El aire del yate se sentía pesado, casi sofocante, mientras Kathia se debatía entre la rabia y el pánico. Las palabras de William seguían resonando en su mente. ¿Volvió a tener a Marina en su poder? ¿Abusó de ella? Con el corazón latiendo frenéticamente, la mente de la Profesora se llenaba de imágenes de lo que podría estar pasando con Marina. La idea de que su amiga estuviera en peligro la llenaba de una angustia insoportable. —¿Qué… qué le has hecho? —exigió Kathia, su voz temblando entre el miedo y la ira—. ¡Habla ya, m@ldita sea! —Oh, Kathia, no te pongas así. Solo estoy jugando un poco —contestó William, su tono burlón resonando a través del teléfono—. Pero hay cosas que deberías saber. Tu padre, por ejemplo… —¡CÁLLATE! —le gritó Kathia, sintiendo cómo la desesperación la consumía—. No sé qué estás planeando, pero no me amenaces con mi papá. ¡Dime dónde está Marina! William soltó una risa fría, casi despectiva. —¿Acaso crees que tengo que darte cuentas? —dijo, disfr
Giovanni dio un paso hacia ella, tratando de mantener la calma. —Kathia, por favor. No puedes dejarte llevar por el pánico. Necesitamos pensar con claridad. Ella lo miró, sintiendo cómo la furia comenzaba a desvanecerse, pero la preocupación seguía presente. —Dime la verdad. ¿Dónde está realmente, Marina? ¿Por qué no me dijiste antes nada de ella? —preguntó la profesora, su voz temblando. —Marina fue asaltada, pero está a salvo. Solo perdió algunas cosas, incluido su teléfono. No estaba en peligro físico —dijo Giovanni, sintiendo que la información podía calmarla un poco. Kathia sintió un pequeño alivio, pero el miedo seguía presente. Él continuó acercándose hacia ella, dedicándole una serena mirada, haciéndola ver, que podía confiar en él. —¿Por eso William me llamó desde su teléfono? —preguntó Kathia, su voz llena de ansiedad. —Sí. Es un imbécil, Kathia. Ahora sabemos que el asaltante fue alguien enviado por William. Pero no lo llevó a mayores porque los hombres de Stéfano
✧✧✧ Más tarde, ese mismo día. ✧✧✧ La tarde caía suavemente sobre el océano mientras Kathia dormía plácidamente en la habitación del yate. Las sábanas blancas la envolvían, y su piel desnuda brillaba a la luz dorada que se filtraba a través de la ventana. A su lado, Giovanni permanecía también desnudo, observando el techo con una expresión fría y pensativa. Kathia se había aferrado a él, buscando su calor, y él la miraba fijamente, mientras su mano jugaba suavemente con los mechones castaños del cabello de la profesora. La idea de que William estuviera acechando a su mujer y amenazando su bienestar lo llenaba de una determinación implacable. Ese hombre se levantó de la cama, sintiendo el suave roce de las sábanas al deslizarse de su piel. Se vistió rápidamente, y caminó hacia el área de la sala. Con un suspiro profundo, marcó el número de Stéfano. —Gio, ¿y ahora qué pasó? —respondió Stéfano, su tono ligero y animado. —Volveré a Nápoles mañana —dijo Giovanni, su voz profunda y
El sol brillaba intensamente sobre el jardín de la mansión Andreotti. Kathia Andreotti, sentada en el césped, junto a Alessandro, que estaba emocionado moviendo sus carritos de juguete por el suelo. Vio a su amiga Marina. Esa mujer de cabellera oscura bastante corta, se acercó rápidamente, notando la expresión de angustia en el rostro de Kathia. —¡Hey! —saludó Marina, su voz llena de calidez—. ¿Qué haces aquí en el suelo? ¡Parece que estás en la pista de carreras!~ Kathia se rió, pero el sonido sonó vacío. —Solo jugando con Alessandro. Él tiene mucha energía hoy —comentó la profesora, a su amiga. Marina se agachó para unirse a ellos, mirando a Alessandro jugar. —Eres muy rápido~ —le dijo, sonriendo al niño. Luego se volvió hacia Kathia, su tono se tornó más serio—. ¿Cómo estás, realmente? —Tú eres la que vivió un asalto… ¿Realmente estás bien? —le preguntó Kathia. Marina, no mostró debilidad. Pocas veces lo hacía, y menos ahora, con Kathia embarazada. —¡De maravilla,
✧✧✧ Minutos más tarde. ✧✧✧ El coche se detuvo frente a una de las plazas más emblemáticas de Nápoles. Kathia salió del automóvil, seguida de cerca por Marina y Alessandro, y se sintió emocionada por lo que les esperaba. —¡Mira, Kathia!~ —exclamó Alessandro, señalando una tienda de juguetes que brillaba con un letrero colorido—. ¡Quiero ir ahí primero! —Claro muñeco, pero primero, ¿qué tal si exploramos un poco? —sugirió Marina, guiando a Alessandro hacia una tienda cercana que mostraba ropa para bebés en sus vitrinas. Kathia sonrió al ver la curiosidad en los ojos de Alessandro. —Voy a buscar algo para los bebés. ¿Te gustaría ayudarme a elegir? —preguntó, mirando al niño. Alessandro asintió, entusiasmado. —¡Sí! ¡Voy a elegir el mejor obsequio! ¡Serán felices cuando lo vean!~ —dijo Alessandro en su inocencia. Kathia cubrió ligeramente su boca con su mano, riendo suave. Mientras entraban en la tienda, una campanita sonó al abrir la puerta, y un suave aroma floral las
Marina dudó, mirando a Kathia con preocupación. —No sé, Kathia. No estoy segura de que pueda hacer el viaje tranquila. También estoy siendo vigilada por la gente de Stéfano. Y no quiero ponerme en peligro… Kathia sintió que la ansiedad la invadía. —Entiendo tus preocupaciones, pero necesito saber que está bien. William me llamó y me amenazó con lo que podría pasarle. No puedo quedarme de brazos cruzados, Mari… ¡Siento que si no sé nada de él, moriré de ansiedad! La expresión de Marina cambió al escuchar el nombre de William, y la amenaza. —Eso suena serio —dijo, su tono ahora más grave—. Si estás tan preocupada, tal vez debería ir. Aunque sea de lejos, podría averiguar qué está pasando. Kathia sintió un alivio inmediato al escuchar la decisión de su amiga. —¿De verdad harías eso por mí? —preguntó, con los ojos avellanas, brillantes de gratitud. —Sí, lo haré~ —respondió Marina, asintiendo con determinación—. No puedo dejarte sola en esto. Vamos a averiguar qué sucede. La co
Kathia sintió que su corazón se ablandaba un poco. Era difícil ignorar la preocupación que la consumía, pero también sabía que Giovanni estaba intentando protegerla y animarla. —Está bien —dijo la mujer castaña, con un susurro, sintiendo que su voz se suavizaba—. Pero necesito que hablemos de algo más positivo. Giovanni asintió, aliviado por su cambio de tono. —¿Te gustaría que pensáramos en nombres para los bebés? Kathia sonrió, sintiendo un ligero alivio. —Sí, eso suena bien~ Se acomodaron en la cama, y Giovanni sacó un libro de nombres de un cajón. Kathia se acercó un poco más, sintiendo el calor de su cuerpo. "¿Así que él ya tenía algo así preparado? ¿Un libro de nombres para bebés en su cajón de noche?" Pensó ella, sintiendo la dulzura invadir su pecho. —Vamos a ver —dijo él, hojeando las páginas—. ¿Qué te parece el nombre "Luca"?, significa: "portador de luz". —Es bonito —respondió Kathia, sintiendo que su corazón latía lleno de emoción—. ¿Y "Sofia"?, es lindo,
¡CLANK! ¡Un cartón de huevos golpeó fuertemente su parabrisas! Los ojos de la profesora Kathia Johnson se nublaron al instante ante ella, y un líquido amarillo corrió por la ventanilla de forma repugnante. Salió del coche enfadada destapándose el cinturón de seguridad, acababa de salir del trabajo y había aparcado en las afueras de su mansión cuando se encontró con esta escena. —¡¿Qué le sucede?! ¡¿Qué está haciendo fuera de mi casa?! —¡¡TU MARIDO ES LO QUE ME SUCEDE!! —le gritó una mujer rubia furiosa. Kathia frunció el ceño mientras levantaba la mano para sujetar sus gafas y se quedó mirando a la mujer con los brazos cruzados sobre el pecho. —¡No, mamá, detente! —exclamó una niña de ocho años, jalando de la blusa blanca a su madre, que con un aspecto desaliñado y ojos rojizos como si hubiese estado cansada de tanto llorar, hacía todo un escándalo. Kathia bajó la mirada y vio una mini versión de esa mujer. Sus ojos se desviaron entre las dos, y un pensamiento ridículo se ap