"Amo caminar bajo la lluvia porque nadie sabe que estoy llorando en realidad"—¡Oh, vamos! —se quejó él, con una expresión divertida pero exageradamente melancólica. Su mirada estaba llena de diversión, pero su tono de voz hacía que todo sonara como si fuera una petición realmente dramática. Yo solo le sonreí, manteniendo la caja de pastelillos en mis manos como un trofeo preciado.—Nop —respondí, negando con la cabeza mientras sostenía con firmeza la caja que tenía en las manos, como si fuera lo más importante del mundo.—¡Oh, vamos, princesa! —repitió él, haciendo una mueca mientras se cruzaba de brazos, jugando a estar realmente molesto, aunque sabía que no lo estaba. No pude evitar soltar una risa al ver su actitud exagerada, y, sin pensarlo dos veces, corrí alrededor de la mesa, intentando mantener la caja fuera de su alcance.—¡No seas mala! —dijo, siguiéndome a gran velocidad, con los pies apenas tocando el suelo mientras intentaba alcanzarme. Mis risas resonaban por la habitac
Corría con todas mis fuerzas, el aire frío golpeando mi rostro, mientras el cielo, oscuro y denso, presagiaba una tormenta feroz. El sonido de mis pasos resonaba en la quietud de la noche, y mi corazón latía desbocado en mi pecho, bombeando sangre a toda velocidad. No podía fallar. No podía dejar que esto terminara de esta manera.— Mierda, maldita mierda. —maldije entre dientes, la ansiedad apoderándose de cada fibra de mi ser. Me había quedado dormida, inmersa en pensamientos que no pude controlar, y ahora, al despertar, me di cuenta de que el tiempo me había jugado una mala pasada. No había notado que él había salido, y con él, todo lo que había temido comenzaba a hacerse realidad.Mañana cumplíamos dos meses de novios, y ahora todo lo que sentía por él estaba siendo destrozado, aplastado por la horrible visión que se desplegaba frente a mis ojos. Ahora entiendo por qué pidió esa cita conmigo. Todo había sido una trampa. Una mentira, desde el principio. ¿Y yo, tonta, había caído?L
"Cuando ves el ultimo aliento de vida de una persona... Te fijas en sus ojos"Lloraba aferrado a su cuerpo frío, mientras la lluvia seguía cayendo con fuerza, sin mostrar intenciones de detenerse. Las gotas golpeaban mi rostro, mis hombros, mi alma, como si quisieran arrastrarme hacia la misma oscuridad que ella ya había abrazado. Con la cabeza sumida en su pecho, inmóvil, sentí cómo la tormenta no era nada comparado con la tormenta que se desataba dentro de mí. Nada tenía sentido, nada parecía importarme ya.—No... —murmuró mi hermano. Lo vi, y seguía exactamente igual, como si el mundo entero se hubiera detenido junto a nosotros, sumidos en la desesperación. Estaba llorando. Sus lágrimas caían en silencio, sin siquiera intentar ocultarlas.Volví mi cara hacia su pecho, dejando que las lágrimas siguieran su curso. El sonido de los pasos fuertes chocando con el agua del suelo resonaba a mi alrededor, pero nada de eso alcanzaba mis oídos. Estaba ciego, sumido en la oscuridad de mi ment
Llegamos a una mansión. Mi hermano había venido con un grupo de hombres desde antes, su presencia pesada y solemne, como un presagio de lo que estaba por ocurrir. Apenas crucé el umbral de la mansión, el cuerpo de mi princesa, ya sin vida, colgaba pesadamente en mis brazos. Los hombres que se encontraban allí, de pie y con semblantes graves, hicieron reverencias, inclinando la cabeza ante la tristeza que nos envolvía. Algunos murmuraron las palabras que él había dicho, mientras otros se cubrían el rostro con las manos, sollozando en silencio. Yo, sin embargo, no entendía nada de lo que sucedía.La frase "God save the proom queen" seguía resonando en mi mente, pero no lograba comprender su verdadero significado. Cada paso que daba me hundía más y más en un abismo oscuro de desesperación. Las mujeres que me miraban con ojos llenos de lágrimas lloraban desconsoladas, gritando en un dolor indescriptible, negando lo que estaba sucediendo. Su dolor solo incrementaba el mío, como si mis prop
Cuando finalmente logré recuperar un poco el aliento, cuando el llanto comenzó a ceder, me acerqué de nuevo a las paredes que estaban cubiertas de recuerdos. Cada foto, cada sonrisa, cada momento compartido se sentía como una daga en el corazón. Mis ojos, ya hinchados y rojos de tanto llorar, se posaron sobre una foto que, al principio, no había notado entre las demás. Estaba al fondo, casi oculta por la multitud de imágenes. La tomé con manos temblorosas.Era una foto de ella, cuando era niña. La imagen me golpeó con una fuerza que me dejó sin aire. Era tan pequeña, apenas una niña de siete u ocho años. Su cabello castaño, con tonos dorados que brillaban como el sol, caía sobre sus hombros en suaves ondas. Sus ojos, grandes y de un celeste claro como el cielo en pleno día, miraban curiosamente al frente. Su piel era clara, suave como la porcelana, y sus labios, finos y rosados, formaban una línea recta, tranquila. En la foto, ella estaba un poco mareada, como si hubiera girado rápid
"A veces creo que todo es un sueño, pero luego me acuerdo de que tuve su sangre en mis manos y vuelvo a la realidad"Levanté mi cara de mis rodillas, mi mente aún envuelta en un torbellino de dolor y desesperación. Ya habían pasado horas desde que entré allí, y cada palabra escrita, cada foto de lo que habíamos sido, me desgarraba más y más. Cada una de esas imágenes y palabras que hablaban de lo que compartimos juntos, me destrozaba el alma, porque sabía que jamás volvería a ver esos ojos celestes tan hermosos que me enamoraron en su momento.¿Alguna vez les ha pasado que ves a alguien y sientes que lo conoces desde siempre, desde eternidades atrás, aunque es la primera vez que lo ves? Eso fue lo que me pasó con ella cuando llegué a la universidad. Desde ese primer instante, sentí que algo más profundo nos conectaba, algo inexplicable. Por eso mi insistencia, por eso mi deseo tan vehemente de acercarme a ella, de hablarle. No era solo curiosidad, era algo mucho más fuerte, algo que n
Mientras Adeus Shalow entrenaba con Bechet Monrroe, con el peso de la tristeza aplastándole el pecho, en otro rincón del universo...En lo más profundo del séptimo infierno, el origen de la tristeza que atormentaba a ambos hombres en la tierra humana comenzaba a despertar.—Maldita mierda… —murmuró, apretándose la cabeza entre las manos, como si intentara resistir la oleada de sensaciones que lo inundaban. Su aspecto era completamente diferente al de un simple mortal, su verdadera forma revelándose en ese lugar infernal.Su cabello, negro como la brea con destellos dorados que parecían brillar como rayos de sol, fluían hasta sus nalgas con un brillo sobrenatural, mientras que sus ojos, una mezcla de rojo intenso y un azul profundo, reflejaban una intensidad que quemaba como fuego. Su piel, translúcida y pálida, estaba marcada por líneas negras que se ramificaban desde sus manos y rostro, formando trazos intrincados, delicados, como una obra de arte. Las alas que emergían de su espalda
"Todo lo que quiero en esta vida es que este dolor tenga un propósito" Han pasado tres años y medio desde que la perdí, y aunque el tiempo ha hecho que la herida se calme un poco, aún sigo con la esperanza de que en cualquier momento aparecerá, diciéndome lo estúpido que soy por esperarla. Una parte de mí aún no cree que se haya ido para siempre, como si fuera posible que, en cualquier momento, la vea aparecer por la puerta con esa sonrisa que tanto amaba, reprochándome por estar tan estancado en el dolor, como si no hubiera aprendido nada de todo lo que pasó.Camino junto a Bechet y mi hermano hacia la mansión. El suelo bajo mis pies, los mismos pasillos, la misma fachada de siempre… pero algo en todo esto me hace sentir más vacío cada vez. Ya no es como antes, cuando el lugar estaba lleno de su energía, cuando su presencia lo hacía todo soportable. Ahora, las paredes parecen más frías, más distantes, como si todo lo que alguna vez tuvo vida aquí ahora estuviera consumido por el eco