Fuera del auto.En un lugar apartado y oculto, estacionaban dos autos negros que se camuflaban perfectamente con la trémula oscuridad de la noche.Un guardaespaldas vestido de negro se acercó a la puerta del segundo auto y dijo con respeto:—Señorita, las puertas y ventanas ya están cerradas con llave. No podrán abrirlas desde adentro.—¿Y los celulares? —Gracia levantó una ceja. Quería asegurarse de que todo estuviera bajo control.—No se preocupe usted por ese detalle, señorita —respondió el guardaespaldas con confianza.—El celular de Adrián está en nuestras manos. Además, he instalado un inhibidor de señal cerca de su auto. Aunque Adriana tenga su teléfono u otro dispositivo de comunicación, no podrá pedir ayuda a nadie. Esta noche, le garantizo que Adriana no saldrá de la caravana de Adrián.—¡Excelente! —Gracia sonrió con malicia, de esas malicias llenas de veneno.Dentro la camioneta de Adrián, Adriana se esforzaba por calmarse y le contaba lo que había pasado a Adrián.—Entonce
—¿Sabías que la dureza de los diamantes es tan alta que son usados para cortar vidrios?Adriana también se levantó y le dijo a Adrián:—Aunque ahora no tengamos un martillo, en la caravana hay vasos, platos, una tetera y mi celular. Todas estas cosas podrían servir para romper el vidrio. Pero, las ventanas son resistentes, y si no usamos algo afilado para cortar el vidrio primero, será imposible romperlas.—¡Listo!Después de escuchar su plan, Adrián recuperó la confianza. Siguiendo las indicaciones de Adriana, utilizó el diamante para dibujar un patrón en forma de cruz sobre la ventana y luego volvió a pasar el diamante una y otra vez por las líneas para hacerlas más profundas.Después de un rato, al ver las grietas en el vidrio, Adrián comentó:—Creo que ya está casi listo. Podemos intentar romperlo con otra cosa.Adriana lo detuvo:—Espera un poco más.—¿Esperar qué o qué?—Estamos atrapados. Los hombres de Gracia seguramente nos están vigilando desde afuera.Esperemos un poco más,
Adriana se quedó pasmada sin saber que decir.Su corazón reaccionó más rápido que su mente; esa punzada de sexto sentido repentina era algo que experimentaba por primera vez.José, al ver que sus ojos estaban fijos y su cuerpo completamente tenso, pensó que estaba era asustada. Por lo que su tono se suavizó:—No hay nada de lo cual preocuparse, me parece que esa serpiente no era venenosa...—Ok.Adriana apretó los labios y, por instinto, agarró con fuerza el robusto brazo de José.Él también se sorprendió un momento. Era la primera vez que sentía que una mujer dependía de él de forma tan sincera. Hizo una pausa y luego la alzó en brazos.A través de la ropa, Adriana podía sentir su corazón vigorosamente latiendo y el calor de su pecho. Esa sensación de protección la hizo acercarse más, rodeando el cuello de él cuello con sus brazos y apoyándose en su pecho.José sonrió un poco inconscientemente:—Vamos, te llevaré al hospital.De repente, Adriana recordó algo y dijo con prisa:—No, ten
La señora Torres iba a decirle algo a Adriana, pero, de repente se dio cuenta de que estaba interrumpiendo algo más importante, así que rápidamente agitó la mano y dijo:—No pasa nada, no quiero importunar, ustedes sigan con lo suyo.—Señora, ¿qué es lo que quiere decirme? —José preguntó con seriedad.—Nada que sea más importante que lo que ustedes tienen que hacer. ¡Sigan, sigan ustedes! ¡Adiós yo me despido! —dijo rápidamente, y al instante colgó la llamada.A fin de cuentas y después de todo, ¡lo más importante era tener nietos!—Esa vieja cizañera…Cuando Adriana bajó el celular, José intentó romper el hielo:—Gracia y todos los que están trabajando para ella están bajo mi control. ¿Cómo quieres manejar esto?Adriana pensó un momento y respondió:—Por ahora no los molestes, no es necesario.José parecía sorprendido:—¿Te refieres a que… vas a dejarlo todo, así como está?—¿Cómo crees? —Adriana sonrió, sin explicarse.—¿Entonces qué planeas hacer? —preguntó él, curioso.—Pues, ¿qué
—Eh… ponte el cinturón de seguridad.Adriana volteó la cabeza, intentando romper la incomodidad del momento.José notó cómo ella se ponía roja y se enderezó en su asiento.—¿Quieres saber qué deseo fue el que pedí? —preguntó él con un tono suave, como si insinuara algo.Adriana notó ese tono y, para no caer en su juego, solo cerró los ojos y dijo:—Si dices tu deseo, no se cumple. Estoy un poco cansada y mejor ya me voy a dormir.Le pareció tan directo que José no pudo evitar reírse.Sin embargo, Adriana, que al principio solo quería fingir, realmente se quedó dormida, y no despertó hasta que llegaron al hospital.El médico revisó su herida y les informó que la serpiente no era venenosa y que lo de su pie tampoco era grave. Tras desinfectar la herida, les aseguró que no tenían nada de qué preocuparse.Viendo lo tarde que era y que Adriana lucía exhausta, José decidió que era mejor que ella pasara la noche en una habitación VIP del hospital.A la mañana siguiente, cuando Adriana despert
Alta costura, grandes marcas, y siempre tan aburridas las cosas en las que se fijaban.Adriana se sentía un poco incómoda; siempre que ese grupo de jóvenes aristócratas con intereses tan extraños se reunían, se sentía un ambiente pesado y excluyente.Adriana no quería ser parte de su juego, sentía que estar con ellas solo le restaba inteligencia.Pero Gracia no podía dejar de provocarla, así que ella no tuvo más opción que responder:—Creo que todos ustedes, con una educación de élite aristocrática, saben lo que significa la verdadera nobleza, así que no necesito hablar más.—Sí, sí, claro que sabemos lo que es ser de la alta sociedad, porque nacimos en familias de plata, no necesitamos que nos enseñes —respondió Gracia, con un tono arrogante.—No evadas el tema —insistió Gracia.—En serio nos mata la curiosidad ¿de qué marca es el vestido que llevas? ¿No vas a decirnos?Gracia no dejaba de insistir, y Adriana vio que todos los presentes solo se interesaban por esa pregunta, dándose cu
La señora Torres estaba a punto de irse a hablar con algunas amigas, pero, al escuchar a Gracia, se detuvo.—Adrián no está interesado en el amor, no hemos oído hablar de ninguna muchacha que le interese en todos estos años —comentó alguien, dudando de la afirmación.Sin embargo, Gracia sonrió con seguridad —Yo no me invento nada. ¿Conocen ese diamante rosa recién sacado de Sudáfrica? Pues Adrián fue quien lo compró, y como Adriana adora las estrellas, él quería regalárselo.—¿En serio?—Si no me creen, pues busquen. Van a ver que ese diamante está registrado a nombre de Adrián —respondió Gracia con una expresión confiada.La señora Torres cambió sutilmente su expresión.Gracia sabía que la señora Torres no soportaba a una mujer irrespetuosa, así que aprovechó para continuar:—Ayer por la noche, Adrián y Adriana fueron juntos a ver las estrellas fugaces, ¡en Nube Cerquita! ¡Y acamparon juntos!—Ah, ya entiendo.En ese instante, todos comenzaron a asumir que había un romance secreto en
Cuando escucharon a Adriana, todos los chismosos con miedo de perderse la primicia presente sacaron rápido sus celulares para ver las noticias.Gracia hizo lo mismo. Con el celular en la mano, trataba de disimular sus nervios, sin querer que se notara que le importaba demasiado.Pero no importaba cuánto tratara de ocultarlo, la noticia era tan explosiva que rápidamente hizo que todos se olvidaran del tema de Adrián y Adriana.Todos fueron a leer la última gran noticia, fascinados.Amor prohibido: La joven millonaria que se enamoró de su guardaespaldas.La noticia subió al tercer puesto de las noticias más comentadas en solo tres minutos, ¡y seguía subiendo!Al hacer clic en la noticia, descubrieron que la tal noble dama era nada más y nada menos que Gracia, la hija del duque Guillermo que siempre se mostraba en público.La filtración incluía fotos íntimas de Gracia y su guardaespaldas vestido de negro, donde los dos aparecían juntos en un auto en el campo San Carlos. Se les veía susurr