Zack intentó cargarla al llegar a casa, pero ella se despertó y quiso andar por su cuenta. Rechazó el café y se fueron directo a la habitación. Entre besos y caricias se fueron desnudando. Cuando estaba sólo con sus bragas, Sheily se dio la vuelta y llevó las manos a la espalda.—Átamelas —pidió y Zack suspiró.—Pensé que ya no querías castigos.—Esto no será un castigo, sino un premio —aseguró ella. Zack miró a su alrededor. El cinturón era muy rígido así que cogió la corbata y con ella le ató las muñecas. Un premio. A él seguía pareciéndole un castigo, pero prefirió no pensar en eso, haría lo que ella deseara.Pese a la atadura, las manos de Sheily se las arreglaron para acariciarlo y comprobar su dureza. Ella sonrió al sentirlo tan empalmado.—Esto también te gusta, ¿no? —musitó, inclinando la cabeza hacia atrás para besarlo.—No, Sheily. Lo que me gusta es que a ti te guste. Estoy dispuesto a perderme en tus sensaciones y a hundirme en tus fantasías. ¿Debo ser rudo y cogerte como
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