Amo el modo de reina malota de Azzu!!!!
Azzura—Eso fue una fachada —murmura el abuelo, sigue de espaldas en la entrada del almacén—. Darío la mantuvo bajo perfil y la ocultó, pero se encargó de darle su apellido. Azzura es una Minniti. Él… dejó su futuro asegurado.El capobastone se marcha hacia el interior, dejando a los hijos de Belucci anonadados y, de paso, a mí.Siento que tocan la zona baja de mi espalda, y me sacan de mi estupor.Tengo que fingir que no me afectó.Pero… siempre soñé con gritar al mundo mi verdadero apellido, con que todos supieran quién soy.Mi papá lo sabía.Lo hablamos incontables veces, con la esperanza de que algún día…Terzo me señala el camino con un gesto de la barbilla, una acción que habla más que mil palabras.—Me disculpan —me excuso y coloco la mano en el pecho—, tengo una cita con la espada de la lealtad.Empleo mi modo ácido y les digo adiós moviendo los dedos.Dentro del almacén, el Don me espera al lado de la cruz enorme.Busco a mi padre, por ilógico que sea, pero no está…El sitio s
BaldassareEntro al cuarto de billar de la cueva, ubicado en la cuarta planta, y por más que quiero estar solo, no me lo permiten. Mi hermano no deja de pedirme explicaciones.El problema es que Caruso y su gente —ellos se llaman los Sovrano, yo los llamo la cueva—quieren respuestas sobre lo sucedido.El vídeo circula por las redes.Todos en el bajo mundo han visto como los Vitales hemos sido la comedia de los Minniti.Christoph se comunicó enseguida.El viejo solo ladró insultos para sus hijos ineptos. Exigió que regresemos de inmediato.Pero antes, debo calmar las aguas en la cueva.Este cuarto es su sitio de operaciones.Tienen cuatro mesas de billar en el centro, que usan más de mesa y asiento que para jugar. Un sistema de música en una esquina llena las paredes con la voz rasgada de Damiano David, el vocalista de Måneskin. Todos aquí aman a la banda de rock italiana. Me sumo.—El clan Corvi se aseguró de que viéramos sus rostros —señala el Capi.—Solo tenían que traer al chef —esp
Baldassare—¿Dónde la conociste? —insisto.—Tranquilo, la conocí en el tren —contesta mi hermano, resoplando—. Solo me cayó bien. Estaba nerviosa… y la seguí.—¿Por qué estabas en el tren?Lo investigo con la mirada.Lo encontramos porque ambos llevamos microchips. Chris lo exigió.—Fui a Polistena —susurra Constantino, con la mirada sombría.Me detengo ahí.No voy a seguir preguntando frente a todos. Lo hablaremos en privado.—¿Recuerdas a la chica que me dio una paliza según Chris?—No finjas —interviene Neri con una sonrisa burlona—. Esa patada debió doler.Constantino me empuja para acomodarse en el futón. Los chicos se ruedan, quejándose, pero él los ignora con aire relajado.—Joder, nunca vi el video, pero recuerdo lo furioso que estaba el viejo —murmura, sorprendido—. ¿La luchadora y la principessa son la misma persona?—Azzura —corrijo, con dureza.El nombre se me queda en la boca, con un sabor a hierro.No me gusta la facilidad con la que la llama así.Como si le perteneciera.
BaldassareRecibo el escozor en mi mejilla.Me gané este bofetón…Nuestro padre nos dio una efusiva bienvenida.A puro bramidos.Llegar a casa nunca se sintió incorrecto.El ambiente jamás había sido intolerable.Podía haber diferencias, opiniones contrarias, incluso rebeldía por mi parte, pero esto…Esto es como si no perteneciera.Los ojos de cada soldado me juzgan.No basta con la mirada cargada de reproche del capofamiglia. Quieren asegurarse de que entienda que he fallado a la organización.No los culpo. No los odio.En este mundo, para sobrevivir, debes ser un taimado.No dejarte intimidar.Y yo les fallé…Permití que una niña —ante los ojos del bajo mundo— humillara a la famiglia.—Retráctate —brama mi padre, tirándose del cabello al no obtener mi sumisión.Sabe que, de sus tres hijos, soy el rebelde.Ni sus aullidos ni sus golpes me harán cambiar de opinión.El impacto de su mano en mi mejilla lo gané al admitir ante la organización que la gacela no es mi enemiga.No está en mi
BaldassareAgradezco que nunca nos haya faltado un techo ni comida. Pero…Un poco de amor paternal es el sueño de cada niño.Ya soy grande, y aún lo creo.—La palabra traición saliendo de tus labios me choca —hablo, herido, y camino hacia él.Mamá se angustia y coloca las manos en el pecho de los dos.—¿Y cómo se llama darle la espalda a tu famiglia por la hija del enemigo? —pregunta con ironía.—¿Qué hija? —indaga.—La hija de Darío Minniti —escupe mi padre con desprecio.—Él no tiene hijos —refuta mamá, aturdida.—Tu hijo otra vez ha sido el hazmerreír en un vídeo en las redes —gruñe, furioso—. Lo dejaron en ridículo anoche y no hizo nada por defender su apellido.—Hay batallas que pierdes por el bien de las personas que te rodean —respondo, conteniéndome, y tamborileo los dedos en la pierna.—No entiendo… —musita mamá, enterrando los dedos en su cabello.—Se niega a actuar en contra de ella. —Mi padre me señala, y su voz sube de tono—. Nos da la espalda por los Minniti.Dicho así,
BaldassareLa noche nos oculta.Nos encontramos en el Lago di Ganzirri, y el Capi se asoma con los gemelos de guardaespaldas. Llevan abrigos con capuchas y gafas oscuras, ocultando su identidad en Sicilia. El Capi sabe moverse por el bajo mundo como una serpiente astuta. Nos detenemos a unos pasos, y yo ajusto mi sombrero de Borsalino.Neri me propuso usar nuestro distinguido estilo, aunque demos nuestros primeros pasos por nuestra cuenta. No me pareció descabellado.Somos los caballeros del bajo mundo. Eso no lo cambiará nadie. Demostraremos a nuestros padres lo que hemos aprendido en el entrenamiento. El mundo es demasiado grande, y todos tenemos cabida.—Te demoraste —dice el Capi, señalando mi impuntualidad.—Tuve que hacer una parada importante —respondo sin emoción y sin dar explicaciones—. Forza, nuestra rata nos espera —apuro y comienzo a caminar con Neri a mi costado.Los Lagos di Ganzirri son una maravilla natural y uno de los destinos más visitados por los turistas. Adoro v
AzzuraNo esperaba encontrarme con una fiesta en la villa de Polistena.El clan Corvi espera mis instrucciones. Terzo habla con los pocos hombres que custodian el terreno. Tal vez intenta convencerlos de que me acepten como la quintina. Barro con la mirada el área y, en la piscina, capturo a la madrastra encima de un hombre. No me sorprende que no haga luto, pero su forma de pisotear la memoria de mi padre es algo que no permitiré.La música retumba y causa estragos en mi interior. Maddelena deja en claro que la muerte de Darío la hace muy feliz.Y eso jode.Las personas se concentran entre el bohío y la piscina. Debe haber alrededor de unas diez personas. Algunos nos miran llegar, otros siguen bebiendo.Kenta está a mi lado y lo volteo a ver.—¡Acabemos esto! —grito, para que pueda oírme por encima de la música.Kenta se inclina mientras frota sus manos, viéndose malvado. Pasa su lengua por sus incisivos superiores y levanta la mano, llamando a sus hombres con un leve movimiento de l
AzzuraEl colchón se hunde, y de inmediato muevo la mano debajo de la almohada, sacando la pistola. Apunto el lado izquierdo, hacia el movimiento, y la mano de la persona que se acerca se queda suspendida en el aire. Mis ojos se inundan de lágrimas. La persona se arroja a abrazarme.Mi madre.Se cuelga de mi cuello, me aprieta con fuerza mientras mis sollozos se intensifican. Le devuelvo el abrazo, aún con el arma en la mano. Ambas lloramos. Puedo sentir la vibración de su llanto. Besa mi cabello y acaricia mi espalda arriba y abajo, dándome consuelo.—Il mio combattente (Mi luchadora) —dice con la voz quebrada y se aparta para verme—. Mírate. —Sus manos enmarcan mi rostro—. Te pondré mascarillas —bromea con la verdad.Han pasado dos días desde mi iniciación.Los he pasado conociendo al clan Corvi y agradeciendo a los seis hombres de confianza de papá que decidieron quedarse conmigo.Así que sí, mi rostro es un espanto.Viro los ojos y mi madre ríe.—Mírate, de vuelta en Italia. —Juego