Había pasado una semana y a la paciencia de William era poca, necesitaba poder avanzar con ella, así que llamo a la única persona que lo podría ayudar en todo eso.
—Se supone que me ibas a ayudar y ya paso una semana dese que no me dice señor para ella ahora soy William. — Procurando que nadie más lo viera u oyera.
—Tranquilo niño, eso pareces por lo ansioso, todo a su paso. —Tratando de aguantar la carcajada por oírlo tan desesperado.
—Deberías tratar de entenderme, no es fácil para mí con la mama de Diana fue distinto ella fue quien me abordo cuando la conocí y el resto ya lo sabes, en cambio Mariam a veces rehúye de mí como si me tuviera miedo.
—Está bien entiendo tu punto, vas a hacer lo que yo te diga no te andes quejando de que si no te salen
—Bienvenida, me alegra que estés aquí, cuéntame de ti, que te gustaría decirme — Le informo el psicólogo que la estaba atendiendo.—Bueno yo, bueno me llamo Mariam Beltrán tengo veintidós años y trabajo cuidando a una hermosa niña de casi nueve años—Eso me parece perfecto, pero cuéntame más de ti ¿Por qué estás aquí?De la noche a la mañana se dio cuenta de que necesitaba ayuda, pensó en las palabras de su maestra que nunca es tarde para buscar ayuda, por eso y porque no había podido dormir bien en las últimas semanas, tenía pesadillas constantes donde el protagonista era la voz de Mateo gritándole ¡Hazlo! ¡Hazlo! Se veía a sí misma en la casa de la pequeña toda vacía de noche con un
Ella nunca pensó que algo así podría suceder, nunca pensó que un hombre como William se atrevería a besarla y mucho menos se fijaría en ella, no entendía en que momento él pensó en traspasar esos límites de jefe empleada, no entendía porque lo hizo realmente, ella no era nada en comparación a las mujeres con las que seguramente estaba acostumbrado, no tenía la figura perfecta, el rosto alineado o los ojos claros, era solo era una muchacha de cabello castaño que no pasaba del metro sesenta y cinco, con un senos pequeños y naturales.Cada vez que había la oportunidad de que ellos se encontraban, Mariam buscaba cualquier excusa para alejarse de él, parecía una niña pequeña huyendo, pero no se sentía capaz de enfrentarlo y que seguramente le dijera que era un error, una tontería. Por otro lado, &eacut
William era consciente que la única manera de que Mariam le aceptara un regalo sea cual sea seria a través de Diana, por ese motivo les trajo a ambas vestidas de color azul en distinto tono, nada elegante, solo unos vestidos sencillos el de la pequeña con un lazo grande a la espalda y el de ella con un pequeño escote, solo pequeño aun en ese instante al escogerlos los celos de él aparecieron de manera ruda, pero tenía que contenerse no era posible ser así con ella.Él esperaba casi con desesperación por ambas, mientras que Mariam terminaba de peinar a la pequeña, frente al espejo—Quede muy bonita ¿Verdad Mari? Mi cabello quedo muy bonito y el vestido que compro papá es hermoso.—Claro que estás muy bonita, no solo tu cabello, tus ojos son como estrellitas que brillan de noche. —Dándole
Mientras ellas conversaban cosas de cocina, Manuel y Williams estaban en el jardín trasero conversando cosas triviales con un habano cubano en la mano.—Apuesto que Extrañabas esto.—¿A qué te refieres? Ilumíname con algunas de tus frases.—El estar así, tranquilo, relajado con un habano en la mano conversando de cualquier cosa de la vida, ¿Hace cuánto que no hacías algo como esto? Mi querido amigo y socio.—Si lo ves así, creo que hace mucho tiempo que no me pasaba, siempre fue del tipo de hombres que se llenaba la boca diciendo que jamás habrá una mujer que haga que cambie mi manera de ver la vida, pero el hecho de compartir esta vida con alguien lo cambia todo, poder dejar de preocuparme tanto, de querer que alguien me apoye como ella lo hace no tiene precio, fui un tonto en ne
Ella sentía que ya no podía más, sentía que necesitaba poder desahogarse con alguien sacar eso que no la dejaba respirar, que no la dejaba vivir en paz.—No me siento bien doctor.—¿Hay algo que me quieras contar hoy? Ya hablamos de tu vida de pequeña, cuéntame que fue de tu vida luego de salir de ahí, ¿Dónde fuiste?Fue como si hablara con ella misma, como si se mirara a un espejo y se contara, desde el momento en que él la abordo en una de las visitas que hacía por ser trabajar de una de las empresas que colaborara con el orfanato.—Hola — Fue lo primero que Manuel le dijo cuando la vio tímida, recogiendo la ropa del tendedero en el patio trasero del lugar, conversaciones pequeñas y triviales que se repitieron a lo largo de varios meses culminándose
—Perdóname, en tu lugar me hubiera delatado, de verdad que lo siento mucho.—Es que la verdad no entiendo nada de lo que paso hace un momento, no entiendo por qué le dijiste una locura como que yo era novia del señor Williams cuando para el solo soy su empleada, es una locura lo que sucedió. Pero necesito que me aclares eso si no mi cabeza va a explotar. —Tatiana solo suspiraba, esperaba que Mariam le entendiera luego de decirle el verdadero motivo.—Primero esa de señorita no tiene ni una pizca— De solo recordar su cara le daba como fastidio.—¿Por qué hablas de esa manera? Ella se ve muy educada, como las damas de las revistas aparte de ser muy bonita—Sintiéndose una cosita de nada a su lado.—Yo sé por qué te lo digo, esa mujer lo único que busca es pescar un m
Cuando Mariam cayó en brazos de Williams, ninguno de los tres podía creerlo, la pequeña Diana tuvo que ser consolado y socorrida, ya que había entrado en una especie de Shock.—Mariam, reacciona Dios mío ¿Qué le sucede? Tatiana ¿Qué hago?—Primero cálmate y lleva a un lugar que sea cerrado y pueda estar tranquila— Como pudo la levanto sin importar empaparse, la llevo hasta su habitación.Luego de que Tatiana casi lo obligará a salir de cuarto mientras cambiaba de ropa Mariam, no pudo evitar no ver algunas marcas en su cuerpo, no entendía por qué o como ha padecido que alguien la hiera ya tendría tiempo de preguntarle, llamaron al médico un viejo conocido de ellos que para ambos, aunque este demoraba una eternidad, Williams está a punto de tumbar esa puerta y
—Te juro que ni se cómo llegue hasta aquí, recuerdo el sentarme frente a un parque cuando unos niños jugaban, luego caminar y caminar sin darme cuenta llegue hasta aquí, me muero de vergüenza ¿Quién me cambio de ropa? Por favor dime que fuiste tú. —Tapando su rostro con ambas manos, de solo imaginar no sabía dónde esconderse de semejante vergüenza. —Fui yo tranquila mujer que mi amigo es un caballero, pero te creo a veces solemos deambular sin rumbo y siempre terminaos donde nos sentimos más cómodas, pero te doy un consejo no tengas miedo de sus propios sentimientos, deja de lado el que dirá solo preocúpate por tu felicidad, te lo digo yo que cualquier diría que estaba loca que a los tres meses de conocer a mi maridito me termine casando como osote. —Con una sonrisa de solo recordar como salió huyendo de la iglesia dejando al novio plantando para huir con el turista que había conocido hacía poco tiempo. —¿Tres meses? Suena