Casey dejó que Alana usara su computador para investigar sobre Portland mientras ella se sentaba cerca y asimilaba lo que la loba le había revelado.—¿Sentiste algo cuando conociste a Maddox? —preguntó pasados unos minutos y con ciertos rasgos de ansiedad.—Al principio sentí sorpresa y mucho interés. Hay lobos en Sutton, pero ellos no trasmiten una energía tan poderosa como la de Maddox.—Mi hermano tiene sangre de alfa. Tal vez por eso te atrajo tanto.—Aaron también es un macho alfa, pero con él no me sentí atraída. Solo curiosa.Eso último lo reveló con su atención puesta en el computador. Revisaba en el mapa de la ciudad los caminos que iban desde esa casa hasta diversas zonas de Portland, incluso, a las carreteras que llevaban a otras ciudades, como Augusta.—Entonces, es una fuerza de atracción inexplicable —comentó Casey a modo de reflexión para sí misma—. Como un lazo que se entrelaza en tu estómago con el recuerdo de él.Alana la observó como si ella fuese un animal raro.—¿
A la mañana siguiente, Alana se dirigió a la zona donde tenían a Maddox. Ni siquiera llegó a desayunar con su familia como los lobos habían programado.Un par de miembros de la seguridad de la manada intentaron detenerla, pero ella siguió de largo esquivándolos con facilidad.Al llegar al salón que daba acceso a las habitaciones, encontró a una mujer parada junto a la puerta donde tenían a Maddox. La humana estaba acompañada por Eric.—¿Quiero ver a Maddox? —exigió, detallando con recelo a la mujer.Era una humana alta, delgada, rubia y con el cabello recogido en un moño apretado. Portaba uno anteojos de pasta gruesa que destacaban sobre sus facciones finas y hacían resaltar sus ojos verdes.Ella la observó con mirada severa antes de repasarla de pies a cabeza.—Aún no puedes entrar —aseguró Eric con molestia—. ¿No deberías estar desayunando con tu familia?Alana lo miró con reproche.—¿Y tú no deberías estar buscando a los exterminadores de lobos que tienen amenazada a tu manada?Eri
Alana estuvo con rostro enfadado mientras desayunaba con su familia y con otros miembros de la manada. Se esforzó por comer algo, pretendiendo disimular así su estado, pero todos podían darse cuenta.Sin embargo, nadie la agobió durante la comida. Al terminar, su hermano se acercó a ella junto a Owen.—Ey, ¿qué pasa? ¿Pudiste ver a Maddox?—No me dejan entrar a la habitación donde lo tienen.—¿Por qué?—Por orden del alfa. Dice que necesita mucho reposo.—¿Y si es cierto? —consultó Owen alzando los hombros con indiferencia.—He cuidado a enfermos, ¿en qué puede afectarle a Maddox que esté unos minutos con él? Solo quiero saber si está bien.—Tal vez no te deja entrar porque no quieren que compartas con él —dedujo Ryan.Alana apretó la mandíbula con enfado.—Aquí controlan a las hembras. El alfa decide qué hacer con ellas y con quién deben quedarse. Les dan órdenes absurdas y no tienen derecho a reclamar.—¿Tu raza se quedó en la edad media? —consultó Owen, divertido, y lanzó una mirad
Mientras el grupo subía a la montaña por un sendero no tan empinado, Armand apareció de pronto, custodiado por dos lobos, y llamó a George.El hombre se disculpó con Margaret y se acercó al alfa. Este lo condujo hacia una de las terrazas de la casa que daban a un jardín exterior, que ahora se encontraba solitaria.—Tome asiento —lo invitó, señalándole un cómodo sofá.—Usted, dirá —dijo el hombre al ocupar su asiento. Se sentía algo ansioso.—Quiero hablarle de Alana. Aunque anoche ya me contó cómo la habían encontrado y protegido todo este tiempo, me gustaría saber si la loba ha presentado ciertos rasgos en su personalidad que me indiquen su temperamento.—Bueno, en cuanto a su temperamento, le puedo decir que mi hija es bastante cerrada con otros que no pertenezcan al grupo familiar, aunque los conozca desde hace muchos años. Nunca la vi interactuando tanto con un extraño como lo hizo con su hijo Maddox.Armand endureció la mandíbula y le lanzó una mirada ardiente al hombre.—Alana n
Al regresar el grupo de la expedición decidieron tomar una merienda en uno de los jardines. Denisse se quedó con ellos para compartir con Nick y con Keenan, quien le parecía un chico muy divertido y cariñoso.Aprovechó que Eric había decidido subir a las habitaciones de seguridad ubicadas en la azotea para llevar a Alana con Maddox. El grupo organizaba la sala para mirar una película todos juntos, el momento fue ideal para que ellas desaparecieran sin que nadie se diera cuenta.—Hay una puerta trasera hacia la zona de las habitaciones que poco se usa. Allí he salido varias veces con Eric.—¿Eric y tú tienen algo?Denisse la observó impactada.—¿Por qué lo supones?—Puedo notarlo por la forma en que se miran y en que siempre buscan estar cerca. Además, él se vuelve feroz cuando alguien que podría significar un peligro se te acerca.—Bueno, es que los lobos con muy territoriales y a él le dieron la orden de cuidarme cuando estuviera en la mansión.—Eso no es protección por obligación. P
Eric logró convencer a Alana de marcharse de la habitación de Maddox antes de que el alfa se enterara de su intromisión.Aunque ella insistía en sacarlo de allí, él le pidió paciencia, porque no era un momento oportuno. La seguridad en la mansión era extrema y tenían a un grupo de fanáticos vigilándolos para atacarlos, debían pensar bien lo que harían y cómo.A pesar de no confiar en él, la loba aceptó porque aún no tenía un plan de escape asegurado. No había hablado del tema con su hermano, no contaban con un auto ni con un destino definido.Actuar de forma espontánea no sería seguro.Pero debía sacar a Maddox de allí cuanto antes. Al ver las condiciones desfavorables en las que se encontraba se angustió. Tenía que ayudarlo.Así que regresó enseguida con el grupo en busca de su hermano, sin encontrarlo. Ryan, durante la conversación con alguno lobos, les confesó que era mecánico y ellos lo llevaron junto a Owen, Neris y Logan al estacionamiento, para que revisara uno de los autos que
Durante la noche, Alana no pudo dormir, así que se fue a los jardines traseros para caminar descalza por la hierba, algo que le encantaba.Estar en contacto con la naturaleza la ayudaba a pensar y serenarse.—¿Tampoco puedes dormir?Había sentido a Ryan en las cercanías y, aunque deseaba estar sola, no pudo evitar acercarse al lugar donde se encontraba su hermano.—No me siento cómoda en esta casa.—Ese alfa es una cosa seria —bromeó él.Alana lo miró, estaba acostado sobre una roca admirando el cielo. Eso solía hacer cuando se sentía confundido y ansioso.—¿En qué piensas? —quiso saber ella, sentándose a su lado.—Aún en nada. Nuestra vida cambió muy de golpe, todavía me siento en Sutton caminando con Rob, Owen, Neris y Logan por la zona de los pescadores.—¿Qué hacían allí?—Nos avisaron que habían visto a los tipos que quemaron la cabaña de Owen y fuimos a encararlos, pronto descubrimos que no eran dos ni tres, sino un grupo de siete. Rob estaba algo pasado de tragos y ni Neris ni
George ayudaba a recoger lo usado para el desayuno cuando Armand apareció en el comedor.—No necesita hacer eso.—Estoy acostumbrado a hacerlo cada mañana, me siento inútil si no colaboro —respondió con una sonrisa.—¿Sus hijos no le colaboran? —preguntó con recelo, notando que ni Ryan ni Keenan estaban en los alrededores.Ni siquiera Alana, a quien le correspondían las tareas domésticas en la mansión por ser una hembra. Esa loba tenía mucho que aprender.—Claro que me colaboran. Todos ellos me ayudan a mantener la casa y sacar adelante la granja. Es un trabajo en equipo.—¿En equipo? Pero hoy lo veo solo a usted.Él sonrió divertido.—No lo hacemos todos a la vez, nos turnamos. Hoy me tocó a mí.George se sintió incómodo con aquella conversación. Armand Prescott era un tipo acostumbrado a mandar y ser obedecido, a que le sirvieran y atendieran cada uno de sus caprichos como si fuese un rey, ¿qué iba a saber él de trabajo en equipo?—Quería hablarle de una posibilidad que estoy desarr