Elizabeth no era capaz de resistirse a las caricias y besos que le brindaba su amado, así que dejó que la desnudara completa, dándole besos húmedos en cada parte de su piel expuesta, arrancándole más que simples gemidos, mientras ella se mordía el labio inferior inclinando su cabeza hacia atrás.
Abría los labios tomando bocanadas de aires, dejándose dominar por la ágil lengua de su mafioso.
Después que él se deleitó chupando y mordisqueando ambos pechos creó un camino de besos candentes desde el valle de los senos hasta detenerse sobre su pelvis.
—Agárrate bien cariño— dijo en cuanto la levantó metiendo su cara en esa parte que adora de su esposa. Pegándole de la pare
Emilio prefirió ignorarla, bastante tensión tenía con saber que ahora estaba entre la espada y la pared con el matrimonio con Gabriela; cayendo en cuenta que si eso sucedía también se daría cuenta quien era; ya que ante el notario debía presentarse con su nombre real y no con el alias que se había impuesto. Llegó a la casa, mandó a Gabriela a la habitación siendo vigilada por Mariano mientras gritaba hacia el cielo, cuando salió a la terraza de la impotencia que tenía.Sabía que su amigo tenía algo de razón sino, no se hubiera puesto la soga al cuello para aceptar un matrimonio si no diría quien es ella en realidad para matarla en un dos por tres. Le atraía la joven y peor con esa actitud que tenía de sobrada, porque no se dejaba manipular de cualquier hombre encitandolo a pensar que sería ese primer y único hombre que
Gregory y Elizabeth siguieron a Gabriel; aún asombrados con la novia tan hermosa que tiene su hijo, ella no podía creer que ya sus hijos son adultos, y él estaba orgulloso porque su hijo es todo un don Juan.Pero toda ilusión murió por parte de Gregory cuando llegaron a la sala de aquella casa, observando que Gabriel estaba enamorado de la hija de unos de los oponentes de Gregory. Los dos se miraron con recelos, apretando sus mandíbulas y puños hasta que sus nudillos se pusieron totalmente blancos.—Bienvenidos, familia Bianchi— la chica novia de Gabriel se quedó pasmada, puesto que no le había dicho a su padre que su novio provenía de esa familia.—Ustedes se conocen— preguntó ella a su padre.<
Gabriela se quedó callada y Emilio tras no obtener su respuesta salió de allí dando un portazo, reclamándose a sí mismo por la estupidez que estaba a punto de cometer, mientras ella seguía en abnegación de creerle todo lo que ha dicho de sus padres pensando que su madre no es ese tipo de persona caprichosa que jugaría con las vidas de los demás como así lo afirma Emilio y lo que más le intrigó fue notar que él siente mucho odio contra su madre porque cada vez que la mencionan nota su desagrado por ella.Esa noche no durmió nada pensando en todo eso, sin dejar de llorar porque a pesar de que bromeaba ya su interés por su secuestrador no era solo atracción sexual, puesto que la noche anterior le preguntó a mariano sobre la vida de Emilio y este le comentó que &eacu
Gabriela le pegó una cachetada sin importarle las consecuencias que pudiera tener, estaba cansada de sentirse un juguete con el cual podían hacer y deshacer a su antojo. Emilio sintió el golpe como su mejilla estaba de roja, volteando a verla para devolvérselo, pero se detuvo en el momento preciso mientras Gabriela cerraba los ojos, recordando como su padre maltrataba a su madre en frente suyo sintiendo las ganas de defenderla, pero no podía observando cómo sufria solo por estar al lado de un hombre. Bajo sus manos, Gabriela abrió los ojos sorprendida de que no hubiera actuado y salió de la habitación cerrando con fuerza, se estremeció ante su reacción.Gabriela quería escapar, pero no encontraba la forma de poder hacerlo, aunque no estuviera de acuerdo no tenía más opciones que casarse con un desconocido que
Salió de su habitación, ordenando a Mariano moverse para apurar a Gabriela también. Había llegado la limusina que los iba a llevar, miraba su reloj dándose cuenta de que había pasado la hora y no le había llegado ninguna carta; cuando sonó una notificación en su móvil dándose cuenta de que, si la había recibido, sonrió triunfante por lo que estaba a punto de suceder. Vio como Gabriela salió de la habitación, apagando su celular porque usaría esa carta no solo para hacer legal el matrimonio sino porque haría que su amada hija los odiara de por vida por haberla vendido.— Estoy lista, podemos irnos — Dijo con una sonrisa, se veía hermosa más en ese traje de novia, donde decían que no se podía ver antes del matrimonio o era una maldici&oac
Gabriela había despertado, no podía creer todo lo que estaba sucediendo sintiendo su corazón arrugado, estaba recostada en una cama que no era de ella así que suponía que estaba en la habitación de Emilio. Se sentía traicionada, devastada y sin ganas de nada al pensar que ni en su familia podía confiar porque la habían entregado sin pudor a los brazos de uno de los enemigos, no solo eso, sino enterarse de que hacían parte de la gran mafia italiana ocasiona que se rompiera la burbuja de la familia perfecta que tenía, ya no sabía realmente en qué mundo estaba viviendo.— ¿Cómo sigues? — Preguntó Emilio con dolor, mirándola fijamente —, Se que me odias por mentirte, pero debes escucharme primero — Afirmó sentándose a su lado, Gabriela solo l
Gabriela estaba dispuesta a servirle a Emilio, tal y como sus padres la habían vendido, sentía que le pertenecía como un objeto cuando es comprado por alguien, sin embargo, aunque se había rendido ante su esposo no podía evitar que por sus venas corriera el odio que siente hacia todos incluido hacia ella misma, por haberse enamorado de un hombre tan desgraciado como él.Claro que sentía la necesidad, por él y le correspondía el beso sin dejar de pensar que estaba obligada a cumplirle a su esposo, quien la quería doblegar y lo había logrado, la tenía a su antojo. Había logrado excitarla con las caricias dadas, y precisamente eso la había hecho sentir peor.Estaba totalmente apesadumbrada, dejando que la llenará de besos y peque&ntild
Emilio durmió acunando a Gabriela entre sus brazos, nunca antes había dormido como lo hizo con su esposa pegada a su cuerpo sintiendo el calor y el dulce aroma que emana esa pequeña flor en sus manos; ahora se sentía completo, no quería dejar ir a esa pequeña que se estaba convirtiendo en parte de él en apenas días, pero sintió la necesidad de levantarse a media mañana, tenía unos encargos que hacer y eso le preocupaba.«Nunca te dejaré, Gabriela» prometió mientras besaba su frente.Tomó una ducha, y tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a su amada, se alistó, como siempre usando ropa negra, su color favorito.Al momento de agarrar su teléfono móvil vio v