Desde el principio sabía que dirigir una empresa no era fácil, pero no podía evitar dudar si alguien había acabado echándole un mal de ojo; tantos problemas seguidos no podían ser normal. Lo que más le causaba impotencia de la situación actual en Tacarigua era que por más que hubiese hecho perfectamente su trabajo, esto había sido algo que no pudo controlar ni remediar. Jorge estaba a su lado comparando ambas copias de los planos, la primera de ellas y supuestamente la original, había sido claramente trabajo de ambos, no de otra empresa. Había pasado toda la mañana y parte de la tarde en reuniones con los organizadores del pequeño concurso, explicándoles hasta la saciedad que ambos bocetos son propiedad de Tacarigua y ellos habían sido a los que les habían plagiado, no al revés. Por supuesto que no les creyeron. El tiempo jugaba contra ellos, el robo de sus planos había sido presentado en el periodo en que Cristina realizaba las últimas modificaciones como si fuese obra propia
Lamentaba el día que dijo que cuanto más denunciasen a Tacarigua, mejor para ella, más diversión y ver caras fastidiadas por tener que postrarse a los pies de la mejor abogada del país. Ese regocijo no valía la pena comparada con todo el trabajo que tenía encima, había perdido la cuenta de las horas que había pasado en su despacho y eso, siendo Sharon, era bastante raro; nunca estaba más de una hora y media seguida. Ahora podría llevar cinco horas tranquilamente. -Me cago en mi padre y en el día en que pensé que ser abogada era divertido - maldijo mirando al techo con agonía. - No, qué coño, ser abogada es caliente, todos piensan que soy caliente. Solo le quedaba animarse ella misma, nadie iba a hacerlo si no. Su perpetua condena mental estaba motivada por el intento fallido de noche esporádica con una de las chicas a las que siempre recurría para liberar tensión. No se había quedado a mitad, claro que no, porque ni siquiera pudo empezar. Su experimento resultó ser todo un
-No despiertes lo que no sabes controlar, doña perfecta - advirtió viéndola apoyada en su escritorio sin quitarle tampoco la mirada de encima. -Tengo curiosidad de cuántas habrán pasado por aquí - comentó ignorando su advertencia. -Muchas - respondió sin filtro. - ¿Puedes ser la mejor? - retó. Le encantaba ese brillo peligroso en la mirada de Nore, mirándola desafiante y con hambre al igual que Sharon. Siguió desde su posición las manos de Nore desabrochándose lentamente la camiseta, solo para sacar de quicio a Sharon y realmente lo estaba consiguiendo; la imagen de la chica que ponía todo su mundo de cabeza con la camisa medio abierta esperando por ella era lo más excitante que habían visto sus ojos. La poderosa empresaria era toda una provocadora y la ojiazul amaba eso de ella. -Puedo demostrártelo. La ausencia de la sonrisa de Cristina al dar los buenos días al llegar dejaba claro que su enfado no había disminuido ni un poco. Tampoco miró hacia la mesa de Juan,
-Un estilo clásico y barroco que ya no vende, un estudio con unas deudas catastróficas que no avanza porque su líder es incapaz de reinventarse y vive anclado en la arquitectura antigua - habló su jefa sin apartar su mirada furiosa. - Hace veinticinco años comenzó su declive con la aparición de mi madre. Sus clientes le fueron abandonando, maravillados con los diseños de mi madre y usted, el gran arquitecto de la época cayó en el olvido. ¿Es alguna clase de venganza? Por primera vez desde que llegó pudo ver cómo el rostro del viejo hombre quitó su sonrisa prepotente y segura cambiándola a una furiosa. Juan solo quería irse, ni el morbo de enterarse de la conversación era suficiente ante la incomodidad y tensión a la que estaba sometido, parecía que nadaba entre dos tiburones blancos luchando por el liderazgo. El ojiverde sería como una perdida sardina a su lado, demasiado pequeña como para que reparasen en su presencia, pero estaba ahí. -No voy a negar de que enterarme que Tac
-Esperaré, no tengo prisa. -Se pelean por mí - vio a Ricardo codear a Miranda. - Aprende o me perderás como tu amante. -Llévatelo y no hace falta que me lo devuelvas - le dijo la morena a la CEO de Trivio. -A mí también me puedes secuestrar - se incluyó Sharon. -A ti no me interesa secuestrarte. -Golpe bajo - hizo una mueca exagerada Juan. - No te vas a recuperar nunca de este duro golpe, Sharon. Ahora comprendía por qué Cristina necesitaba a Ricardo para ver las grabaciones, el moreno había adelantado, atrasado, acelerado, ampliado y repetido algunas secuencias muchas veces, haciendo caso a las exigencias de su jefa y a cualquier comentario del resto si veía algo extraño. -¿Pero cuántas veces tomas tú café al día? - preguntó Jorge viendo las imágenes de la sala común donde de nuevo volvía a aparecer Ricardo acosando a la máquina de café. -Si me arruino será por su adición - comentó Cristina. - Adelanta un poco, hay como veinte secuencias tuyas iguales.
No se sentía mal porque Sharon hubiese tenido razón, sino fuertemente traicionado al ver cómo a sus espaldas el que consideraba su amigo le sacaba con el móvil una foto rápida a los planos aún sobre la bandeja de la impresora. -Caso resuelto - habló Cristina con voz baja apretando el hombro de Ricardo. - Haz una copia de esa cinta, por favor. Luego ya puedes irte con Nore. No le devolvió la mirada a Jorge, ni siquiera le miró al levantarse, solo salió de su despacho con Juan a su lado en completo silencio. -Yo... yo no... - tartamudeó. -Déjala un rato, Jorge - ordenó Sharon. - No vayas con ella ahora, vente con nosotros a la obra y ya. -No te he invitado, Sharon - inquirió Nore. -Deja ya de fingir que no te mueres por mis huesos, ya se ha visto - rodó los ojos ignorando el gesto furioso de la pelinegra. - Ricardo, hazme dos copias, una de lo de Dylan y... el otro momento. -¡Sharon Lopez! En otras circunstancias incluso se reiría, ahora solo podía sentir
-Vale, es guapa pero que sepas que yo follo mejor - espetó viendo una pequeña sonrisa entretenida en la cara de Nore, - aunque no tenga ni puta idea de cómo lo hace esa. Su patético espectáculo fue la gota que colmó el vaso para saber que hoy haga lo que haga iba a empeorar aún más su estado. Ni siquiera se despidió de Nore, avanzó de nuevo por el frío pasillo decidida esta vez a ir a casa de su mejor amiga, la única que no parecía recibirle con nuevos problemas a la cara. Reconoció el fuerte agarre de Nore en su muñeca por la forma en la que su cuerpo siempre reaccionaba a ella, erizándose y tensándose como si caminase sobre un precipicio. No vio en su cara la mínima sonrisa que portaba antes, solo su negruzca mirada seria y decidida a enterrar a Sharon a diez metros bajo tierra. -No te debo ninguna explicación - sentenció y Sharon asintió de mala gana, - pero es mi hermana, engendro gótico. Por si te interesa. Pasaba de contar cuántas veces había hecho el ridículo h
-Como me esté destrozando la habitación la mato - masculló Nore separándose cuando escuchó un golpe proveniente del interior del pasillo y una corta disculpa de su hermana. -¿Por qué está aquí? - preguntó tratando de captar su atención y que no fuese a vigilar si su hermana estaba rompiéndole la casa. - Digo ¿de vacaciones o algo? O permanente. -Vacaciones. Vino a pasar la Navidad aquí, algo así, se irá una semana antes por trabajo - explicó de forma rápida y Sharon se ahorró el comentario de la obsesión de las Laurent por el trabajo. - La celebramos antes, es una tradición que tenemos. -¿De qué trabaja? Sinceramente no le importaba una mierda, pero quería seguir hablando con Nore de cualquier cosa. -Monitora de campamentos. -Guay, aguantar a gente que no conoces y verles hacer actitudes ridículas - no disimuló la mueca de desagrado. - ¿Y dónde pasas la Navidad? La real, digo. -Aquí, no me gusta salir. - Es una respuesta que se esperaba de ella. - Con Aurum