía como si fueran piezas clave en su gran tablero de ajedrez, aceptando cada felicitación con una sonrisa que destilaba seguridad.Se sentía como una reina en su propio castillo, rodeada de súbditos que ignoraban la fragilidad de su reino.Lucía se inclinó hacia ella.—Hija, esto es demasiado… — le susurró con un deje de preocupación. Mientras recorría los arreglos florales desbordantes, el vino caro que se servía sin medida. Todo era una exhibición de opulencia que no podían permitirse. —No estábamos preparados para un evento tan extravagante.Marin
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Cap. 58. Un acuerdo prenupcial.
Narrador omnisciente.A pesar de su enojo, Marina se abrió paso entre los periodistas que rodeaban a Aris y a Maite, quienes eran bombardeados con preguntas y flashes de cámaras. Sin que Maite lo esperara, Marina la abrazó por sorpresa, envolviéndola en un gesto que pretendía parecer cariñoso, pero que en realidad estaba lleno de odio.—¡Querida hermana! —exclamó con una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. ¡Qué sorpresa verte aquí!Maite, rígida, sintió el agarre de Marina como el de una serpiente envolviendo a su presa. Sin pensarlo, se zafó con un movimiento brusco, ignorando cualquier pretensión de cortesía.Leonardo, parado a unos metros, sintió un escalofrío al verla allí, como si su peor pesadilla se materializara frente a sus ojos. Su mandíbula se tensó y sus puños se cerraron con fuerza, conteniéndose para no hacer una escena frente a los medios. Ver a Maite tan campante junto a Aris solo avivó su frustración y enojo, especialmente cuando él mismo estaba recibiendo consta
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Cap. 59. Consecuencias y decisiones.
Narrador omnisciente.En el momento en el que Aris tomó los documentos entre sus manos, Marina sonrió aliviada, suponiendo que lo firmaría, o que al menos le echaría un vistazo, pero no fue así, ya que los lanzó al suelo con desprecio.—Debo, confesarte qué nunca me interesó tu sucia fortuna. No en el sentido que imaginas. El rostro de Vittorio se desencajó. —Entonces, ¿por qué pedías manejar mi…? — preguntaba con desconcierto antes de que Aris lo interrumpiera. —Estás en quiebra—. Aris cambió de tema bruscamente. —¿Por qué no les cuentas a todos que esta fiesta es solo un último intento de mantener las apariencias?El impacto de verse expuesto golpeó a Vittorio como un puñetazo invisible. Su rostro palideció, y su garganta se tensó en un intento de tragar su propia humillación. Su gran jugada había fracasado. Aris, en cambio, sonrió con arrogancia antes de girarse hacia Maite. Sin apartar la mirada de Marina, deslizó una mano por la mejilla de Maite, descendiendo lentamente ha
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Cap. 60. Un refugio en tus brazos.
Narrador omnisciente.En el momento en que ellos ingresaron a la villa, el sonido de unas risas infantiles los paralizó en seco. Aris y Maite intercambiaron una mirada cargada de desconcierto. Ya que era demasiado tarde para que Gianna y Gael estuvieran despiertos, y más, para que estuvieran en el salón principal.Sin perder tiempo, avanzaron por el pasillo, y al cruzar la entrada, el aire pareció espesarse en un segundo.Maite sintió que el corazón le daba un vuelco al ver a un hombre desconocido sentado con los niños. Pero la reacción de Aris fue aún más inquietante: su cuerpo entero se tensó, como si acabara de encontrarse con un demonio. Y, en cierto modo, así era.Yannis no lo perseguía solo por rivalidad, sino porque buscaba reunir pruebas para exponerlo ante la Orden Negra, la poderosa organización mafiosa griega. Ya que su verdadero objetivo era arrebatarle el liderazgo que Aris poseía y que tanto ansiaba.—¡Niños, vengan! —exclamó Maite con su instinto de protección en a
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