ZemDormí en el suelo, estaba un poco cansado. El tener que usar mis poderes requería mucha de mi energía. No me acostumbraba todavía. Sentía cansancio, hambre, todo a la vez.Los fragmentos de imágenes en mi mente abrumaban mi consciencia. Lobos, vampiros, criaturas que no comprendía. Batallas, eso era lo más recurrente. Tenía algunas cosas en claro. Los reyes, esos que estaban en todas partes en imágenes y publicidades, eran los que me habían golpeado y dejado sin memoria. Enemigos, los que vendrían por mí si no me cuidaba de no llamar la atención.Logré crear una ilusión para este edificio. No quería dejar este lugar, había sido el único hogar que conocí desde hacía mucho tiempo. Mejoré un poco la higiene y cambié algunas cosas para que no fuera un sitio deteriorado y de mal aspecto. Nadie venía a mi piso, yo no tenía amigos de ninguna clase. En todos estos años, la gente no me prestaba mucha atención. Me tenían miedo, decían que era un vagabundo que se adueñó de este piso y quizá
—¿A dónde iremos, mami? —preguntó Cin, mirando hacia todas partes sin saber hacía donde seguir caminando.No parecía existir un sendero que las guiara hacia la supervivencia. Lena arrugó la frente con severidad.—No lo sé. Ningún lugar es seguro. —se resolvió a no mentirle, ella tenía que estar en alerta. —He pensado en que lo mejor…Le costaba terminar la oración. No quería, se resistía a ello. Joder, era una decisión sumamente difícil. Soltó un sollozo.—Deberíamos ir a la ciudad. Allí, podría dejarte en un orfanato, deberás fingir ser una humana. Puedo crear un hechizo que extraiga la poca magia que hay en ti. Todavía no estás completamente crecida para tener poderes o marcas de bruja. —Lena se aferró a su pequeña, besó su frente. —Te amo, hija.—¿Qué? —preguntó Cin, mirándola con confusión, no comprendía absolutamente nada de lo que estaba diciéndole. —No quiero estar en la ciudad. Quiero estar contigo, como siempre.Sus ojos se llenaron de lágrimas y sollozó con fuerza. Su madre
Lena dudó en aceptar el ofrecimiento del pálido. Era un rumor conocido que Zem no era de fiar, siempre hacía lo que el quería y bajo su propio beneficio. No era amable, no sin un objetivo mezquino.No podía creer que estuviera vivo. Nadie lo había visto en años. Desde el gran reinado, donde los pálidos se volvieron los gobernantes supremos del mundo. Las brujas eran desconfiadas. No hacían las cosas de manera abrupta. Menos que menos, Lena, porque era madre.Pensó en que sería lo mejor para Cin. Su hija era su prioridad total. Si no encontraba la manera de mantenerla a salvo, nada de esto habría valido la pena.Los ojos de Zem estaban diferentes. Era como si toda esa maldad que siempre tuvo arraigada hasta los huesos hubiera disminuido drásticamente. No tenía ese brillo maligno en su mirada. Es más, parecía que albergaba incluso piedad.Miró a la madre con su hija.—Trataré de ayudar. Yo también necesito ayuda. —pronunció, lo cual dejó a Lena sin palabras, más estupefacta todavía.—No
SaraMi pequeño hijo estaba comiendo las alitas de pollo con una alegría que me hacía llorar. En realidad, lloraba todo el tiempo, por la emoción de tenerlo a mi lado. No podía evitarlo, las lágrimas salían de mis ojos sin control alguno. Por mi cabeza habían pasado tantos miles de sucesos trágicos, de malas posibilidades, de destinos fatales. No quería, pero los había pensado. La desaparición de mi hijo había hecho que pensara que todo podía ocurrir.Hawk no aparecía conforme pasaban las horas y ese panorama no fue en absoluto alentador.Tenía tantas preguntas. Tantas emociones latiendo dentro de mi cuerpo. La emoción me erizaba la piel. El corazón me latía rápido.La emoción más predominante era la alegría. Estaba feliz, no había estado tan feliz jamás en mi vida.Cada vez que lo miraba no podía creer que fuera real. Pedí tanto que apareciera sano y salvo, rogué al cielo, a todo en la vida. Se me concedió ese milagro y estaría agradecida. No quería dejarlo solo ni un minuto ahora.
—¿Un mago? ¿Es una maldita broma? —preguntó Julius, arrojando uno de los jarrones delicados que Carol mandó a traer desde tierras extranjeras al suelo.El sonido de la pieza de cerámica haciéndose trizas resonó en toda la mansión.—Uno de los nuestros, seguramente. —Carol observó a su esposo.Era una sola la pista que tenían. El que se llevó a Hawk era un pálido, uno traidor. La opción de Zemmiatar quedó descartada cuando vieron que seguía en el mismo estado deplorable en el que estuvo desde que su memoria fue borrada. Además, sus poderes no eran amplios desde que fueron absorbidos por el matrimonio de reyes.—Un traidor. Uno que desea más poder del que tiene. ¿Cómo sabe sobre el niño? —preguntó Julius, que no encontraba un culpable ni una razón aparente que tuviera sentido.—Muchos sabían del hijo de Sara y Mark. En la ciudad los humanos no, pero otros… Quizá parte de los nuestros conspiran contra nosotros. Quizás no aceptan el reinado. —Carol hizo un silencio.Observó a su alrededor
SaraDespués de haber escuchado las palabras del otro policía, sentí un estremecimiento que me recorrió de pies a cabeza. El sudor helado bajó lentamente por mi frente. Busqué con la mirada al insistente oficial que me insistió con las preguntas. Era un hombre reconocible, demasiado delgado, demasiado pálido. No estaba por ninguna parte. —Sabe usted donde está el policía que… Joder, no recuerdo su nombre… —empecé a preguntarle a la mujer policía, con la voz temblorosa. —Lo lamento… No lo sé…—Es normal que se encuentre de esta manera. Su pequeño desapareció, es totalmente entendible. Trate de descansar un poco. Comprendo que los hemos presionado mucho. Lo lamento, esta situación también nos superó a nosotros.Su disculpa fue sincera. Este lugar había sido un caos hasta hace unos minutos. Todo mundo deseaba respuestas. Afuera, los periodistas querían entrar a toda costa para hablar con nosotros. Los policías lo impidieron. Lo que menos necesitábamos era salir en la televisión.—Esto e
—Arte en contra del gran gobierno. —murmuré, con la voz tan baja que apenas si podía escucharme.Kily asintió. Esto no era algo que me agradara en lo más mínimo. Pero ese humo, fue lo mismo que describieron en la cámara de seguridad.Me quedé al lado de mi hijo, tratando de pensar en que haría ahora. Estaba superada, me sentía superada por todo lo que ocurría. Como si estuviera dentro de un huracán. Tomé aire, respirando profundamente. Mark me trajo un café expreso y bebí lentamente para calmarme.Kily se llevó el sobre y se lo mostró a Tanya. Ella también miró con algo de desagrado las imágenes.—Mami. —dijo Hawk, abrazándome.Lo abracé con fuerza. Mi pequeño, ahora podía abrazarlo cuanto quisiera. La alegría tapó la preocupación por unos segundos.—¿Tú me crees? —preguntó, haciéndome desconcertar.—No comprendo, hijo… —dije, abrazándolo sin parar, eso le fastidió, pero es que lo había echado tanto de menos.—Si tú me crees. Que desaparecí en la nube de humo. —dijo, mirándome con sev
Algo estaba ocurriendo. Algo que no alcanzaba a comprender. La imagen no se veía nada bien. Porque a pesar de que todos eran policías y antes me sentí segura aquí, algo cambió en sus miradas. Un brillo particular. Algo demasiado distinto.—Mark… —empecé a decir, tartamudeando, porque tenía miedo y no podía disimularlo en lo más mínimo.Mark seguía de pie, implacable, diciendo que nos marcharíamos.—No pueden irse. —dijo uno de ellos. —Tienen la obligación de quedarse hasta que los dos interrogatorios se realicen. Sepan disculpar, se que este es un momento complicado.Sentí un temblor de pies a cabeza. El hombre no parecía normal, sus ojos, los ojos me desconcertaban. Me moría de ganas de preguntarle a Mark o a mis amigos si también estaban viendo que no era normal. —Ya respondimos muchas preguntas. ¿No lo crees? —Mark comenzó a fastidiarse y cuando eso pasaba, pocas cosas lo hacían entrar en razón.Adren intervino.—Un solo interrogatorio más. Es a lo único que accederemos. Luego, ob