Lo que parecía ser el último día, se alargó para otro día más en Roma. Los hombres, con una sonrisa cómplice, se despidieron para seguir con sus asuntos, mientras que las mujeres se adentraron en un mundo de vestidos, zapatos y accesorios. Laura, siempre directa y sin pelos en la lengua, no perdió la oportunidad de bromear con Valentina.—Valió la pena que esa loca hablara —dijo Laura, refiriéndose a Marina. Valentina, que ya estaba lo suficientemente ruborizada, se puso aún más roja. Su madre no perdía tiempo para estar con sus palabras de doble sentido.—¡Mamá, por favor! —Exclamó Valentina, tratando de ocultar su vergüenza. Aún así Laura no Estaba dispuesta a parar con sus comentarios.—Ay, hija, ¿es que no ves cómo amaneció ese hombre romántico? —continuó Laura, haciendo reír a Martina y Jazmín.—Le dites la mejor noche, ya era hora —agregó Jazmín, dándole una palmada en la espalda a Valentina. Solamente ella se aguantaba a esos placeres de la vida.—No lo había visto tan feliz,
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