El resplandor en el horizonte parecía aumentar con cada paso que daban, como si el Santuario del Alba estuviera llamándolos. Sin embargo, el aire se volvía más denso, y el suelo bajo sus pies se sentía cada vez más frágil, como si la tierra misma estuviera cediendo ante una fuerza desconocida.—Estamos cerca —dijo Koryan, rompiendo el silencio tenso.Lía observó a su alrededor, notando cómo las sombras parecían hacerse más largas y amenazantes. Había algo en el ambiente que no solo la inquietaba, sino que también resonaba con una extraña familiaridad. Una sensación de déjà vu la envolvía, aunque no podía precisar por qué.—No puedo evitar sentir que algo nos está esperando ahí —murmuró.Kael, caminando a su lado, asintió con la cabeza.—No estás equivocada. Este lugar... parece vivo.Ceyar, con su acostumbrado aire despreocupado, levantó una ceja y se detuvo un momento.—Por supuesto que está vivo. Las Tierras Perdidas son un ecosistema de magia antigua. Cada roca, cada sombra, tiene
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