Capítulo 18: Una despedida inesperada

La tarde estaba tranquila, con el sonido suave del viento moviendo las hojas de los árboles y el canto lejano de algunos pájaros que sobrevolaban la finca. El sol descendía lentamente, tiñendo de dorado el jardín, y una brisa ligera traía consigo el aroma fresco de las buganvilias que florecían junto al muro.

Camila estaba sentada en el jardín, bordando con calma sobre una tela clara, con las piernas cruzadas sobre una manta. Desde que descubrió que aquello la ayudaba a relajarse, se había convertido en una de sus pequeñas rutinas.

El vaivén de la aguja sobre el bastidor, el crujir del hilo al tensarse y el simple acto de crear algo con sus manos la reconectaban con una parte de sí misma que, por momentos, parecía diluirse entre las incertidumbres de su embarazo y la tensión silenciosa que a veces flotaba en el ambiente de la casa.

Leonardo la o

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