Lucas pasó una mano por su cabello, exhalando un suspiro cansado.—Trataré de arreglar las cosas con ella en algún momento…Marfil rodó los ojos y negó con la cabeza.—Por favor, Lucas. No tienes por qué rogarle a esa tipa. Si ella realmente valora tu amistad, tarde o temprano se acercará por su cuenta. Y si lo que pretende es jugar a ser la víctima, entonces que siga sola con su jueguito. No te dejes manipular. ¿Entiendes?De pronto, Marfil lo observó con el ceño fruncido.—Tú me dijiste que eras feliz conmigo… ¿O me mentiste? —agregó.Lucas levantó la cabeza con rapidez, como si la acusación lo hubiera golpeado directamente en el pecho.—No, por supuesto que no. Eso es verdad. Yo soy feliz contigo.—Entonces eso fue lo que debiste dejarle claro a esa mujer —replicó Marfil con frialdad—. Pero rompiste nuestra discreción. ¿Sabes que esto podría considerarlo una traición, verdad? Me fallaste, Lucas. Traicionaste mi confianza. Y no solo eso, sino que le contaste sobre nosotros a alguien
El dueño de aquel polvo lo recogió y miró a Lucas con enfado.—¡Oye! ¡¿Tienes idea de cuánto cuesta esto?! —reprochó, dándole un fuerte empujón.—¡Oiga! Tranquilícese, por favor —intervino Marfil.—¿Acaso eres su guardaespaldas? ¿No puede defenderse por su cuenta?—Hemos venido por un poco de diversión, no buscamos problemas —aclaró ella.—¿No quieres problemas? ¿Qué harás? ¿Responderás por él? —la tomó del brazo y la presionó contra él, lo cual fue más que suficiente para sacar a Lucas de sus cabales.—¡Suéltala! —vociferó, agarrando a Marfil de la cintura y liberándola de aquel tipo.—¿Ya vas a asumir tu error sin depender de la chica? ¿O prefieres que me la lleve para saldar cuentas? —el hombre clavó sus ojos en ella y la miró de pies a cabeza—. Por cierto, no está nada mal, la aceptaría como forma de pago —lo provocó.—¡¿Qué estás diciendo, infeliz?! —Lucas lo tomó del cuello con fuerza y con el fin de asfixiarlo.—¡Lucas, detente! —escuchó la voz de Marfil por detrás, pero decidi
Lucas esbozó una sonrisa amarga, como si hubiera anticipado aquella respuesta.—Sé que para ti no es fácil expresar lo que sientes… —manifestó con suavidad y comprensión—. Pero no hace falta que lo digas en palabras. Yo lo percibo en la manera en que me miras, en esos pequeños gestos que demuestran lo que realmente piensas y sientes. Veo en ti esa conexión que va más allá del deseo superficial, esa complicidad que solo surge cuando hay algo más profundo. Si lo único que te importara fuera el sexo, eso sería todo lo que me darías. Y, sin embargo, aquí estamos, compartiendo algo más. Estamos juntos, no por lo efímero, sino por lo que realmente nos une.Se asomó un poco más hacia ella, buscando su mirada, sin presionarla, pero dejándole claro que no tenía intención de dar marcha atrás.—Hay algo entre nosotros que no puedes negar, un vínculo fuerte. Y no quiero que sigas luchando contra lo que sientes.Marfil sintió una presión en el pecho. Su instinto le decía que lo apartara, que no le
Marfil lo contempló durante varios segundos, sin apartar la mirada ni por un instante. —Lucas, escúchame bien —dijo con precisión—. Si me haces esta promesa y yo decido quedarme contigo, quiero que entiendas algo con absoluta claridad: no voy a permitir que me dejes. No aceptaré dudas ni titubeos. No aceptaré que un día despiertes sintiendo que todo esto fue demasiado, que te cansaste de trabajar duro solo para darme la vida que deseo. Porque si me das tu palabra ahora, yo la sostendré contigo, y si alguna vez intentas alejarte, seré yo quien te recuerde lo que me prometiste.Sus palabras eran un pacto, una sentencia que no dejaba espacio para las medias tintas ni para las incertidumbres. Lucas, aunque conmovido, también sintió el peso de esa declaración. La observó con detenimiento, buscando entre sus facciones una grieta, un indicio de vacilación, pero no encontró nada.Tragó saliva antes de responder, sin apartar la vista de ella.—Pero tú también estás haciendo una carrera, ¿no?
Marfil fijó la vista en la pantalla del teléfono, sintiendo una ligera confusión al leer el nombre de Richard iluminado en la pantalla. No recordaba que él le hubiera llamado antes a esas horas, lo que hizo que un leve desconcierto se reflejara en su rostro. ¿Por qué la estaba contactando en plena medianoche?Lucas, que aún sostenía el teléfono en la mano, no apartaba la mirada de ella. —Respóndeme, Marfil —insistió, sin disimular su molestia—. ¿Por qué mi amigo te está llamando a esta hora de la noche? Entiendo que sean cercanos, pero ¿desde cuándo tienen tanta confianza como para que te llame a medianoche?Marfil suspiró con evidente fastidio y esbozó una mueca de cansancio antes de responderle con tono despreocupado.—Lucas, por favor… No te ahogues en un vaso de agua.Pero su indiferencia no hizo más que avivar la incomodidad en Lucas. Frunció el ceño y negó con la cabeza, como si tratara de contener la frustración que hervía en su interior.—Escúchame bien, Marfil —dijo, con la
Lucas se acercó a Marfil con pasos mesurados, aunque la ansiedad era evidente en la rigidez de su mandíbula y en la manera en que sus manos se crispaban antes de atreverse a tocarla. Cuando finalmente enmarcó su rostro entre sus palmas, sus dedos se deslizaron con temblor, como si temiera que ella pudiera alejarse en cualquier momento.—No, no —murmuró—. Por supuesto que no. Jamás te haría algo así.La observó con una necesidad casi desesperada, como si buscara en sus ojos la confirmación de que ella le creía, de que no lo juzgaba con dureza, de que aún le quedaba un resquicio de confianza en él. Marfil, sin embargo, mantuvo la expresión impasible, sin regalarle ese alivio inmediato que él tanto anhelaba.—Entonces no vuelvas a hacer algo así —replicó con serenidad, aunque su tono no admitía réplica.Lucas bajó la cabeza por un instante, exhalando una respiración entrecortada. Se sentía atrapado en una red de emociones que no lograba gestionar con claridad. Levantó la vista nuevamente
Marfil se subió al lujoso auto de Richard con una expresión serena, aunque en el fondo, la emoción la recorría como una corriente eléctrica. Había aceptado su invitación sin mucha ceremonia, pero en su interior, le intrigaba ver hasta dónde llegaría él con su generosidad. Richard le había dicho que la llevaría a donde quisiera, y ella, sin titubear, mencionó el nombre de un restaurante que había escuchado en alguna conversación ajena, un lugar que solo conocía por rumores de su exorbitante exclusividad.—He oído que la comida ahí es muy buena… —comentó, sin darle demasiada importancia.Richard reconoció el nombre de inmediato. Era un lugar exclusivo, donde solo los más ricos podían permitirse una comida sin preocuparse por el precio. Pero en vez de sorprenderse, le encantó la idea de verla en un sitio así, probando lo mejor de lo mejor.—Entonces vamos —Richard ni siquiera pestañeó ante su elección, simplemente sonrió con esa seguridad que lo caracterizaba y condujo hasta allí.Al lle
Marfil se quedó en silencio por un momento antes de sonreír y descalzarse. Luego, fue a los vestidores para cambiarse de ropa.Cuando Richard la vio, por primera vez, en traje de baño, el tiempo pareció detenerse. El sol, ya bajo en el horizonte, tejía hilos dorados que bañaban la escena en una luz suave, casi irreal, que abrazaba a Marfil con una ternura que él no sabía que existía. Ella estaba allí, de pie frente a él, como una obra de arte inacabada que desbordaba belleza. El traje de baño se ajustaba a su figura con una delicadeza que parecía esculpirla, como si la tela hubiera sido pensada únicamente para su cuerpo, como si cada curva, cada contorno, estuviera diseñado para hechizar, para seducir sin esfuerzo.La silueta de Marfil se recortaba contra el cielo, con la elegancia de un ave en pleno vuelo, como si la naturaleza misma la hubiera modelado. Cada línea de su cuerpo hablaba de una gracia casi etérea, pero tan real que Richard no podía evitar sentirse sobrecogido. El suave