Estos dos están echando fuego. Los amamos jiji. Como siempre, gracias por leer, chicuelas, recuerden comentar, reseñar y dar like para mas capitulos
Capitulo 42: "Una promesa" Aquel encuentro no fue común, no fue como el resto. Fue ardiente y salvaje, casi primitivo, como si hubiese pasado una década desde la última vez. Volviéndolos más ansiosos y necesitados, más hambrientos del otro.— Dios, sí, Ares, por favor… por favor — rogó sin saber todo lo que decía, pero no quería que pararía.Ares sonrió con talento. Sabía perfectamente lo que hacía y hasta donde la llevaría, pues eso no era todo. Alzó el rostro y se lamió los labios, como si buscara demostrarse que todo de ella sabía exquisito en su boca.— Mírame — le ordenó. Giulia obedeció sin dudar. Su pecho subiendo y bajando —. Coloca tu pierna sobre mi hombro. Ahora.Giulia, maravillada por lo que él le pedía, obedeció. Alzó una pierna y la colocó delicada sobre su hombro derecho.— Eres una chica buena, Giulia. Muy buena.Ella se mordió el labio inferior, fascinada.— ¿Merezco un premio por ello?— Por supuesto que lo mereces. Voy a dártelo ahora mismo — entonces volvió a su a
Capitulo 42: "Felicidad empañada"Los días en Roma fueron maravillosos. Ares y Giulia vivieron y disfrutaron cada momento compartido antes de volver a Brasil, felices. Y es que ahora que sabían que todo estaba dicho entre ellos y conocían el pasado del otro, solo restaba amarse hasta que el corazón no pudiera más.Con pasos firmes, Ares y Giulia atravesaron el vestíbulo principal, y por un breve instante, se sintieron inmersos en su propio mundo. La complicidad en sus miradas y la calidez del contacto de sus manos dibujaban en el aire una intimidad inquebrantable.Pero, de pronto, la atmósfera se tornó densa. Miradas acusatorias se posaron sobre Giulia desde cada rincón: desde el vestíbulo, en las escaleras, y hasta en los pasillos de cada planta.— ¿Qué está pasando? — preguntó Giulia, con una voz temblorosa y confundida, mientras apartaba la mirada de unos ojos inquisitivos.Ares frunció el ceño. No podía entender de inmediato la fuente de aquellas miradas, pero su instinto le dijo q
Capitulo 43: "El amor lo cura todo"Cada palabra del doctor resonaba en la mente de Giulia como un martillo. La imagen de Ares, siempre tan fuerte, tan invencible, ahora se desmoronaba en una pesadilla de impotencia y dolor.No sabía cómo iba a sentirse, tampoco como iba a… reaccionar.De repente, en medio del silencio que se había instalado en la sala de espera en ese momento, comenzaron a escucharse gritos. Enseguida, reconoció la voz de Ares. Se incorporó al ver que varias enfermeras se dirigieron a la escena. Ella las siguió, y al entrar a la habitación, su corazón se hizo demasiado pequeño.Se trataba de Ares, forcejeaba con un grupo de enfermeras para que lo soltaran, pero cada movimiento parecía empeorar su estado.La angustia se apoderó de ella. Corrió hacia él, extendiendo sus manos, y con lágrimas en los ojos le gritó:— ¡Ares, por favor, para! ¡Para, mi amor, para!Ares se detuvo un instante y, al sentir la calidez de sus manos sobre sus mejillas, sus ojos se encontraron con
Capitulo 44: "Cena, yate y una dulce propuesta" Durante las semanas siguientes, las noticias fueron llegando.Simón no resistió a la operación y murió en quirófano.Elena, al saberse descubierta, intentó huir del país, pero fue capturada antes de subirse al avión, y ahora estaba enfrentándose a una pena en prisión de casi diez años, a la que posiblemente se le sumarían más por una investigación abierta que tenía en su contra, y es que, la forma en la que la mujer siempre se había referido a la madre de Ares, alguna vez lo hizo sospechar de que… ella quizás haya tenido algo que ver en su extraña muerte.— ¿Estás seguro de que quieres abrirlo tú? — le preguntó Giulia una tarde. Habían recibido un sobre con cierta información que, podrían comprobarlo o simplemente dejar aquel asunto atrás.— ¿Puedes hacerlo tú por mí? — le pidió él a cambio. Sus ojos suplicantes, cargados de miedo.Giulia acarició su mano y asintió con una media sonrisa antes de tomar el sobre y abrirlo. Dentro, había u
— ¿Ca…sarme? — preguntó Gala después de la lectura del testamento. Acababa de enterrar a sus padres y hermana mayor hace menos de veinticuatro horas y no había dormido lo suficiente, así que por la falta de lucidez, le fue fácil suponer que había escuchado mal.El hombre detrás del escritorio, con la mirada todo el tiempo gacha, repitió la cláusula para que no quedaran dudas, pero Gala negó, desconcertada.No, era una locura.¿Por qué razón sus padres la obligarían a casarse? No tenía sentido.— … y de no cumplir con dicho mandamiento, todo pasará a manos de su tía paterna, Beatriz de Lima.Gala giró la cabeza y miró a su tía con el ceño fruncido. Fue una sonrisa siniestra lo que la hizo volver la vista al hombre, y con voz dudosa, respondió.— De acuerdo, lo haré. ¿Cómo contacto a este hombre con el que… debo casarme?— No se preocupe, solo deberá presentarse en el registro civil a una hora estipulada. La señora de Lima la guiará en todo.— No necesito de ella.— Su padre así lo esti
La ceremonia se llevó a cabo de forma rápida y casi fría, y aunque Gala todo el tiempo mantuvo una sonrisa y su dulce optimismo, no sería hasta después de dar el “sí, quiero”, cuando descubriría su nueva realidad. Cruda y devastadora.Por supuesto, antes de firmar su destino, Gala tuvo preguntas, como de dónde se conocían él y sus padres, pero, ninguna de ellas fue respondida, a excepción de un “no tengo tiempo para tus preguntas. Continuamos o lo dejamos aquí. Tú tienes más que perder” de su parte. Por lo que Gala se vio en la obligación de asentir y unir su vida en matrimonio al hombre que estaría por conocer.— ¿Tienes tu equipaje contigo? — fue lo primero que le preguntó Ramsés a Gala luego de haberse convertido en marido y mujer. Ni siquiera hubo beso, lo que abochornó ante a todos a la pobre Gala.Con voz dulce, ella respondió:— No, no sabía que…— ¿Que qué? ¿Qué después de convertirte en la esposa de alguien te irías a vivir con él? — se burló Ramsés de forma cínica, y la cort
Tras recobrar el aliento, Gala bajó del auto, observando con asombro y confusión todo lo que había a su alrededor. Hectáreas tras hectáreas de verde le dieron la bienvenida. También el olor a flores frescas y tierra húmeda. Parpadeó dando un amplio recorrido con su mirada.— ¿Tú… vives aquí? — preguntó la joven, atontada.— Sí, y es donde lo harás tú también a partir de ahora. ¿Por qué? ¿Te desagrada la vida en el campo? — quiso saber con arrogancia y fastidio. No le sorprendería en lo absoluto su rechazo por aquel lugar. A Giulia tampoco le gustaba la vida en aquellas tierras, y cuando lo dejó, no desaprovechó la oportunidad para confesarle en su cara que repudiaba todo de aquel lugar. Desde el olor a pasto hasta el merodear de los bichos.Pero, para su completa sorpresa, la respuesta de Gala fue todo lo contrario.— No, de hecho, es… un lugar hermoso. Creo que va a gustarme la vida aquí.Ramsés la miró contrariado.— ¿Qué?— Sí, bueno, jamás he estado en un lugar como este, pero me
Gala se quedó lívida por largos segundos.— ¿Qué? — consiguió preguntar, atándose la bata y abrazándose a sí misma.— Te dije largo, vamos, fuera de esta habitación. ¡Salte! — y señaló la puerta.Gala ahogó un jadeo y negó con la cabeza, desconcertada, llorosa.— ¡Pero…!— ¿Es que no me escuchaste? ¡FUERA! ¡LARGO! — gritó el brasileño, fuera de sí.Para ese punto, Gala intentó alcanzar su maleta, buscando desesperada y con manos temblorosas algo con lo que cubrirse, pero sin pensarlo y rebasado por el resentimiento, Ramsés la tomó del brazo y la sacó de la habitación sin pensar en las consecuencias, no fue hasta después de largos segundos e inhalaciones profundas cuando reaccionó.— ¡Carajo! — gruñó, ¿qué había hecho? Estaba semi desnuda y… ¡Idiota! ¡Mil veces idiota!Salió a buscarla. No había sido su intención. No de esa forma, pues a final de cuentas, sea cual sean sus planes de venganza, ella seguía siendo su esposa y nadie más que él, tenía el derecho de verla con poca ropa.Abri