Más tarde, mientras caminaba fuera de la cafetería por las calles de Roma, Marina sintió que algo no estaba bien. Miró dentro de su bolso y su corazón se aceleró. —¡No puede ser! ¿Dónde está mi teléfono? ¿Y mi cartera? En su lugar, había un bolso igual, pero vacío, que no le pertenecía. ¡El pánico la invadió! "¡No, no, no! Esto no puede estar sucediendo" Se repetía mientras se dirigió a un pequeño local cercano que ofrecía acceso a teléfonos. Al entrar, el caos la envolvió mientras intentaba calmar su respiración. "Necesito llamar a Stéfano" Pensó ella. Marcó el número que ya conocía de memoria. Su corazón latía con fuerza mientras el tono de marcado sonaba interminablemente. —¿Señor Rinaldi? —dijo, cuando finalmente escuchó su voz al otro lado de la línea—. ¡NECESITO AYUDA! ¡ME HAN ROBADO! —Cálmate mujer. ¿Dónde estás? —respondió él, tratando de mantener la compostura. —Acabo de salir de una cafetería. Alguien me ha cambiado el bolso, y tengo miedo de que
✧✧✧ En Brasil, Río de Janeiro. Durante ese día. ✧✧✧ El sol brillaba intensamente, reflejándose en las olas del océano, creando destellos en la superficie. El yate del señor Andreotti, elegante y moderno, se mecía suavemente en el agua. Desde la piscina, Kathia disfrutaba de un ponche de frutas sin alcohol, la mezcla dulce y refrescante era perfecta para combatir el calor. Se recostaba en una tumbona, sintiendo la calidez del sol acariciar su piel. Su cabello castaño brillaba bajo la luz dorada, mientras sus ojos avellana, ocultos tras unas grandes gafas de sol, se perdían en el cielo azul. "Este clima es perfecto" Pensó, sintiendo una leve brisa marina que traía consigo el aroma del océano "Quizás debería quedarme más tiempo aquí…" Sin embargo, mientras disfrutaba de la vista, una sombra de preocupación cruzó su mente. Miró hacia el cielo sin nubes, pero su corazón estaba nublado por la incertidumbre. Su padre aún no había dado señales de vida, y la inquietud crecía en su int
El aire del yate se sentía pesado, casi sofocante, mientras Kathia se debatía entre la rabia y el pánico. Las palabras de William seguían resonando en su mente. ¿Volvió a tener a Marina en su poder? ¿Abusó de ella? Con el corazón latiendo frenéticamente, la mente de la Profesora se llenaba de imágenes de lo que podría estar pasando con Marina. La idea de que su amiga estuviera en peligro la llenaba de una angustia insoportable. —¿Qué… qué le has hecho? —exigió Kathia, su voz temblando entre el miedo y la ira—. ¡Habla ya, m@ldita sea! —Oh, Kathia, no te pongas así. Solo estoy jugando un poco —contestó William, su tono burlón resonando a través del teléfono—. Pero hay cosas que deberías saber. Tu padre, por ejemplo… —¡CÁLLATE! —le gritó Kathia, sintiendo cómo la desesperación la consumía—. No sé qué estás planeando, pero no me amenaces con mi papá. ¡Dime dónde está Marina! William soltó una risa fría, casi despectiva. —¿Acaso crees que tengo que darte cuentas? —dijo, disfr
Giovanni dio un paso hacia ella, tratando de mantener la calma. —Kathia, por favor. No puedes dejarte llevar por el pánico. Necesitamos pensar con claridad. Ella lo miró, sintiendo cómo la furia comenzaba a desvanecerse, pero la preocupación seguía presente. —Dime la verdad. ¿Dónde está realmente, Marina? ¿Por qué no me dijiste antes nada de ella? —preguntó la profesora, su voz temblando. —Marina fue asaltada, pero está a salvo. Solo perdió algunas cosas, incluido su teléfono. No estaba en peligro físico —dijo Giovanni, sintiendo que la información podía calmarla un poco. Kathia sintió un pequeño alivio, pero el miedo seguía presente. Él continuó acercándose hacia ella, dedicándole una serena mirada, haciéndola ver, que podía confiar en él. —¿Por eso William me llamó desde su teléfono? —preguntó Kathia, su voz llena de ansiedad. —Sí. Es un imbécil, Kathia. Ahora sabemos que el asaltante fue alguien enviado por William. Pero no lo llevó a mayores porque los hombres de Stéfano
✧✧✧ Más tarde, ese mismo día. ✧✧✧ La tarde caía suavemente sobre el océano mientras Kathia dormía plácidamente en la habitación del yate. Las sábanas blancas la envolvían, y su piel desnuda brillaba a la luz dorada que se filtraba a través de la ventana. A su lado, Giovanni permanecía también desnudo, observando el techo con una expresión fría y pensativa. Kathia se había aferrado a él, buscando su calor, y él la miraba fijamente, mientras su mano jugaba suavemente con los mechones castaños del cabello de la profesora. La idea de que William estuviera acechando a su mujer y amenazando su bienestar lo llenaba de una determinación implacable. Ese hombre se levantó de la cama, sintiendo el suave roce de las sábanas al deslizarse de su piel. Se vistió rápidamente, y caminó hacia el área de la sala. Con un suspiro profundo, marcó el número de Stéfano. —Gio, ¿y ahora qué pasó? —respondió Stéfano, su tono ligero y animado. —Volveré a Nápoles mañana —dijo Giovanni, su voz profunda y
El sol brillaba intensamente sobre el jardín de la mansión Andreotti. Kathia Andreotti, sentada en el césped, junto a Alessandro, que estaba emocionado moviendo sus carritos de juguete por el suelo. Vio a su amiga Marina. Esa mujer de cabellera oscura bastante corta, se acercó rápidamente, notando la expresión de angustia en el rostro de Kathia. —¡Hey! —saludó Marina, su voz llena de calidez—. ¿Qué haces aquí en el suelo? ¡Parece que estás en la pista de carreras!~ Kathia se rió, pero el sonido sonó vacío. —Solo jugando con Alessandro. Él tiene mucha energía hoy —comentó la profesora, a su amiga. Marina se agachó para unirse a ellos, mirando a Alessandro jugar. —Eres muy rápido~ —le dijo, sonriendo al niño. Luego se volvió hacia Kathia, su tono se tornó más serio—. ¿Cómo estás, realmente? —Tú eres la que vivió un asalto… ¿Realmente estás bien? —le preguntó Kathia. Marina, no mostró debilidad. Pocas veces lo hacía, y menos ahora, con Kathia embarazada. —¡De maravilla,
✧✧✧ Minutos más tarde. ✧✧✧ El coche se detuvo frente a una de las plazas más emblemáticas de Nápoles. Kathia salió del automóvil, seguida de cerca por Marina y Alessandro, y se sintió emocionada por lo que les esperaba. —¡Mira, Kathia!~ —exclamó Alessandro, señalando una tienda de juguetes que brillaba con un letrero colorido—. ¡Quiero ir ahí primero! —Claro muñeco, pero primero, ¿qué tal si exploramos un poco? —sugirió Marina, guiando a Alessandro hacia una tienda cercana que mostraba ropa para bebés en sus vitrinas. Kathia sonrió al ver la curiosidad en los ojos de Alessandro. —Voy a buscar algo para los bebés. ¿Te gustaría ayudarme a elegir? —preguntó, mirando al niño. Alessandro asintió, entusiasmado. —¡Sí! ¡Voy a elegir el mejor obsequio! ¡Serán felices cuando lo vean!~ —dijo Alessandro en su inocencia. Kathia cubrió ligeramente su boca con su mano, riendo suave. Mientras entraban en la tienda, una campanita sonó al abrir la puerta, y un suave aroma floral las
Marina dudó, mirando a Kathia con preocupación. —No sé, Kathia. No estoy segura de que pueda hacer el viaje tranquila. También estoy siendo vigilada por la gente de Stéfano. Y no quiero ponerme en peligro… Kathia sintió que la ansiedad la invadía. —Entiendo tus preocupaciones, pero necesito saber que está bien. William me llamó y me amenazó con lo que podría pasarle. No puedo quedarme de brazos cruzados, Mari… ¡Siento que si no sé nada de él, moriré de ansiedad! La expresión de Marina cambió al escuchar el nombre de William, y la amenaza. —Eso suena serio —dijo, su tono ahora más grave—. Si estás tan preocupada, tal vez debería ir. Aunque sea de lejos, podría averiguar qué está pasando. Kathia sintió un alivio inmediato al escuchar la decisión de su amiga. —¿De verdad harías eso por mí? —preguntó, con los ojos avellanas, brillantes de gratitud. —Sí, lo haré~ —respondió Marina, asintiendo con determinación—. No puedo dejarte sola en esto. Vamos a averiguar qué sucede. La co