Azzura no se deja ni del Don abuelo. ja, ja, ja, ja
AzzuraItala da miradas hacia atrás, y al estar bastante retiradas, se recupera para dar guerra a su amiga.—Te volviste loca, has tratado como m****a al Don, no a cualquiera —pelea.—Es la única opción. No seré la nieta que venderá al mejor postor —prometo.—Darío impidió que recibieras un castigo. —Itala me retiene a mitad de camino y se planta en mi cara—. Temo por ti, cosa que tú no haces.—Para eso te tengo en mi vida. —La acerco a mi cuerpo y abrazo fuerte.—¿Qué harás cuando regrese a Canadá?No quiero ir a ese tema, aunque es nuestra realidad.—Te conozco. Te encargarás de que sienta tus regaños, así estés a miles de kilómetros. —La alejo y jalo de la mano—. Entremos. Hace frío y debemos buscar nuestras habitaciones.—Buscaré la manera de tirar de tu oreja —afirma y se deja guiar hacia la casa.Recorro con la vista el área del frente: hay un bohío, varias tumbonas y una piscina al aire libre.—Antes de irme tenemos que probarla —propone Itala, y asiento.—Lo haremos —acepto, so
BaldassareEnterarme de que la chica hongo es la hija de un Don de los ‘Ndrangheta me puso en máxima alerta, pero no he recibido ataque en mi club. Conseguir el rastro de la gacela fue complicado, pero no imposible. Ella no dejó sus huellas en mi despacho, pero en mi auto sí. Se llama Azzura Serra, y según mis informantes solo es amiga de la hija del Don de Canadá e hija de la doctora de la organización.Entrar a su territorio y averiguar sobre las damas me costó una gran suma de dinero. No me importó la cantidad, tenía que saber si se habían ido de Italia. Para mi satisfacción, no habían vuelto a Canadá. Me contuve dos semanas para dar este movimiento. Resultó que el dueño de este local fue fácil de comprar —es uno de los mejores gimnasios de Reggio de Calabria— y le pagué una fortuna por ser el propietario tras bambalinas. El trato entre nosotros es básicamente protección cuando se enteren de su traición. El tipo no tiene respeto hacia la organización ‘Ndrangheta. Según el señor, per
BaldassareNo esperaba respuesta, pero mi primo decide ser amable.—Es de su equipo o puede que su amigo con privilegios —responde Neri. Enfurecido, lo empujo, pero me retiene por el cuello.El tipo se toma demasiada confianza y une la frente a la de la gacela.—Ocho, nueve y diez —canta Neri, sin soltarme.La victoria es de Azzura, y en vez de celebrar, estoy celoso. El hombre de cabello multicolor la levanta por el trasero; ella se deja y acomoda sus piernas en sus caderas. La multitud aclama su nombre:—¡Azzura, Azzura!Ella está eufórica y alza los puños en el aire. El árbitro mantiene una charla con la contrincante y la ayuda a sentarse. Los de su esquina van a verla. La cara de la mujer se ve peor que la de la gacela.—Imbecille, sigue el plan. No lo arruines. —Neri trata de apaciguarme.Controlo mi impulso y observo cómo ese cretino la exhibe. Lo envidio a muerte. Quiero matarlo. El maldito puede celebrar con ella mientras yo estoy oculto bajo una capucha, junto a mi chantajist
Azzura—Biondo Diavolo, no ladres y cumple —aumento las llamas, sin importar que me quemen.Tengo el rostro desbaratado, el ojo me incomoda y duele cada parte de mi cuerpo, pero su mirada me adora. Chupo su labio inferior y reactivo su lado salvaje. Baldassare devora mi boca. He sido besada muchas veces. Sin embargo, ser besada por el Biondo Diavolo no se compara. Entierro mis manos en su cabello y tiemblo bajo su cuerpo. Su boca baja por el arco de mi cuello y, con cada beso, me quema. Literalmente, ardo en llamas por este diavolo. Las manos de Baldassare me palpan y sube el sostén deportivo, dejando al descubierto mis senos. Él no pierde tiempo y succiona el pezón, consiguiendo que gima. Le da el mismo amor a mi otro seno y guio mis piernas a su espalda. Hundo mis botas de boxeo en su cuerpo y lo atraigo hacia mí. Su dureza frota en mi entrepierna.—Azzura, eres bella —dice con voz gutural mientras coloca su barbilla entre mis senos y me observa con sus ojos brillantes—. Eres mejor d
Azzura—Mírame. —Lo hago porque, si no, insistirá—. Puedo leerte.«No caigas, Azzura. Tienes que salir, apártate de él».—Biondo Diavolo, hemos follado. —No reconozco mi voz.Baldassare saca su pene, y no soporto la horrible sensación. Tengo ganas de pedirle que entre, que me haga suya una vez más.—No seas ridículo. —Retomo la palabra para apagar mi cerebro—. No soy tuya, ni tu mío. —Cierro las piernas y me bajo del escritorio.Las emociones me superan y disimulo buscando mi ropa en el suelo. Por una m*****a vez quiero romper las lealtades. Olvidar que es mi enemigo. Esconder en mi caja fuerte del cerebro el deber.Al mirarlo a sus ojos verdes, no veo peligro. Solo deseo ser suya sin escondernos. Pero mi sangre no lo permitirá. Lo matarán por el simple hecho de posar sus ojos en mí.—Mientes de espanto. —Me giro con la ropa en mano—. Recalco, eres mía, y si vuelvo a ver a ese tipo de cabello multicolor sobre ti, lo mataré. —Guarda su pene flácido, y miro hacia otro lado.No puedo irme
BaldassareRecojo la ropa interior de la cesta. Tengo en mi poder un hot pants oscuro, y cuando lo voy a llevar a mi nariz, a mi primo le da por interrumpir:—Ahora te dedicas a oler diminutos pantalones —bromea.Me giro y le permito que vea que no me importa lo que piense, al llevarme la pieza a la nariz.—Te puedo pegar un tiro para ahorrarte el manicomio —ofrece Neri mientras cierra la puerta.Aspiro a mi gacela, y su olor característico se impregna en mi nariz. Neri, con su odioso andar de rey, pasa por mi lado.—¿Cómo te fue? —pregunto mientras enrollo la prenda íntima y la empujo en el bolsillo delantero de mi pantalón.Mi primo va hacia el cristal, y lo acompaño. Enseguida ubico a la gacela rodeada de su gente.—Hubiera querido estar follando, pero tampoco me fue mal. —Mi primo no es muy cooperador; siempre tengo que joderme para obtener la información.Azurra observa hacia el cristal, y pareciera que es una maldita despedida. Me niego. Nos volveremos a ver. Ella desvía la mira
BaldassareEl viaje en el yate se fue en darme un baño y ponerme el traje de vestir. Esta vez voy con todo, incluso con mi Borsalino (un sombrero de la famosa marca italiana).—Te sienta bien ese Alexander Ala Ancha —halaga Neri mi Borsalino.Todos en la organización usamos este estilo, aunque yo casi siempre lo olvido a propósito. El capi nos alcanza en el puerto, luciendo sus habituales gafas oscuras y su imponente presencia.—Hasta el próximo viernes —se despide con un saludo de capitán.—Caruso, mantén un ojo en las motocicletas y en…—Mantendré el gimnasio vigilado. Cualquier emergencia, te contacto —interrumpe, y ladeo la cabeza para ver su rostro tatuado en el lado izquierdo.—Grazie —agradezco su trabajo y fidelidad.Este hombre no pertenece a la organización. Se puede decir que es un capitán que navega en el bajo mundo con su fiel tripulación. Le ofrecí se parte de Cosa Nostra, pero declinó la invitación. Él lidera sus pasos y se mueve a su modo. Además, es muy responsable en
BaldassareVoy con mi sombrero Borsalino —luciendo el atuendo de Cosa Nostra—, con mi elegante pistola Jericho 941 FS, protegido con el chaleco antibalas debajo de mi chaqueta y mi juguete favorito, la bazuca, colgando de mi hombro.Hemos recorrido el perímetro. Los imbecille se han conformado con quitarle el microchip a mi hermano y la seguridad de afuera olvidada. No fue difícil encontrarlos porque el capi mandó a vigilar el almacén que ardía en llamas, y al darle la ubicación de Constantino, pudieron seguirlos hasta esta finca retirada.Asumo por su torpeza que son soldados nuevos. No tengo dudas de que los grandes vienen en camino.No me molesto en reventar las cámaras —he visto dos—: una en el portón que rompimos y la otra la tengo delante, puesta en un farol. Al contrario, quiero que me vean.Miro al lente y levanto el brazo con el puño cerrado; seguido de:—Ma vaffanculo. —Escupo al suelo para acabar con estilo mi insulto.No aparto la mirada del lente… quiero que me recuerden.