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Capítulo 44. No soy una loba sumisa.

Casey dejó que Alana usara su computador para investigar sobre Portland mientras ella se sentaba cerca y asimilaba lo que la loba le había revelado.

—¿Sentiste algo cuando conociste a Maddox? —preguntó pasados unos minutos y con ciertos rasgos de ansiedad.

—Al principio sentí sorpresa y mucho interés. Hay lobos en Sutton, pero ellos no trasmiten una energía tan poderosa como la de Maddox.

—Mi hermano tiene sangre de alfa. Tal vez por eso te atrajo tanto.

—Aaron también es un macho alfa, pero con él no me sentí atraída. Solo curiosa.

Eso último lo reveló con su atención puesta en el computador. Revisaba en el mapa de la ciudad los caminos que iban desde esa casa hasta diversas zonas de Portland, incluso, a las carreteras que llevaban a otras ciudades, como Augusta.

—Entonces, es una fuerza de atracción inexplicable —comentó Casey a modo de reflexión para sí misma—. Como un lazo que se entrelaza en tu estómago con el recuerdo de él.

Alana la observó como si ella fuese un animal raro.

—¿
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