Capítulo 7
Carolina comentó con tono mordaz:

— ¿Cómo puede haber gente tan rastrera? Ese paparazzi es un conocido mío; seguro que lo contrató él mismo. ¿No es obvio que intenta forzar la situación? Por cierto, ¿ya te divorciaste o qué?

Solo de pensar en el asunto me dolía la cabeza.

Por supuesto que quería divorciarme. Incluso había llegado al punto de ofrecer irme sin nada con tal de lograrlo. Pero Javier se negaba a firmar los papeles. Para colmo, me llamaba cada pocos días: a veces apelaba a los sentimientos familiares, otras me amenazaba con hacerme la vida imposible. Ni siquiera podía bloquear su número por miedo a complicar más el proceso de divorcio.

No lograba entenderlo. Le estaba dejando el camino libre para que pudiera estar con Susana abiertamente. ¿Por qué se resistía tanto?

Hablando del rey de Roma... El teléfono sonó y, como era de esperar, era Javier.

Contesté con resignación. Del otro lado se escuchaba mucho ruido; debía estar en la oficina.

— Supongo que viste las noticias —dijo
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