— ¡Esto es suficiente! ¡Quiero el divorcio! —gritó Chloe totalmente indignada, golpeando la mesa que tenía enfrente con los puños.
No podía que creer que Aitor le hiciera aquello, simplemente creía que tenía un esposo diferente; alguien en quien podía confiar y que al darle la espalda, éste no aprovecharía para hacer de las suyas.
Aitor, que se encontraba con el torso descubierto y sin pantalones, y las únicas prendas que cubrían su anatomía eran los bóxers, los calcetines y una corbata roja atada en el cuello, no parecía tomar muy en serio las palabras de su esposa, así que se limitó a alejar la mirada de sus manos y la posó en los ojos aceitunados de ella.
Una hermosa mujer de ondulados cabellos rubios se mecía maravillada en uno de los columpios junto a otra pequeña muy parecida a ella.Ambas con el mismo tono de cabello, los mismos ojos grises y la misma sonrisa de niña de cinco años en su primera fiesta de cumpleaños. Jugaban entre ellas, y ganaba la que llegara más alto al columpiarse.Como siempre, la mujer se dejaba vencer, haciendo la victoria de la niña fuera más gratificante.—¡Te gané mamá! ¿Viste? ¿Viste como casi llego hasta las nubes y chocó con ese avión? —apuntó un punto negro en el cielo—. ¿Viste mamá? ¡Soy la mejor! Cuando sea más grande llegar&
15 de Noviembre de 2007Una pequeña niña de cabello color rubio hasta los hombros y ojos color verde claro, jugaba alegremente por el decorado porche de su gran casa. Muchos niños con globos en la mano y con conos en la cabeza fingían dispararse como vaqueros.Era el octavo cumpleaños de Chloe, esa niña de cabellos rubios que jugaba con las niñas de su vivienda. Los papás veían con gracia los juegos de sus hijos que estallaban a carcajadas, pero había algo extraño y cómico en ese lugar.Un grupo de casi siete niñas estaban sentadas alrededor de una mesita color rojo, donde ponían sus dulces para luego empezar a comerlos, muchas intercambiaban caramelos entre ellas.En cambio, otro grupo de niños traviesos empezaban a tirarse lodo y a jugar a las luchitas, era obvio, sus juegos eran mucho más bruscos que los de las pequeñas niñas.De repente un niño de cabello oscuro y ojos grises ce
—Ni en mis peores pesadillas pensé encontrarte de nuevo —habló altanero, mientras me miraba disimuladamente de arriba a abajo.—Mira quién lo dice, yo no fui quien arruinó mis cumpleaños —mascullé, mirándolo con total aversión.Nunca lo olvidaría, simplemente no podía. No entendía por qué había hecho esas cosas para hacerme la vida imposible, no podía reencontrarme con él y fingir que nada pasó.—¡Por Dios! ¡Eso fue hace mucho y todavía lo recuerdas! —alzó la voz, haciendo ademanes con sus manos.—¡Como lo voy a olvidar, si me dejaste una cicatriz para recordarte toda la vida! —alcé el fleco de mi cabello y le mostré mi pequeña cicatriz a un lado de mi frente.—Ah, cierto… Ya no me acuerdo cómo te la hice —murmuró, rascándose la barbilla con el dedo y un aire distraído.—¡Me golpeaste con el palo para romper la piñata! —grité molesta, casi podía sentir que echaba humo por
La alarma sonó a las 6:45am. Nos despertamos con toda la pereza de la que éramos capaces. Me estiré y caminé hacia la otra habitación de enseguida, ahí se encontraba Katrina y como siempre, era seguro que no se había levantado.Caminé como si estuviera borracha, casi zigzagueando y toqué su puerta.—¡Katrina! ¡Levántate ya! —toqué dos veces y casi me quedo de nuevo dormida en su puerta. Escuché unos pequeños y silenciosos pasos acercándose a mí, cuando…—¡Despierta! —sentí un grito agudo directo en mi oído y abrí los ojos de un solo golpe, mientras pegaba un salto asustada.—¡Amanda! Dios… ¡Cuántas veces te he dicho que no
Observé cómo Aitor comía el postre preparado por Chloe, sí le gustaba. Ese era otro punto a favor.—Mmm... Vaya, está delicioso. ¿Quién lo hizo? —preguntó con una sonrisa satisfecha. Reí y antes de que pudiera contestar, alguien abrió la puerta de improviso.—¿Por qué te comes mi chocoflan? —cuestionó Chloe curiosa y molesta a la vez. Aitor nos miró a ambas y optó por un semblante más serio, cambiando drásticamente el humor que tenía.—Hola, a mí también me da gusto verte —habló sarcástico, mientras metía otra media cucharada a su boca.—Es en serio… Ese es mi chocoflan —caminó lentamente Chloe, avanzando hacia él.¿Qué quería que Chloe que hiciera Aitor? ¿Que lo escupiera para dárselo? Me pareció algo extraño que ella no se controlara, comúnmente era muy amable con las visitas… Bueno, ésta no era cualquier visita. Podía sentir mucha tensión entre ellos dos y empecé a tener miedo.—
—Abriré —avisó Katrina, pero todavía seguía mirándome.Traté de mantenerme tranquila, pero solo de pensar que al abrir la puerta vería de nuevo la expresión arrogante de Aitor, se me agitaba el estómago.—Ponle un collar para que no me muerda —mascullé, mirando fijamente la puerta, como si pudiera hacerla caer y que ésta pudiera aplastarlo.—¡Chloe! Dijiste que lo intentarías —me replicó y sacudí la cabeza, tenía que comportarme, por ellas trataría de ser… amable.Recuperé mi postura y puse mi mejor cara de póker. Kat abrió la puerta, pero giré mi cabe
Me quedé sumergida en mis pensamientos, ahí estaba acostada en el amplio sillón de la sala. ¿Qué podría hacer para que Aitor se rindiera? Debía de ser algo terriblemente desagradable para que lo hiciera. ¡¿Pero qué?!Sabía que era un tipo fuerte y tenaz, no se rendiría de la manera fácil… ¿Cuál era su punto débil? Sabía que era alérgico a la pimienta, de niño le tenía miedo.—Podría prepararle algo lleno de esa especia —pensé en voz alta.Sería gracioso, su cara se hincharía y se tornaría roja. Tenía una pequeña lista de cosas que podía hacerle. 
Chloe POV—¿En qué piensas, corazón? —preguntó Owen, mientras caminábamos tomados de la mano. Salíamos de nuevo de la facultad, mientras muchos nos miraban curiosos de un modo no tan disimulado.—En muchas cosas —susurré, con la mirada perdida.—¿Será en ese Aitor dueño de tu pasado? —cuestionó, alzando las cejas.Reí algo divertida.—Es tan ridículo su nombre, más bien debería llamarse Lucifer.Recordé cuando me enteré de su nombre, siempre me causaría gracia. Me recordaba al Atol.—Entonces sí es él el que ocupa tus pensamientos.Seguimos caminando avanzando por la acera, mientras nos dirigíamos al auto de Owen.—Es cierto modo, busco una manera de fastidiarlo —contesté con sinceridad. Todavía tenía en mente qué le haría.—¡Preséntamelo! —rió, mientras me guiñaba el ojo.Solté una carcajada, mie