Me removí, salté, pataleé, forcejeé, pero nada. Solo logré que ellos se enojaran aún más. -Ya me estás hartando mocosa, no hagas que me arrepienta de tratarte con la mayor delicadeza posible. -Si quieres golpes gatita, eso es lo que tendrás, te lo advertimos. -¿Pero por qué en vez de advertirle mejor no lo hacemos desde ya? – habló el que me había tomado de las mejillas en el pasillo provocándome dolor – Esta piccola mocosa no merece ninguna consideración de nuestra parte – suspiró con cansancio. Sí claro, como que él fuera el del gran problema aquí. Pedazo de imbécil. -Ah no, la mercancía no se daña Bred – con que ese era su nombre… Bred, idiota desgraciado, era el que deseaba tratarme como b****a, tratarme como él debería ser tratado – La mercancía se disfruta y se trata con delicadeza, al menos yo no quiero moretones en la mercancía ¿queda claro? – se dirigió a ellos el tal jefe – o si no los que quedaran con moretones serán usted
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