África no quería palabras, sino hechos, y mientras Caleb no le demostrara que tan dispuesto estaba para conquistarla, no iba a ceder, aunque eso le hiciera sufrir. Pero ya se había equivocado una vez, creyendo que al entregarse en cuerpo y alma iba a tenerlo.Con un suspiro, subió a su auto y se marchó, mientras Caleb la miraba desde la puerta.—Tengo que hacer algo para convencerla de mis sentimientos —susurró con decisión, sacó su móvil e hizo un par de llamadas mientras caminaba hacia su auto e iba detrás de África.⪡⪢Entretanto, Jr. se limpió los labios, sus síntomas no mejoraban y cada vez se sentía más liviano. No importaba cuánto comiera, al final siempre terminaba visitando el cuarto de baño.Sus ojeras se marcaban bajo sus ojos y la palidez de su rostro le hacía parecer un fantasma. ¡Estaba casi irreconocible! Si continuaba así, iba a terminar en los puros huesos.No tenía ni idea del mal que le aquejaba, y contrario a lo que África creía, ya había visitado al médico y sigui
«Estoy embarazada, Luciano, estamos esperando un bebé.»El silencio se adueñó de la habitación, como un halo pesado que caía entre ellos. Luciano sostenía las pequeñas calcetas en sus manos, las cuales temblaban como hojas sacudidas por el bravo viento. Y de repente, todo a su alrededor desapreció; las paredes, los muebles, incluso el tiempo pareció detenerse. Sus ojos estaban vidriosos por las lágrimas que acudieron a ellos mientras estaban fijos en la prueba de embarazo que estaba al fondo de la cajita, como algo frágil, pero que albergaba un torbellino de emociones y sentimientos, haciendo que la noticia se hiciera más real.Entretanto, Melanie esperaba con el corazón latiéndole a mil por hora, permanecía en silencio mientras la incertidumbre le oprimía el pecho, sintiendo un cúmulo de emociones: nervios, miedo y esperanza. Sin embargo, el silencio de Luciano la puso ansiosa. Todo lo que deseaba en ese momento era que la noticia no fuese una carga para él, que la llegada de su bebé
África se detuvo en seco al abrir la puerta de su oficina. Sus ojos se abrieron de par en par al encontrarse con una sorpresa inesperada: la habitación estaba inundada de flores. Muchos ramos que llenaban cada rincón, creando una mezcla embriagadora de fragancias en el aire.—¿Qué significa todo esto? —preguntó, intentando mantener la calma mientras se giraba hacia su secretaria, que llegaba unos pasos detrás.—Llegaron a primera hora de la mañana, son para usted —respondió la joven un poco intimidada por el tono de voz empleado por África.La joven no tenía idea de que la sorpresa podía molestar a la hermana de su jefe; es más. Le había parecido un acto tan romántico que se había ofrecido a ayudar a colocarlos. Claro que, eso no tenía por qué saberlo o estaría de patitas en la calle, pues parecía que la sorpresa no era de su agrado.África frunció el ceño y elevó una ceja. Avanzó con cuidado hacia uno de los arreglos y, con dedos casi temblorosos, tomó el sobre que pendía de él. Sin
Jr. descendió lentamente por las escaleras y caminó hacia la sala en la casa de sus padres, apenas escuchó que África lo buscaba, no dudó un solo segundo en salir para recibirla. No pensaba hacerle ningún reclamo por haberle contado a su madre sobre sus malestares que lo habían aquejado todas esas semanas. Era consciente de que África solo actuaba movida por la preocupación que sentía por su salud. Además, era un gesto que solo una verdadera amiga haría y que él valoraba profundamente.—África —la saludó, con un beso en ambas mejillas.—Hola, ¿cómo estás? ¿Cómo van esos malestares? —le preguntó ella, acomodándose en el lujoso y cómodo sillón, invitándolo a sentarse a su lado.Jr. esbozó una sonrisa ligera antes de responder, como si el mero acto de hablar de sus malestares ya no le causara la misma inquietud de antes. Sobre todo, por lo que Bruce había mencionado. La posibilidad de que aquella pelirroja estuviera embarazada lo había atormentado.—Curiosamente, llevo dos días sin males
Angelo aflojó el puño lentamente y estiró sus dedos con deliberada calma. Había esperado este momento con ansias. Fueron semanas, meses añorando tener a Ezra Kelly delante de sus ojos. Por lo que no dudó ni un solo segundo en dejar la oficina, apenas Elián le llamó para informarle sobre su regreso. Sobre todo, porque el cargo que había pedido venía a bordo del avión privado de la familia Kyriaskis.Ezra Kelly, el hombre que, gracias a la influencia política de su padre, pensó que podía escapar de sus garras. Había sido astuto, mudándose de una ciudad a otra en Europa, creyendo que así podía evitar ser encontrado. Pero lo que Ezra no sabía era que un cazador tan experimentado como Elián jamás dejaba escapar a su presa.Elián había seguido su rastro a través de cuatro ciudades, sin descansar, hasta que finalmente lo encontró y lo arrastró a Atenas.—Mi trabajo ha terminado, señor O’Connor. Ezra Kelly es todo suyo —dijo Elián, con una voz fría y afilada como el acero. La serenidad en su
Cuatro semanas era muy poco tiempo para organizar una boda digna de una reina, pero nada era imposible para la señora O’Connor. Mía y Victoria se pusieron manos a la obra la misma noche en que Luciano le propuso matrimonio a Melanie.Una semana después, cada invitación fue enviada a su destino. Desde San Francisco, hasta Grecia y Guatemala.Victoria no entendía los motivos de aquella boda casi exprés, pero tampoco cuestionó las decisiones de su hijo. Lo veía tan feliz, tan lleno de vida… eso era suficiente para ella.Sin embargo, había un motivo muy importante y Luciano se había esperado hasta el último momento para compartir con sus padres una de sus mayores felicidades. Mientras esperaba la hora, sentado en la sala de su apartamento, llamó a Victoria y a Salvatore.—Por favor, tomen asiento —les pidió, sirviendo tres copas de vino y tendiéndolo en dirección de sus padres.—No deberíamos beber antes de la boda —mencionó Victoria.—Lo sé, pero hay algo que deseo compartir con ustedes.
Jr. apareció en el jardín justo en el momento en que Melanie y Luciano se prometieron amor eterno. Las palabras de la pareja resonaron en el aire, cargadas de emoción y de sentimientos puros y sinceros que lo emocionaron hasta lo más profundo de su ser.Cuando partió de Nueva York, apenas una semana atrás, le había prometido a Melanie llegar a tiempo a su boda, antes tenía que ir en busca del amor de su vida. Y ahora no regresaba solo. De su mano, venía Yelena Katsaro. La joven, de cabellos rubios como el sol que le robó el corazón y con quien creyó, no tendría ninguna oportunidad. Sin embargo, apenas descubrió que ella y Connor no tenían ninguna relación, no dudó en cruzar el océano para reunirse con ella y pedirle una oportunidad para su amor.Melanie sonrió al ver a su hermano parado al final del pasillo con Yelena y el resto de la familia Katsaro detrás de él. Era una alegría tan grande saber que no se había perdido su boda.—Felicidades, Melanie, Luciano —expresó, dándoles un fue
«Para nosotros la familia es lo primero e Isabelle atentó contra ese código»Las palabras que Isabelle escuchó de labios de su primo, mientras conversaba con Lía, no dejó de atormentarla, ni el paso de los meses lograron apartar la sensación de dolor que la embargaba. Para su familia, ella era, de lo peor, la causante de todo el desastre. Si tan solo le hubiese preguntado, si su padre o madre le hubiese dado la oportunidad de hablar, de explicarse.Ella negó, no tenía sentido lamentarse ahora por lo sucedido, solo le quedaba seguir adelante. Sobre todo, ahora que Leandro se mostraba emocionado por la llegada del bebé. Isabelle acarició su vientre de siete meses y no pudo evitar que una ligera sonrisa se dibujara en su rostro. No importaba que la familia Giordano le mostrara su desprecio abiertamente, si ella y Leandro se lo proponían, con el tiempo podrían consolidar su relación, quizá enamorarse y tener más hijos…—Luces muy feliz —observó Sophia, sentándose a su lado. Esta vez la re